CÍRCULO

Desde hace años me persiguen, pero hasta hace unos meses no me di cuenta. Caminaba como los demás y la sensación era de ir por una línea tan recta como la de sus medias de seda de tacto de cristal. No por frías, ni por ser una metáfora del deslumbrante brillo que producían al moverse, sino por las heridas que como estigmas se cernían sobre mí sólo por mirarlas. Pero yo sentía que caminaba recto. Incluso erguido. Que era un tipo interesante y con una vida digamos hasta original. Pues no. Lo hacía en círculos. Una noche un lugar sin gente y llegar a ver once veces el letrero del bar de siempre hizo que me diera cuenta de ello. Entré, pedí una copa y me senté a esperar mirando la puerta. Es cuando comprendí que no es lo mismo vivir dentro de un círculo que la vida viva en uno.
A los que se lo conté se rieron. Escuché tantas estupideces que me limité a no escuchar, y buscar la manera de intentar salir. Nunca me ha gustado que me impongan dónde tengo que estar o cómo.
Probé a arañar la tierra. De día arrancaba con disimulo pequeñas briznas de las malas hierbas que siempre rodearon mi casa. Al día siguiente esos agujeros y las marcas de mis uñas estaban en la parte contraria. Y lo hice. Comencé de manera compulsiva a cavar día y noche, a comer tierra, piedras, insectos, todo con tal de romper el círculo. No sé por qué di por sentado que lo conseguiría sumergiéndome en el interior del mundo. Por qué no podía estar arriba, a la altura de mi cabeza, o de su diminuta cintura y sus gigantes caderas. Ahora aquí sentado miro el espejo que parece quieto y me lo pregunto. Pero estoy cansando y no sé si lo volveré a intentar. O cuándo, dónde, y sobre todo por qué. Todas las preguntas básicas juntas.
Sigo viniendo aquí. Al bar de siempre, al que vi once veces seguidas esa noche. Ahora ya sé por qué se otorgó a sí mismo ese apelativo. Lo hago cuando quiero dejar de sentir que todo es un círculo. Me siento en la banqueta redonda, me pido una copa que apoyo sin delicadeza en la marchita barra. Deja siempre la misma marca acuosa, recordándome lo miserable que es ser conocedor de algo que no te sirve para nada.







3 Comments:
Sin palabras ...
he entrado a tu circulo, hoy un día en que debería estar haciendo algo y lo deje para poder pensar, cuantas veces nos damos ese tiempo tan necesario para nosotros los humanos? espero estés bien. Me gusta
Sé que Círculos ha llegado tarde a mis ojos. En realidad llego tarde a casi todo. Pero leí tu relato y he comprendido que mi vida también está llena de círculos. Agujeros absolutamente redondos en los que me hundo sin parar.
Pero menos ma que soy buena
escaladora...y trepo y trepo.
Desde Granada, Maribel.
Publicar un comentario en la entrada
<< Home