
De Óscar Jordán
Entrecerré los párpados esquivando la miopía que me impedía ver los verdes árboles, la masa gris de las carreteras, que a medianoche, parecían huir de la ciudad. Fue en mi habitación donde perdí la paciencia y lloré todos los ríos del mundo. Sólo era un excelente muchacho cargado de sueños de leones y de cabras que remontan la montaña. Harto de esto decidí ir más allá:
Comprendo que la claridad es sólo otro concepto, entiendo que nadie me entienda, pero hay cosas que significan lo mismo para unos y otros, cosas que vuelven el alma… ¿Humana?
A decir verdad siempre estuve orgulloso de no ser humano, no al menos en la misma medida que el resto, contento de que mi maldición me alejara de lo mundano y me convirtiera en un astuto alquimista, en un orfebre del desorden.
Me alimenté de palabras, tejí el ruido entre el hilo de plata vieja y diamantes negros, trasquilé la lana que protegía las sensaciones, llegué tarde a la fiesta de la felicidad. A cambio hubo agua en mis incendios y fascinación sobre mi persona.
“Barco sin agua no puede navegar” Es cierto, pero yo pinté sus alas.
Acudí a los más sabios con mis problemas, busqué la solución en el carbón. La poesía me quemaba, odiaba la rima, follaba con el verso libre y la perfección fue mi desecho, mi mierda. Obturados ya los objetivos, pasé a demostrar la rotura de los viejos conceptos, los pecados con dos sílabas, el placer que produce el deseo de morir.
Los cuentos indios, que desde siempre he amado, vinieron a significarme historias suicidas, kamikazes. Mis ojos valen más que mi cerebro. Mi carne es cálida y dura como la de las aves de corral. La tierra ama al viento, el viento quiere al mar, el mar sólo se asesta cabezazos contra muros de cielo. Plásticos y cristales discuten. Humos y llamas se alaban:
− Tú has sido el primero.
− Qué tontería.
Extracto del libro de relatos: “Hecatombe”, escrito entre los 15 y 19 años.
Un día le acercaré al abismo. Con la confianza que otorgan los años, sé que se acercará a él. Le empujaré para que así caiga y choque contra sí mismo. Y se enfrente con ese escritor que nació a la vez que él y dejó abandonado en algún lugar de tanto caminar en círculo...





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