SOMOS HONRADOS...
Recuerdo en los 80 cuando M. Summers nos sorprendió con su: “To er mundo é güeno”. Una especie de película que a través de cámaras ocultas ponía al ciudadano de a pié, con sus macarras pantalones de pana y las camisas de cuadros y cuellos hasta el suelo, en situaciones de lo más kafkianas. Diferentes bromas callejeras repletas de ese humor negro e ironía que a él tanto le gustaba. Unas peores y otras mejores, pero todos nos reímos en su peculiar demostración de que en el fondo todos somos buenos.No sé si hoy en día sería lo mismo. No sólo porque estamos saturados de cámaras ocultas. Si no porque estamos a vuelta de todo. Demasiado. Hasta de ser honrados, o buenos, que según el catecismo creo que viene a ser lo mismo. Sin querer entrar en demagogias baratas les contaré lo que me ocurrió esta semana.
Todo comenzó cuando compré los periódicos en el quiosco.
Le pagué con un billete de 5 euros y como vuelta recibí un millar de monedas. No me cuadró y con la palma de la mano abierta enseñando todo el pelotón de metal le dije:
− Creo que me ha devuelto usted de más, le he dado 5 euros.
Miró mi mano, se rascó la cabeza y después se rascó la cabeza una vez más.
− ¿Estás segura?
Me lo puso tan fácil que cerré la mano, y retrocedí como el que va a coger impulso.
− Sí − contesté al final sin entusiasmo.
− Pensaba que me habías dado 20 euros − dijo él cogiendo todo lo que está en mi mano y soltando un “graxssias”… Más o menos sonó así.
Pertrechada con mis periódicos, y sin los 15 euros de más, fui a un comercio cercano a comprar medias. Cogí dos pares negros. La chica de la tienda reponía género. Era como si yo no existiera. Aunque no me importó, no me gusta hablar en las tiendas.
Al llegar a casa y abrir la bolsa veo que no están mis medias negras, pero en su lugar hay un maravilloso pack de tres pares de medias. Miro el ticket. He pagado sólo dos, pero vuelvo a mirar y hay tres. Luego miro la talla, no es la mía y el color. El color… Color carne de 50 deniers, lo que viene a ser equivalente a las medias del ama de llaves del Jovencito Frankenstein.
Al día siguiente, vuelta a la tienda. Hay otra chica. Ésta al menos sonríe.
Le entrego el ticket y el pack de tres pares de medias sin abrir.
− Es que yo ayer compré dos pares y al llegar a casa he visto que había tres.
En esta ocasión no se rasca nada, pero me mira. Hacía mucho tiempo que nadie me miraba así. Como se suele mirar a un gilipollas.
Farfulla algo. Me da las gracias. Sigue farfullando frases medio incoherentes, mientras yo como poseída, abro la boca para entablar conversación, como si tuviera que expiar mi conducta de alguna manera. Le comento que puede que la dependienta metiera el pack de 3 por error en mi bolsa. Ella asiente y me dice que es probable, porque son medias que ni siquiera están marcadas. Me regala otro “gracsssias” cuando me voy.
− Creo que me ha devuelto usted de más, le he dado 5 euros.
Miró mi mano, se rascó la cabeza y después se rascó la cabeza una vez más.
− ¿Estás segura?
Me lo puso tan fácil que cerré la mano, y retrocedí como el que va a coger impulso.
− Sí − contesté al final sin entusiasmo.
− Pensaba que me habías dado 20 euros − dijo él cogiendo todo lo que está en mi mano y soltando un “graxssias”… Más o menos sonó así.
Pertrechada con mis periódicos, y sin los 15 euros de más, fui a un comercio cercano a comprar medias. Cogí dos pares negros. La chica de la tienda reponía género. Era como si yo no existiera. Aunque no me importó, no me gusta hablar en las tiendas.
Al llegar a casa y abrir la bolsa veo que no están mis medias negras, pero en su lugar hay un maravilloso pack de tres pares de medias. Miro el ticket. He pagado sólo dos, pero vuelvo a mirar y hay tres. Luego miro la talla, no es la mía y el color. El color… Color carne de 50 deniers, lo que viene a ser equivalente a las medias del ama de llaves del Jovencito Frankenstein.
Al día siguiente, vuelta a la tienda. Hay otra chica. Ésta al menos sonríe.
Le entrego el ticket y el pack de tres pares de medias sin abrir.
− Es que yo ayer compré dos pares y al llegar a casa he visto que había tres.
En esta ocasión no se rasca nada, pero me mira. Hacía mucho tiempo que nadie me miraba así. Como se suele mirar a un gilipollas.
Farfulla algo. Me da las gracias. Sigue farfullando frases medio incoherentes, mientras yo como poseída, abro la boca para entablar conversación, como si tuviera que expiar mi conducta de alguna manera. Le comento que puede que la dependienta metiera el pack de 3 por error en mi bolsa. Ella asiente y me dice que es probable, porque son medias que ni siquiera están marcadas. Me regala otro “gracsssias” cuando me voy.
En el supermercado. Una importante cadena. En la caja, después de escuchar incontables pitidos de mis artículos me indica el total: 4,21 euros.
Madre mía, con todo el embutido, la fruta, los dulces… Inicialmente el Ser que hay en mí se calla. Abre el monedero y paga. Luego mientras meto todo lentamente sin hacer ruido en las bolsas, con el temblor del ladrón, consciente de mi fechoría, la miro. Es una cría, imagino la bronca del jefe cuando la caja no cuadre, el descuento de todos mis artículos de su nómina…
− Mira, creo que me has cobrado de menos. No pueden ser sólo 4 euros con todo lo que he comprado.
La misma mirada. El mismo “grassias”.
− No vaya a ser que luego te descuadre la caja – le digo sonriente esperando que eso sí sirva para hacerle comprender mi estúpida actitud.
− No, si a mí por eso no me pasa nada. Pero “grassias señora”.
En la puerta al salir, me pregunto si todo lo he hecho porque el quiosquero puede que me conozca de vista. Porque las medias que me podía llevar por el morro eran de un color horrible. No eran mi talla, ni la de todas las amigas y familiares que mentalmente reconté incluida mi tía de 91 años. Y sobre todo para no pitar a la salida de súper, con todo el mogollón de productos alimenticios sin pagar. Ser cacheada, desnudada, y posteriormente fichada y detenida. Ya que al abrirme el bolso encontrarían el maldito pack de tres medias “robadas” en otro comercio.
O porque realmente soy honrada, por muy difícil que se lo pongan a una hoy en día.
Madre mía, con todo el embutido, la fruta, los dulces… Inicialmente el Ser que hay en mí se calla. Abre el monedero y paga. Luego mientras meto todo lentamente sin hacer ruido en las bolsas, con el temblor del ladrón, consciente de mi fechoría, la miro. Es una cría, imagino la bronca del jefe cuando la caja no cuadre, el descuento de todos mis artículos de su nómina…
− Mira, creo que me has cobrado de menos. No pueden ser sólo 4 euros con todo lo que he comprado.
La misma mirada. El mismo “grassias”.
− No vaya a ser que luego te descuadre la caja – le digo sonriente esperando que eso sí sirva para hacerle comprender mi estúpida actitud.
− No, si a mí por eso no me pasa nada. Pero “grassias señora”.
En la puerta al salir, me pregunto si todo lo he hecho porque el quiosquero puede que me conozca de vista. Porque las medias que me podía llevar por el morro eran de un color horrible. No eran mi talla, ni la de todas las amigas y familiares que mentalmente reconté incluida mi tía de 91 años. Y sobre todo para no pitar a la salida de súper, con todo el mogollón de productos alimenticios sin pagar. Ser cacheada, desnudada, y posteriormente fichada y detenida. Ya que al abrirme el bolso encontrarían el maldito pack de tres medias “robadas” en otro comercio.
O porque realmente soy honrada, por muy difícil que se lo pongan a una hoy en día.











10 Comments:
Yo suelo dar una de cal y otra de arena. En un bar al que vamos mucho (pequeñito, coqueto, camareros amables y buena cerveza) se les olvidó un día cobrarnos una de las tres consumiciones que nos habíamos tomado; cuando nos dimos cuenta, volvimos y la abonamos (misma mirada y mismo gacias incómodo que tú describes). Nos daba vergüenza volver al bar sabiendo que nos habíamos escaqueado y nos caían muy bien los dueños.
Pero en otro bar (muy de moda, siempre lleno de gente y de humo y de camareros muy monos pero muy maleducados) nos dieron en las vueltas cinco euros más que lo que habíamos pagado... y nos fuimos sin rechistar. Para la hucha de donde ha de salir el sonotone dentro de unos años.
A mi encantan los momenderos, pero no tengo ninguno: ¿me puedes explicar? En cuanto a lo difícil de ser honrado, creo yo que simplemente es así cómo entendemos las cosas. Claro que existe una clase de masoquismo en seguir haciéndolo cuando a nosotros no nos lo hacen. Pero al menos si no hay moedas, metemos botones. Yo con eso me conformo.
besos..
Yo robé sin casi sin darme cuenta una botella de Glenrothes (algo más de 35€) la pasada Nochevieja en Alcampo, en las cajas autoservicio.
Primero fui a pagar otra botella de Jack Daniel´s y la caja se bloqueó porque había que avisar a la cajera. Después se volvió a bloquear por el peso de varios packs de Duff. Así qué le di directamente a la cajera la botella de Glenrothes para que le quitase el antirrobo del cuello de la botella. Me la devolvió y la metí en una bolsa, pero sin pasarla por caja. Entonces fue cuando me di cuenta de que no la había pagado. La cajera me dio el recibo para firmarlo y yo salí sabiendo que me llevaba la botella sin pagarla.
De todas formas, y sin que sirva de escusa, yo soy muy despistado, y aún así me he dado muchas veces cuenta de que cobran de más en muchos productos, céntimos, pero de más. Hoy mismo, sin ir más lejos, he pagado dos cestitas de fresas a 0,99 cada una, cuando en la frutería marcaban 0,89. Me he dado cuenta, pero no tenía ganas de esperar a que fuesen a verificar el precio y tener que esperar allí.
Saludos
El viejo refranero tiene la respuesta: quien roba a un ladrón... La honradez, la honestidad, están en peligro de extinción, por eso cuando hay una plasmación de ello, la gente termina flipando. Pero, ¿y si pudiéramos chorizarle algo al Banco de Santander? ¿alguien tendría remordimientos, crisis de conciencia? La honradez, la honestidad se diluyen cuando el objeto del error se lo gana a pulso. Por lo menos, a mí me pasa.
Un abrazo
ay, la honradez... la mía es que depende de cómo me levante ese día. Supongo que todas vuestras buenas acciones acaban contrarrestadas por las mías, aśi que os suelto el mismo "gracxiaaaasss" incómodo.
Por si las moscas.
Mónica tienes un sobre atorado, o que está debajo del tapete del bienvenido de tu puerta. Feliz día, me gusta mucho este día 8 de marzo.
besos, y un gran abrazo.
No sé por qué, pero cuando uno actúa con honradez, siempre termina pensando que está haciendo el tonto, que los demás no lo harían, que a nosotros nos estafan continuamente... A lo mejor resulta que "to er mundo e güeno" de verdad.
¿Te imaginas?
Un abrazo.
Resumiendo, que el que más o el que menos todos robamos de vez en cuando. Que conste que estos hechos son reales, pero una también ha sido mala algunas veces...
Un abrazo
Cuando se estrenó esa película yo tenía doce años y pasaba el tiempo al salir del colegio ayudando a despachar en el kiosco de mis padres a muchos clientes incluidos algunos del reparto de esa película. Tuve la ocasión de presenciar en directo bromas como las de la película en ese pequeño kiosco, con mi padre y esos divertidos actores, había algunas veces en que dudaba si era una broma o no, de tan bién que lo hacían. Tengo grabadas esas imágenes en mi cabeza, fueron tiempos felices para mí, tenía para mi sólo un montón de revistas, libros, diarios, cómics y todo tipo de artículos interesantes, Aprendía más con la colección de asterix y obelix que en un año de escuela.
También me sirvió para conocer a muchos de los amigos que hoy tengo y tengo que decir que siempre me fijé en esos clientes, como tú, que paraban sus vidas un momento para comprar tabaco, algún diario, una revista o cualquier cosa, conocía las vidas de quienes pasaron por allí y aún ahora, que trabajo en un diario que vendía en ese puesto, los sigo viendo de vez en cuando y los saludo.
La mejor honradez, pienso que es la que se tiene con uno mismo a pesar de los tiempos que corren.
Un Placer leerte, mucha suerte y un saludo de un navegante sin rumbo.
Pepe, bienvenido, me alegro de que la casualidad te haya acercado por aquí y nos hayas contado tan interesantes y bonitas anécdotas.
Fue una película entrañable. Ahora no sé qué saldría si hicieran algo parecido. Somos más malos, estoy segura.
Me alegro entonces de ser honrada, o una prima, o cómo quieran llamarlo, si puede que detrás quede un niño que se fije que no se le llevan por la cara el dinero en el quiosco de su padre.
Un saludo
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