miércoles, enero 04, 2017

La dama prohibida

                                                                    
Sábado 21.40 
Ella se levanta de la silla. Lleva sentada mucho tiempo. Demasiado. El vestido está escondido entre los demás, en el fondo del armario, como se esconden los pecados. Es suave, brillante, barato. Se desnuda. Se mira en el espejo y se viste con él. Siente frío. El frío del tejido brillante y basto. En el cajón, al fondo junto a la madera, está el pintalabios rojo, también brillante. Se lo pasa por los labios. Cierra el armario.

Sábado 23.00 
Espera sentada en un taburete del bar. La copa también espera sobre la barra. Cruza las piernas y mira la puerta. El hombre llega. Se acerca y comienzan a hablar. Ella sabía que iría, por eso está allí. Por eso lleva ese vestido escondido y el pintalabios prohibido. El hombre no sabe nada de eso.
Ella pide otra copa y lo mismo para él. Lo ha visto en muchas películas y siempre ha querido hacerlo. El hombre ríe, ella le mira, pero ni siquiera sonríe. 

Domingo 1.30  
 Sabe por qué está allí y se da cuenta de que él no entiende nada. Quizá es mejor así, que simplemente esté allí con ella. Beben.
Hablan. Ella habla de un sueño que tuvo anoche. Él le dice que los peores pecados se cometen en sueños. Y sonríe. Ella sólo le mira. Él lleva mirándola toda la noche, desde que abrió la puerta del bar. Su vestido, su rostro, su belleza. La ha visto otras veces, tan apenas la conoce, pero nunca como esa noche. No puede dejar de mirarla, pero ella no se da cuenta.

Domingo 3.05 
 Se retoca el pintalabios rojo en el baño. Está borracha, el hombre también.
Cuando sale él la está mirando. Es entonces cuando ella sonríe. Ha vencido. Por fin siente que la miran. 


Domingo 6.20 
 Lleva sentada en la cama demasiado tiempo, casi tanto como esa tarde en la silla. Observa al hombre dormir. Y piensa en su frase de antes y que no es cierta. Los peores pecados no se cometen en sueños. No quiere ver cómo duerme, ni escuchar su respiración calmada. No es su cama. Ni su casa. No quiere estar en esa cama con él. Ya no recuerda los gritos.
Se viste y se pasa el pintalabios rojo por los labios. Ahora está más tranquila.
Cierra la puerta sin cuidado al salir.

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Sábado 20.00 
Discusión. Gritos. Incompatibilidad. Eso le dice él. Monotonía piensa ella, pero grita insultos. La Navidad tiene la culpa. La dama consentida. La dueña de tantas ausencias y problemas. Ha vuelto. Pero no le dice lo que piensa. Él tampoco. Amenaza con irse, ella no le retiene. Él se marcha. Ella sabe que siempre vuelve, si no, vuelve ella. Pero esa tarde son muy fuertes los gritos. Le molestan en su cabeza. Sale del cuarto para no oírlos más y se sienta en una silla. Sabe que han gritado demasiado. Y sabe que es peligroso, porque siente que tiene licencia para hacerlo...

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