VISIONES
Olga y Juan eran una pareja de lo más normal.Frecuentes discusiones, seguidas de vez en cuando de fogosas reconciliaciones. Habitual monotonía. Algunas escapadas nocturnas de Juan con los amigos, aceptadas por Olga con reserva. Esperas que terminan con el libro desparramado sobre los grandes y bizcos pechos de Olga, que no estaba tan tranquila como decía cada vez que Juan volaba por las noches.
En otras épocas ella era la que lo hacía. Ahora sólo espera y lee. Juan medio mareado habitualmente recoge el libro, y lo coloca en la mesilla a la vez que apaga la luz, para que Olga se duerma del todo y deje de dar vueltas en la cama.
Antes volaban juntos. A miles de sitios. Ella tenía una cafetería y se declaraba una psicóloga de la calle. No era guapa, pero era tremendamente atractiva, llena de carne turgente y sensualidad que meneaba con desparpajo por dentro de la barra. Una valquiria de la cerveza y las copas. Él era un plumillas inquieto, delgado e idealista.
Luego ella cerró el negocio y aún volaron más. Luego él dejó de lado muchas ansias y sentó la cabeza, llegando alto o bajo, según desde dónde se mire.Con el tiempo, sólo volaban los de alrededor. Era una de las muchas desventajas de vivir cerca del aeropuerto.
Luego ella cerró el negocio y aún volaron más. Luego él dejó de lado muchas ansias y sentó la cabeza, llegando alto o bajo, según desde dónde se mire.Con el tiempo, sólo volaban los de alrededor. Era una de las muchas desventajas de vivir cerca del aeropuerto.
Era todo normal. Todo lo normal que puede ser después de casi veinte años juntos.Todo menos las visiones de ella. Según Olga. Para él en algo tenía que entretener su mente inquieta. Inquieta en tiempos. Ahora prácticamente dormida.
Por las mañanas tenía una visión con la persona que sería su próximo cometido. Estaba segura que a esa persona le había pasado “algo”. Gente en la que no tendría por qué pensar bajo ningún concepto. Ni les apreciaba, ni les odiaba, ni les veía desde hacía siglos y mucho menos meditaba sobre lo que podría acaecer en sus vidas.
Luego comenzaba el periplo de la búsqueda. Algunos fáciles de localizar, otros no tanto. Cuando lo conseguía que era casi siempre, se cumplían sus visiones. A veces se habían casado, otras se había muerto su abuela, otras tenían un hijo, otras se habían divorciado, cambiado de trabajo, aumentado el sueldo…
Era una vidente. Para Juan era una plasta. Indagaba y les preguntaba tanto, que finalmente era imposible no encontrar algo diferente en sus corrientes existencias. Ella le aseguraba que no era algo tan simple. Les veía claramente, como si los tuviera delante de las narices, mientras permanecía sentada en la cama medio dormida con los ojos legañosos y los pechos ya caídos mirando hacia el colchón de látex. Luego se cansó de explicárselo. Como se cansa uno de tantas historias.
Él insistió para que volviera a trabajar. Como tantas veces, como tantos años. Ella le miró como quien mira a un extraño. ¿Te parece que trabajo poco? La verdad era que su casa estaba impoluta. Y sus pesquisas los últimos meses la habían motorizado hasta límites insospechados. Llamadas por teléfono, cadenas de e-mails, encuentros con gente en cafeterías, bares, puertas de cines…
Era como un Poirot barato y venido a menos.
Una mañana algo cambió. Ya nada era normal. La casa estaba sucia, el polvo se sentaba por todas partes. Olga estaba decaída. Al parecer no había búsquedas, ni pesquisas que realizar. En realidad no hacía, ni decía nada. Había un silencio y tranquilidad que ponía a Juan los pelos como escarpias cuando recorría el pasillo de la casa.
Le preguntó muchos días después, quizá semanas qué le pasaba y ella le dijo:
− He tenido una visión.
− ¿Y?
− Era contigo.
− ¿Y?
− ¿No lo entiendes? ¿Es que no te das cuenta de lo qué significa?
− Pues no – dijo él, sin mostrar demasiado entusiasmo.
− Sólo tengo mis visiones con todos los que no tienen nada que ver con mi vida. En los que no pienso, a los que no veo, los que no me importan. − dijo ella, cogiendo su incomoda y gigante maleta azul, que siempre daba tumbos en esos aeropuertos y andenes de estaciones por los que hacía años que ya no caminaba.











21 Comments:
Un final perturbador, algo así como Casandra.
Un abrazo
PD: por cierto, muy bien en la radio el otro día...
Pobre Juan, aunque no sé yo si le vendrá bien andar con mujeres que ven visiones...
Un saludo y enhorabuena por el libro.
Ayer escuche una noticia que tenía que ver con los sueños y las visiones: Recientemente desalojaron un Hotel flotante cerca de una plataforma petrolífera en Inglaterra mediante 12 helicopteros de la armada inglesa porque una joven soño que habían puesto una bomba en la plataforma y el hotel donde estaban iba a volar por los aires. Ya ves, todavía hay quien cree en los sueños y las premoniciones.
Pd: Por cierto, fue todo una falsa alarma.
Como la vida mihma... "que toda la vida es sueño y los sueños sueños son...".
Una historia que inquieta desde el trasfondo irreal de su espjo real, sí señora.
Un beso
Luisa
Un bello relato, mi querida Mónica... Así es la vida y así es la convivencia... Es lamentable, pero irremediablemente, la pasión se enfría hasta esfumarse... ¿siempre? Un beso, amiga,
V.
La insoportable levedad del ser tiende a acabar de un modo concreto y unas veces se oficializa y otras queda en modo latente.
Alfredo, gracias, por las letras y por escucharme. Me alegro, esta vez fui yo la que me escondí detrás de un micrófono es mucho más cómodo.
Besos
Drecik, en general a los hombres les va muy mal andar detrás de las mujeres.
Muchas gracias amigo estudiante.
Un abrazo
Orris, es que si nadie creyera en los sueños sería sería de lo más triste y sobre todo aburrido. Y sobre todo en los lúcidos, los que sueñas y eres consciente de ellos. A mí esos me encantan. Son brutales.
Tu nombre, ya sé de qué me suena. Esos profesores universitarios que se equivocan en las listas... ¿No?
Un saludo
Luisa, gracias. Aunque tendré que cambiar de registro, ultimamente me estoy volviendo muy obsesiva con los sueños, premoniciones y visiones varias...
Besos guapa
El poeta, no, no siempre. Yo me siento la abanderada de las románticas y no lo creo, me resisto a creer que termina por congelarse. Eso sí hay que inventar e inventarse infinidad de veces para que no pase.
Un beso
Vicente, me encantó tu frase. Entre otras cosas, porque ese libro marcó un antes y un después en mi perspectiva del amor, las parejas y sus circunstancias.
Un saludo
A pesar de un par de cosas que me han chirriado pero que seguramente solucionaras con un par de vistazos, me ha encantado, Mónica. Me gustan mucho las historias de personas y Olga me ha gustado. Si es que da para una novela y todo ;)
Redondo, redondo el final se me vanía venir. Justo, y en proporción. Mi primer mandamiento es: no te canses de contar historias. El segundo: no me gusta estar a salvo.
Un abrazo,
andrés
Y viceversa, querida Mónica, y viceversa...
Un saludo
Me han entrado unas enormes ganas de escuchar a Tom Waits apenas Olga ha tomado las maletas. Y en ello estoy... pero yo la he mandado a las estaciones. Está vagando por la de Bruselas ahor...
Gracias, Mónica, por fin nos regala usted su pluma. Gracias.
Me he permitido enlazarte desde mi blog.
Un saludo,
Fernando es que no se puede escribir con un word configurado en inglés, eso me pasa por ir de fashion...
Un abrazo
Malvisto, compañero de batallas, me alegro de que te guste. Te escribo.
Besos
Drecik, cierto y viceversa...
Besos
Gracias a ti Joseba, llevaba mucho tiempo sin escribir tan apenas y no veas cómo lo echaba de menos, aunque sean unas simples letras mal puestas.
Un abrazo
Luis, tienes todos los permisos del mundo, pero eso ya lo sabes.
Un abrazo
Hay quien llama a eso intuición. Tus historias siempre utilizan el elemento fantástico para explicar una situación cotidiana, y es algo que me gusta y me interesa mucho.
Un abrazo.
Qué buena historia.
Mónica, muchas gracias por tus palabras en el blog. Me han reconfortado y mucho.
Me quedo un rato en tu blog leyendo cosas y disfrutando.
Besos,
M
Publicar un comentario en la entrada
<< Home