viernes, mayo 30, 2008

ATRAPADOS

Llegaron de noche. Por la mañana pudieron comprobar que el lugar era aún más árido y seco de lo que les había parecido sin luces y entre sombras. La tierra estaba sedienta, tanto que las grietas que suplicaban por conseguir agua tenían una sonrisa desdibujada como la máscara triste de un teatro sin actores.
Todas las casas eran del mismo color, un tono entre tierra sucia y barro seco, con una altura idéntica entre ellas, que sólo variaba dependiendo de la zona en la que estuvieran ubicadas. Dos pisos, tres pisos, cuatro pisos máximo. Se instalaron en la zona media, ni arriba ni abajo.
Pronto descubrieron que para sobrevivir deberían trabajar en la fábrica. Una gran nave color agua estancada, donde unos forjaban un hierro siempre del mismo tamaño y largura, como un puro sin humo, y otros se dedicaban a envolverlo en un plástico resistente. Nadie sabía bien qué era, ni para qué servía, pero a fin de mes todos recibían su mísera nómina, por lo que no había tampoco ninguna razón para hacer preguntas.
Él estaba en el grupo de los que embolsaban el hierro. Ella desde la otra esquina de la fábrica les daba forma.
Un tiempo después al volver a su casa de tres pisos extenuados por la dura jornada se dieron cuenta que estaban perdidos. Atrapados en un ir y venir de gente que siempre pululaba por las calles. Un continuo peregrinar, no sabían a dónde, de todas esas personas con un ligero tono polvoriento y desértico en las caras, en sus figuras. Caminaban de un lugar a otro como si fuera el lugar más feliz del mundo y hubiera que estar constantemente celebrándolo.
Él descubrió, como se descubren los pequeños e importantes misterios, que no podrían marcharse de allí. Había un abismo insondable por lo inexistente del mismo, una enorme muralla. Un vacio tan profundo, tan gris tierra, tan desesperanzador que era imposible tener el coraje de lanzarse a él. Y se hundió en su propia tristeza. Se metió en una de las bolsas de plástico que utilizaba cada segundo para cubrir las piezas de hierro que miles de manos incluidas las de ella modelaban y se precintó, sin aire, sin ruido, sin gente, sin nada que no fuera él mismo y su propia condena.
Ella en cambio comenzó a modelar el hierro fundido cada día un poco más ancho o más estrecho. Eran cambios imperceptibles para los ojos y manos de los demás, que le hacían sentirse algo más liberada. Hasta el día que hizo un hierro con forma de clave de sol. Nadie se dio cuenta.
Por la noche en la casa de tres pisos se lo contaba a él entre excitada y divertida. Él sin salir de su envase ni siquiera sonreía. Ella sabía que no era cierto que esa muralla invisible les impidiera escapar, pero por más claves de sol, pájaros, letras y flores que le llevara cada noche, él sólo las miraba y las dejaba sobre la cómoda de madera, acumulando sin querer una extraña colección de objetos inservibles como las horas en ese absurdo lugar.
No podía permitirlo y decidió transformarse en uno de esos súper héroes que a él tanto le gustaban en otros tiempos. Le tocó en gracia ser una especie de “Wonder Woman”, por lo que sus pechos crecieron y se encorsetaron de golpe, le aumentaron las caderas y transformada en una absurda caricatura de sí misma se embarcó en la aventura de salvarlo, a él, su amante eterno. Convirtió fuentes de barro en mares con playas ante sus ojos, ruinosos jardines en praderas amplias, inventó calles, casas, vidas y gente de colores que no fueran en tono tierra sólo para él. Pero nada sirvió para mitigar su tormento.
Una mañana en la fábrica lo supo. Por la noche cansada por la dura jornada, le abrazó como a un niño y le dijo:
- Toma, no sé cómo no se me ocurrió antes, la he hecho para ti.
Él por primera vez en mucho tiempo la miró y se miró las manos. Entre ellas tenía una gran llave de hierro forjada.
- No lo entiendo – dijo él
- Es la llave de un palacio. Un palacio para ti y para mí. Aquí y fuera de aquí. ¿Recuerdas cuando leíamos libros?
Él hizo un gesto extraño, como el que tiene que hacer un gran esfuerzo para dejar paso a la memoria.
- Esta llave abre ese palacio, no tiene ni dos, ni tres, ni cuatro, sino muchos más pisos, tantos como la casa de los Darling, es para ti y desde ella y con esta llave nos iremos dónde queramos…
'Eso es lo que llamamos la casa de los Darling, pero podéis ponerla donde os venga en gana y, si creéis que se trata de vuestra casa, a lo mejor hasta tenéis razón. Va errando por Londres en busca de cualquiera que la necesite, como la casa en el País de Nunca Jamás'

J. M. Barrie (Peter Pan)

15 Comments:

At 30 mayo, 2008 21:01, Blogger Víctor González said...

De una belleza ejemplar la invitación a la introspección. Te felicito. Me has ganado incondicionalmente.
Besos

 
At 31 mayo, 2008 02:09, Blogger Pat Rizia said...

Yo quiero una llave de esas, también, ahora que corren malos tiempos para buscar casa, igual lo que tenemos que hacer es ir al rastro de la Plaza de Toros y comprar un llavín oxidado de esos que vete a saber tú de dónde han salido, y pasar el domingo probando cerraduras. Gracias por tus relatos, y por todas las llaves que nos das a los que nos asomamos a tu mirilla. Patro.

 
At 31 mayo, 2008 15:09, OpenID malvisto said...

¿Sabes?, esta reseña me gustó mucho más, me gusta esa clase de continuidad con gente que se admira, con gente ya ganada. Felicidades.

Y el relato.. . hay puertas que no tienen llaves porque no se necesitan, pero el hecho de pensar dónde se mete la llave es lo que nos pierde de abrirlas, de echarlas abajo también.
beso,

 
At 31 mayo, 2008 16:40, Blogger Miguel Sanfeliu said...

Tus relatos, mezcla de sueño y cruda realidad, siempre me han gustado. Y este no es una excepción. Enhorabuena.

 
At 31 mayo, 2008 20:09, Blogger Luis Vea García said...

Aunque sé que te será difícil venir te dejo aquí la invitación:El próximo 4 de junio a las 19,30 horas en el Centro Cultural Can Fabra, c/Segre 24-32 (Sant Andreu, Barcelona) tendré el honor de presentar en sociedad el libro Cotidianos, un libro de relatos. Para ello contaré con la ayuda del escritor Jorge Larena, autor de la exitosa novela Sombras de otoño.

Espero verte.
Saludos.

Luis

 
At 01 junio, 2008 20:56, Blogger el color del cristal said...

La llave de la puerta a la imaginación, sin duda el mejor regalo, lleno de amor.

 
At 02 junio, 2008 07:53, Blogger Fernando Sarría said...

Querida Mónica...me encantó verte...un beso dulce...serás capaz de mandarme un poema para la fiesta que voy a hacer en el blog con la expo?.

 
At 02 junio, 2008 08:42, Blogger 39escalones said...

Inquietante. Emocionante. Un juego de llaves de ésas me vendría de perlas.
Un abrazo

 
At 02 junio, 2008 19:23, Blogger Mónica said...

Víctor, ay qué bonito eso que dices. Gracias. Me ha hecho pensar en las misivas y cartas que se enviaban en tiempos, cuando estas cajas metálicas no nos tenían todo el día atrapados.

Un abrazo

 
At 02 junio, 2008 19:24, Blogger Mónica said...

Patro, el domingo quedamos a primera hora antes de que lleguen todos los anticuarios y nos las llevamos todas. Digo yo que alguna logrará abrir la puerta adecuada...

Besos nos vemos el miércoles

 
At 02 junio, 2008 19:26, Blogger Mónica said...

Andrés, gracias. Para mí fue como una bofetada de felicidad.
Las puertas es lo que tienen, el mayor problema de todos es que te la cierren en las narices... Ahí la historia ya se complica.

Besos

 
At 02 junio, 2008 19:27, Blogger Mónica said...

Miguel, gracias también como siempre. Te escribo para ponernos al día.

Un abrazo

 
At 02 junio, 2008 19:28, Blogger Mónica said...

Luis, sabes que me encantaría y me alegro infinito por ti. Aunque me resultará imposible asistir. De todas formas te escribo y espero que me cuentes cómo va todo. Te deseo toda la suerte del mundo.

Un abrazo

 
At 02 junio, 2008 19:28, Blogger Mónica said...

El color, exacto. Yo daría, pues no sé lo que daría, pero mucho por tenerla, y sobre todo porque alguien me la regalara.

Un abrazo

 
At 02 junio, 2008 19:30, Blogger Mónica said...

Fernando, me encantó conocernos por fin! en persona y más en un día tan especial para ti. Estoy disfrutando con tus hormigas.
Me pones en una situación algo complicada. Creo que no escribo un poema desde los quince años... Ponte en lo peor, prometo al menos intentarlo.

Besos

 

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