viernes, abril 06, 2012
domingo, enero 01, 2012
FELIZ AÑO

Puedes marcharte. Con tu mal nespresso matinal y peor nocturno. Tus crisis y tus miserias. Tienes un billete solo de vuelta en la estación. Pagado para que no dejes más deudas a medias.
Y tú seas o no el Fin de los Mundos ven ya. Sé que no es lo mismo que antaño. Ahora ya pocos te comparan con cursis cuadernos de hojas nuevos blancos sin estrenar. Cada vez menos te esperan con alegría. Ni la Banda de Bienvenido Mister Marshall puede ir a recibirte. No tienen para pagar los disfraces. Pero quedan ganas de verte llegar.
Las estadísticas no son tan malas: por cada ladrón de sueños hay 3 ladrones de ladrones de sueños. Por cada ladrón de besos hay 2 que se dejan robar. Por cada ladrón de Paz hay 4 regaladores compulsivos de buen rollo. Por cada ladrón y asesino de letras hay 5 drogadictos que las resucitan a lo Frankenstein. Provocadores natos de risas estúpidas y sin sentido. Genios en recomponerse y reinvenciones que trabajan a jornada completa como Becarios sin contrato. Dicen que hasta hay quien ya se encarga de enviar las cartas bellas que otros quemaron.
Y no te preocupes siempre hay alguien al que le gusta el bricolaje y nos preparará El Arca. Por si acaso. Bienvenido.
viernes, diciembre 30, 2011
Barcelona As de Damas
Barcelona eres tan hermosa que el frío se mimetiza entre tus curvas turgentes, Modernistas, femeninas que cubren las paredes. Frío que se derrite en los sombreros de los tejados adornados con mosaicos de colores.
Quiero ser una ventada en Nueva York. Un cerrojo indiscreto que quiere que le miren. Sin cortinas. Un hombre que silba a todas las mujeres bellas que pasean de piazza in piazza en Roma.
Guardián de trastos
No padece el síndrome de Diógenes. Ni es coleccionista compulsivo con estanterías llenas de buhos de Mallorca o Recuerdo de Fátima. Elefantes con agujetas en la trompa de tenerla siempre hacia arriba y disparada a la puerta. Guarda cámaras que ya no tiran fotos. Éstas conviven en cajas en imperfecta armonía de tonos sepias, grises. Al fondo a la derecha: gracias, no está el baño. Están los armarios con la ropa. Vestidos que sabe llenaron caderas turgentes a lo Loren. Cuerpos escurridos en los 30. Curvas elegantes de los 50. Sombreros, estos sí dan suerte y no las loterías. Chisteras que se coloca para ver la televisión que no tiene.
Los tubos y botes vacíos son los protagonistas del Film. Están en todas partes como los ufos. Se deja las manos con uno dándole mil y cinco vueltas. Luego se cubre el pelo con la brillantina que ha sacado. Se echa colonia de un frasco verde musgo. Porque él sabe que es una Leyenda Urbana que por más que los aprietes o vuelques llega un momento en el que no sale nada.
Los tubos y botes vacíos son los protagonistas del Film. Están en todas partes como los ufos. Se deja las manos con uno dándole mil y cinco vueltas. Luego se cubre el pelo con la brillantina que ha sacado. Se echa colonia de un frasco verde musgo. Porque él sabe que es una Leyenda Urbana que por más que los aprietes o vuelques llega un momento en el que no sale nada.
viernes, junio 17, 2011
CAFÉ sin LECHE
El café me ha dicho con gesto de comadre que las calles están llenas de ladrones de besos y no hay delito ni pena marcada para ellos. "La justicia es sabia a veces". Le he contestado. Pero seguía mascullando: "Lo mismo pasa con los robadores compulsivos de lápices de IKEA..." Lo ha dicho mirando con desprecio mi bolsillo. Acaricio la madera, sus puntas afiladas y me trago ese café amargo de un trago.
Esta mañana el café tenía acento argentino. Pero no de tango roto o sensual. Todo eran preguntas sin respuesta. No he podido tomármelo. Era como tragarse a Mafalda. Un interrogante atascado en la garganta. Antes de irme le he puesto la radio diciéndole que no abriera la puerta a nadie. No esperaba menos cuando he oído su vocecita: Che! ¿Y si es la Felicidad?
Esta mañana el café tenía acento argentino. Pero no de tango roto o sensual. Todo eran preguntas sin respuesta. No he podido tomármelo. Era como tragarse a Mafalda. Un interrogante atascado en la garganta. Antes de irme le he puesto la radio diciéndole que no abriera la puerta a nadie. No esperaba menos cuando he oído su vocecita: Che! ¿Y si es la Felicidad?
domingo, mayo 08, 2011
FRAGMENTOS
Relato publicado en el libro: "Velas al Viento". Editorial Libros del Vigia. Junio 2010. (Selección y Prólogo de Fernando Valls).
http://monicagutierrez.blogspot.com/2010/07/antologia-del-microrrelato-hispanico.html
FRAGMENTOS
Al principio no sabía con qué excusa pasar el mayor tiempo posible a su lado. Más tarde no sabía cual era la mejor manera de quedarme a pesar de haber salido por la puerta. Por más prácticas que hice no conseguí el don de la ubicuidad. Así que un día decidí comenzar la ardua tarea de dejarme olvidada en imperceptibles fragmentos en los pocos metros que tiene su casa.
Como un repelente scout con corbatilla bicolor, la primera vez dejé una señal para no perder el rumbo en el mapa de navegación de vuelta. Un papel con unos dibujos mal trazados de esos que siempre hago. Hacía calor. Abrió la ventana. El papel voló. Volé yo.
Un día de otoñó al irme dejé caer un pañuelo que llevaba alrededor del cuello. Como si hubiéramos retrocedido en el tiempo hasta esos siglos, donde no sólo no era una vulgar cursilería, sino un signo inefable de que algo quedaba por decir entre una mujer y un hombre. Un signo descarado e imperdonable. Una vez que lo vi ahí, desparramado sobre el suelo de madera calentito por esa exagerada calefacción central se me antojó ridículo.
– Se te ha caído – me lo dio y cerró la puerta sonriendo como casi siempre.
Bajé las escaleras enredándolo entre el pelo y apretándolo al cuello, para que no dejara que la garganta tragara como traga cuando quiere hacer pucheros.
Otra tarde me marché como tantas otras sin decir nada. Trabajaba en su estudio y era un pacto entre caballeros no molestar ni para el hola, ni para el adiós. Me aseguré de quedarme mejor escondida. Entre los cojines del sofá dejé un pendiente. Sabía que nunca lo encontraría. Que no limpiaría tan a conciencia para encontrarme ahí, entre las entrañas de ese sofá de espuma recogido en el rastro un domingo por la mañana.
A los días me llamó para decirme que una amiga lo había encontrado.
En verano el frigorífico se llenó de cerveza y aire. Ahí me metí. No sé cómo, pero al fondo me quedé en forma de hielo en la cubitera de plástico quebrada por una esquina. Pero el verano pasa, como pasan las horas y como se derriten los hielos entre las bocas cansadas.
Dejé monedas, horquillas, miles de elementos diminutos que formaban mi esencia y que de una manera u otra desaparecían, como desaparecían las horas para seguir soportando fragmentarme, de esa forma constante, hiriente y desoladora, por lo cruenta de la misma.
En invierno fue uno de mis sombreros, que ahora descansa inerte sobre el perchero de la entrada. Siempre le sentó mejor que a mi cabeza.
Me voy de viaje les dije a todos. Sin mayores explicaciones, sin demasiadas penas y ninguna gloria. Mal vendí muebles, enseres y dejé mi piso de alquiler. Cogí toda la ropa y la metí en las maletas y la facturé con rumbo a ninguna parte. Llamé a su puerta.
Esta vez no podría olvidar nada, ni un jersey, ni un pendiente, ni una risa, ni un puto papel. Ya no tenía nada. Tampoco podría esconderlo, esconderme. Desnuda ante la puerta sin tan siquiera una triste maleta como Teresa ante Tomás y su insoportable levedad del ser, permanecí inmóvil. Él cogió el sombrero del perchero y me lo puso sobre el pelo empapado de agua, calor y frío.
− No sé por qué no te quedaste escondida, olvidada en mi casa mucho antes.
http://monicagutierrez.blogspot.com/2010/07/antologia-del-microrrelato-hispanico.html
FRAGMENTOS
Al principio no sabía con qué excusa pasar el mayor tiempo posible a su lado. Más tarde no sabía cual era la mejor manera de quedarme a pesar de haber salido por la puerta. Por más prácticas que hice no conseguí el don de la ubicuidad. Así que un día decidí comenzar la ardua tarea de dejarme olvidada en imperceptibles fragmentos en los pocos metros que tiene su casa.Como un repelente scout con corbatilla bicolor, la primera vez dejé una señal para no perder el rumbo en el mapa de navegación de vuelta. Un papel con unos dibujos mal trazados de esos que siempre hago. Hacía calor. Abrió la ventana. El papel voló. Volé yo.
Un día de otoñó al irme dejé caer un pañuelo que llevaba alrededor del cuello. Como si hubiéramos retrocedido en el tiempo hasta esos siglos, donde no sólo no era una vulgar cursilería, sino un signo inefable de que algo quedaba por decir entre una mujer y un hombre. Un signo descarado e imperdonable. Una vez que lo vi ahí, desparramado sobre el suelo de madera calentito por esa exagerada calefacción central se me antojó ridículo.
– Se te ha caído – me lo dio y cerró la puerta sonriendo como casi siempre.
Bajé las escaleras enredándolo entre el pelo y apretándolo al cuello, para que no dejara que la garganta tragara como traga cuando quiere hacer pucheros.
Otra tarde me marché como tantas otras sin decir nada. Trabajaba en su estudio y era un pacto entre caballeros no molestar ni para el hola, ni para el adiós. Me aseguré de quedarme mejor escondida. Entre los cojines del sofá dejé un pendiente. Sabía que nunca lo encontraría. Que no limpiaría tan a conciencia para encontrarme ahí, entre las entrañas de ese sofá de espuma recogido en el rastro un domingo por la mañana.
A los días me llamó para decirme que una amiga lo había encontrado.
En verano el frigorífico se llenó de cerveza y aire. Ahí me metí. No sé cómo, pero al fondo me quedé en forma de hielo en la cubitera de plástico quebrada por una esquina. Pero el verano pasa, como pasan las horas y como se derriten los hielos entre las bocas cansadas.
Dejé monedas, horquillas, miles de elementos diminutos que formaban mi esencia y que de una manera u otra desaparecían, como desaparecían las horas para seguir soportando fragmentarme, de esa forma constante, hiriente y desoladora, por lo cruenta de la misma.
En invierno fue uno de mis sombreros, que ahora descansa inerte sobre el perchero de la entrada. Siempre le sentó mejor que a mi cabeza.
Me voy de viaje les dije a todos. Sin mayores explicaciones, sin demasiadas penas y ninguna gloria. Mal vendí muebles, enseres y dejé mi piso de alquiler. Cogí toda la ropa y la metí en las maletas y la facturé con rumbo a ninguna parte. Llamé a su puerta.
Esta vez no podría olvidar nada, ni un jersey, ni un pendiente, ni una risa, ni un puto papel. Ya no tenía nada. Tampoco podría esconderlo, esconderme. Desnuda ante la puerta sin tan siquiera una triste maleta como Teresa ante Tomás y su insoportable levedad del ser, permanecí inmóvil. Él cogió el sombrero del perchero y me lo puso sobre el pelo empapado de agua, calor y frío.
− No sé por qué no te quedaste escondida, olvidada en mi casa mucho antes.
jueves, noviembre 04, 2010
"TIERRA DE CIERZO. Al este del Moncayo" En IN-EDIT 2010
Este fin de semana tuve el enorme placer de ver la película dirigida por Jorge Nebra: "Tierra de Cierzo. Al este del Moncayo", dentro de un marco incomparable el Festival Internacional de Cine Documental Musical de Barcelona. Os dejo la reseña que se ha publicado hoy en "Artes y Letras" en Heraldo de Aragón.
Sin duda todo un mar de músicas, un mar de viento.
MAR DE MÚSICAS.
Sin duda todo un mar de músicas, un mar de viento.
Mónica Gutiérrez Sancho
CIERZO
El sábado 30 de Octubre fue la presentación Nacional en Barcelona de la película: “Tierra de Cierzo. Al este del Moncayo”, dirigida por Jorge Nebra, en la 8ª Edición de IN-EDIT. La primera película aragonesa que participa a Concurso en la Sección Nacional.
Cuando las luces se apagan la melodía que se escucha es el Cierzo, como si te permitiera cogerlo entre las manos e increparle: Quieto.
No hay voz en OFF que valga. Es una película. El escalofrío es inevitable al escuchar a José Antonio Labordeta. Porque son ellos los músicos que ha parido la tierra del Cierzo desde las últimas décadas hasta hoy, los que dan forma a la trama. Cientos de personajes. Los músicos, productores, los bares… nos muestran con sus propias palabras la historia de la música en Aragón y su trascendencia.
Un mosaico de millones de imágenes inéditas, testimonios, tejido con una precisión artesanal y una fotografía magnífica, que de una manera rápida, a la vez que calmada, como si fueran pequeños golpes de viento nos va llevando a través de nuestra historia. Haciéndonos enmudecer de la emoción por secuencias que vemos en la gran pantalla, pero sentimos como propias. Épocas de una vida. Recuerdos, siempre buenos como sólo puede aportar la música.
Un trabajo hermoso que tenía que hacerse. Imprescindible. Mostrar que en Aragón existe un alma, una cultura musical tan arraigada, una profesionalidad y un espíritu de supervivencia inquebrantable. “Más Birrás”, los “Violadores del Verso”, los “Especialistas”, los “Héroes del silencio” que más hemos oído, porque a nosotros siempre nos quedará Carmen París, “Distrito 14” , “Los Niños del Brasil”, “Tako”, “El niño Gusano”, “Amaral” y tantos otros que han golpeado, siguen y seguirán haciéndolo más fuerte que el CIERZO, por muchas dificultades que éste les ponga.
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