sábado, mayo 24, 2008

"Si vuelves te contaré el secreto" En BABELIA














La ficción de buena ley
J. ERNESTO AYALA-DIP
BABELIA
- 24-05-2008

Señalaba Alessandro Baricco recientemente en La Vanguardia que hoy se escribe mejor. No aclaraba el autor italiano el calado de esa mejoría ni argumentaba su comentario. Su afirmación no hilaba más allá de lo que a mí me pareció una intuición a voleo. Y sin embargo, creo que tiene razón. Se escribe mejor. Tampoco aclaraba Baricco en qué ámbito lingüístico se escribe mejor. Pero en el español, trátese de aquí o de allá, es rigurosamente cierto. Y otra cosa. Independientemente de que se lea más o menos (que es evidente que se lee más, otra cosa son los que no leen nunca y que no hay ni habrá campañas institucionales de invitación a la lectura que pueda con ellos), yo también creo que se lee mejor. Y se decodifica mejor. Y esa mejoría la da esa saludable promiscuidad en que cohabitan ofertas estético-narrativas de distinto cuando no antagónico tenor. Evidentemente en esta dinámica de excelencia literaria, tanto en la emisión como en la recepción, no es ajena la profusión industrial. Ni la proliferación de bibliotecas públicas, ni los clubes de lectura. Ni el consumo cultural (a rebufo a veces del consumismo general) al que se suman nuevas capas de la sociedad. Pues bien, este es el paisaje en que me gustaría enmarcar a los autores a los que sería bueno que el lector no dejara de leer. Algunos de ellos son novelistas y autores de cuentos de reconocido prestigio. Otros se incorporan con una breve pero sólida validez estética. Todos ellos conforman casi simultáneamente un tejido amplísimo de propuestas. Y a todos ellos, los espera el lector de ahora mismo, un lector sin prejuicios, ávido de historias de nuestro tiempo, pero también de sutileza, degustador de estrategias sofisticadas y dispuesto a participar en esta gran fiesta del intelecto y la sensibilidad que siempre es y será la ficción de buena ley.
En el panorama español, en primer término tres nombres se imponen con meridiana claridad: Rafael Chirbes, Javier Marías y Luis Mateo Díez. Tres clásicos contemporáneos que con sus respectivas obras: Crematorio (Anagrama); Veneno y sombra y adiós, último volumen de la trilogía Tu rostro mañana (Alfaguara), y La gloria de los niños (Alfaguara), han vuelto a dar una lección de coherencia narrativa desde la conciencia de sus estilos irrenunciables y la exigencia de rigurosa historicidad y universalidad. El Premio Nadal de este año se ha saldado con la novela que se esperaba de Francisco Casavella, Lo que sé de los vampiros (Destino). Una novela de ideas disimulada detrás de una tupida red de peripecias que nunca dejan de ser las peripecias de la lucidez en tiempos difíciles. También en su línea de no transigir con las soluciones fáciles, ni caer en los tópicos habituales en una novela sobre la Guerra Civil española, vuelve Ignacio Martínez de Pisón con Dientes de leche (Seix Barral), una historia de gran eficacia emocional y claridad compositiva. Clara Sánchez ha escrito una novela impecable: Presentimientos (Alfaguara), invención y juego compositivo al servicio de una historia sugerente. David Trueba ha dado un paso de gigante respecto a Cuatro amigos: Saber perder, una extensa novela que no pierde nunca interés y que juega con los recursos más genuinos de la novela a la hora de enfrentarse a los tiempos actuales.

Voy a citar ahora un puñado de novelas que obedecen a poéticas narrativas muy diferentes. Algunos de ellos se estrenan como novelistas, otros confirman la alta calidad literaria que prefiguraron en libros anteriores: La trama de los desórdenes (Bruguera), de Francisco Solano; Derrumbe (Seix Barral), de Ricardo Menéndez Salmón; Nocilla Experience (Alfaguara), de Agustín Fernández Mallo; Cultivos (Mondadori), de Julián Rodríguez; Campo de amapolas blancas (Tusquets), de Gonzalo Hidalgo Bayal; Naturaleza infiel (RBA), de Cristina Grande, y Si vuelves te contaré el secreto (Caballo de Troya), de Mónica Gutiérrez Sancho.
Aquí tenemos ese reservado y conmovido "realismo limpio", que se adjudicó a John Berger, de Julián Rodríguez; el experimentalismo argumentado en la vida y en la ficción transgresora de Fernández Mallo; los dos ejercicios irónicos y sentidos de fabuladas autobiografías con que se aproximan al meollo de la memoria Hidalgo Bayal y Grande (sugiero la lectura de su libro de cuentos Dirección noche, Xordica, 2006); la representación del mal más insoportable y la escritura que lo hace imprescindible como artefacto de ficción de Menéndez Salmón (sugiero la lectura de su libro de cuentos Gritar, Lengua de Trapo, 2007); la grata sorpresa formal y arriesgada de Gutiérrez Sancho y el Giorgio Manganelli y Cortázar que Solano digiere y nos lo devuelve con su criterio de los homenajes literarios con sentido humano.

De las novelas latinoamericanas, citemos en primer lugar la edición póstuma de La Grande (El Aleph), del escritor argentino fallecido en 2005 Juan José Saer. Del linaje de los Piglia y Aira, Saer es uno de los nombres mayores de la literatura argentina contemporánea. Inacabada, La Grande refleja meridianamente el arte compositivo y la filosofía estilística de Saer. Muy buena impresión deja Bosque quemado (Mondadori), del chileno Roberto Brodsky, que junto al argentino Martín Kohan (ganador del Premio Herralde de narrativa, con Ciencias morales, Anagrama) encuentran el lugar exacto en su búsqueda de unir reflexión política crítica y el método preciso de ficcionalización. El mexicano Elmer Mendoza da una lección en Balas de plata (Tusquets) de impostación de una voz narradora neutra en una novela negra sin concesiones estilísticas. El boliviano Edmundo Paz Soldán deja una grata impresión con Palacio quemado (Alfaguara), una reflexión desde el vientre mismo del poder político. Y termino con Help a él (Periférica), del argentino Fogwill, volumen que reúne dos novelas cortas que hacen honor a la mejor tradición del género con una sabiduría estilística imposible de ignorar; y con La última hora del último día (RBA), del mexicano radicado actualmente en Barcelona Jordi Soler, un cruce de historias del exilio de republicanos españoles en su mejor y más conmovedora versión de escritura y simulación narrativa. Y una última debilidad: La muerte lenta de Luciana B (Destino), del matemático y novelista argentino Guillermo Martínez. La tensión de un enigma humano antes que policiaco, y la arquitectura rigurosa de la invención.

Apunto cuatro cuentistas, entre españoles y latinoamericanos: Temporada de huracanes (MenosCuarto), de Gonzalo Calcedo Juanes; Sólo de lo perdido (Destino), de Carlos Castán; Pétalos y otras historias incómodas (Anagrama), de la mexicana Guadalupe Nettel, y Los amantes de Todos los Santos (Alfaguara), del colombiano Juan Gabriel Vásquez. Cuatro maneras de entender el arte del cuento y de plasmar en ellos las vicisitudes de esas criaturas humanas que somos y que a veces merecemos, muy a pesar nuestro, que nos retraten o nos reinventen con la delicadeza de trazo narrativo, temperatura imaginativa e inspiración poética con que lo hacen estos autores citados. Y, ya que estamos, no olvidemos la sentencia de Henry Fielding: "Sólo se puede conocer a los hombres a través de los libros". -

martes, abril 29, 2008

ENTRE TANGOS Y BOLEROS

Nadaba entre tangos y boleros. Como otros nadan entre dos aguas. O dudan entre café o cerveza. Navegaba sin barco, ni madera, entre letras que le hablaban de amor perdido, de amor deseado, de amor que llega, de amor que ni siquiera supo que tuvo, de amor que dejó marchar y no retuvo, de amor que duele, que no mata, que destroza...
No supo a ciencia cierta cómo y cuando ocurrió. Pero como si de un proceso de extraña metamorfosis se tratara cada día estaba más atrapado. Cada día un poco más dentro. Menos fuera. Más cerca. Hasta sólo llegar a sentir el contrapunteo, el son lento y romántico de las lagrimas del bolero. El paso rápido, fuerte y apasionado del Tango. Y se quedó ahí entre tangos y boleros. Como otros se quedan entre el cielo y la tierra. Entre la tierra y el suelo. Entre el suelo y la nada. Él se transformó en bolero. En letra de amantes. En música de amores prohibidos, inconfesables. Pronto se dio cuenta que aquello le permitía hacer todo aquello que antes sólo le hacía lamentarse, llorar, canturrear…


Ahora es bolero y acompaña las noches de amantes solitarios que en cualquier momento dirigen la mano al interruptor de su mesilla y él más rápido en reflejos que las sombras de los gatos, se anticipa y se prepara para meterse de lleno en el estómago del durmiente que entre la resignación y la esperanza apaga la luz, y él como cada noche le recuerda: Voy a apagar la luz para pensar en ti y así dejar volar a mi imaginación. Ahí donde todo lo puedo donde no hay imposibles, que importa vivir de ilusiones si así soy féliz.
Y encendiendo un cigarrillo, la habitación queda a oscuras sólo iluminada por el son, el ritmo acompasado de sus pies y el círculo naranja sobre sus labios secos.

Camina de la mano de gente que vuelve, con el miedo de la vuelta a lo que tuvo y sabe que nunca más podrá ser lo mismo. Que ya no existe. Por más que las calles que recorre sean parecidas, ya no son las de antes. Y aterrado el viajero se detiene y duda. Y es cuando le ayuda en su retorno aunque sea una vuelta no deseada, y le acompaña y le recuerda que siempre se vuelve al primer amor, la quieta calle, que en el eco dijo: Tuya es su vida, tuyo es su querer", bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy me ven volver.

Aunque tú ni te des cuenta, él lo sabe, el conoce su secreto, que le carcome por dentro. Que ese que es tu amigo, que te llora entre risas, que te mira sin prisa y no se quiere, ni puede marchar. Ese amigo ya no sabe con qué inocente excusa pasar por tu casa. Y le empuja contra tu puerta para que te lo diga, para que te lo explique, para que te lo cuente, para que no se lo calle más.
¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?
¿Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo?
Ya no puedo acercarme a tu boca sin deseártela de una manera loca
necesito controlar tu vida saber quien te besa y quien te abriga.
Otras le toca ser compañero de fatigas de amantes desesperados que ya ni siquieran tienen nada que decir. Que todo se dijo ya. Que todo termino. Pero que necesitan seguir hablando, seguir gritando lo que llevan dentro. Él lo sabe, lo entiende mejor que nadie y les deja hablar, como un cura que no sana, que pero lame las heridas de las viejas beatas en las Iglesias tarde tras tarde, luna tras día.
¡Qué gran error volverte a ver para llevarme destrozado el corazón!
Son mil fantasmas, al volver burlándose de mí, las horas de ese muerto ayer...
Y ahora que estoy frente a ti parecemos, ya ves, dos extraños...
Lección que por fin aprendí: ¡Cómo cambian las cosas los años!
Angustia de saber muertas ya la ilusión y la fe...
Perdón si me ves lagrimear... ¡Los recuerdos me han hecho mal!


Por las noches se emborracha en las tabernas y los bares, apoyado en las barras de madera, agotado de tanto amor, de tanta pasión, de tanto dolor. Pero allí se multiplica, porque es entre el alcohol, donde muchos de esos que parecen inocentes están marcados, perseguidos por la desesperación. Y le asaltan, le atrapan, le ensordecen... Pero él ya sólo se emborracha y bebe tragos largos y lentos para poder olvidar, para dejar atrás lo que vivió, para sentir sólo el son de la guitarra y el vaivén por el suelo de esos pasos que nunca dejarán de bailar. De bailar para él.
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
por los fracasos del amor...





martes, abril 08, 2008

MARILYN MONROE


Entre los cientos de fotografías, posters de conciertos, algunos con el trozo de pintura de la pared donde había descansado pegado todavía en sus espaldas, postales que me enviaban en todos los viajes, fotos de juergas; siempre, por más que se acumularan Calamaro, The Doors, Los Ramones, siempre hubo un lugar para ella, para: Marilyn.

Desde niña me encantaba. Me parecía una mujer extremadamente triste a pesar de su eterna sonrisa. Luego algo más mayor y después de haber hojeado, más que leído, unas cuantas de esas biografías que le han dedicado, supe que se debía a no saber si era tan tonta como decían unos, o tan inteligente como afirmaban otros. La transformaron respaldados por el inevitable silencio del que no puede hablar para confirmar o negar los hechos, en una mujer fascinante. Al fin y al cabo así es como se gestan los mitos. Todo leyenda y poca realidad.
No soy mitómana. Nunca lo he sido. Aunque sí es cierto que con los años puedo decir que la adoro. No se muy bien por qué. No siempre se sabe todo.

Marilyn es la personificación de la sensualidad y sexualidad. Nadie ha irradiado tanta como ella. Nunca. Otras le ganaron en glamour, en elegancia, pero en sensualidad ninguna pudo con la rubia del vestido blanco, con ese aire que recorrió con descaro sus piernas levantando los pliegues de una falda de vuelo y no nos contó todo lo que vio esa noche.
Cuesta no imaginarla con Frank Sinatra entre partidas de póquer, gritos y noches de alcohol, lujuria y peleas. Eso no hace falta que lo cuenten los biógrafos. Yo la veo así, discutiendo con él. Y seguro que luego haciendo pucheros. Por qué no.
No habría sabido envejecer bien. Seguramente habría llevado mal el paso de la edad. Las modas no le habrían beneficiado. Los ochenta, con sus brillos y su estética hortera probablemente habrían destrozado su imagen. O no. Quizá era demasiado lista para eso y nos habría sorprendido a todos, como hizo siempre.


No sé si le obsesionaba
la locura de su madre, ese horrible temor a que fuera hereditaria y padecerla ella, lo que le llevaba a vivir en una atracción de feria continua, que no para de subir y bajar, aunque no pagues el viaje. Si era extremadamente sensible, o era esa mala mujer... Si padecía esas horribles jaquecas. Si era tan inestable y pesima actriz como cuentan entre bastidores, y sus escenas había que repetirlas cientos de veces.
Ni tan siquiera sé si es cierto eso de que odiaba las despedidas. Decir adios.
Si arañáramos, como arañaba yo en las paredes para arrancar ese poster
del concierto que acaba de escuchar, seguramente encontraríamos tras varias capas un poco de todo.
Yo con su permiso y el de ustedes me quedo con la genial actriz de: “Con faldas y a lo loco”. Con esa cría, Norma Jaen, que quiso dejar la pantomima de vida de cateta de pueblo que le había tocado en gracia y se plantó cara a sí misma, para reinventarse probablemente mejor de lo que lo ha hecho nunca nadie.

Me quedo con su sensibilidad para enamorar a alguien tan grande como Arthur Miller. Su erotismo para enganchar a Sinatra. Su sonrisa y su mirada, con ese aire de inocencia que nadie se creía, pero que a todos atrapaba. Y atrapa.
Me quedo con eso de ella, como me quedo con todo lo bueno de los tres años que cumple el blog esta noche, lo mejor, lo que me da la gana.
Pero hoy es ella la protagonista. Inimitable Marilyn.


Para Antón, y su particular colección de mujeres inolvidables.

miércoles, abril 02, 2008

El orfebre del desorden


De Óscar Jordán

Entrecerré los párpados esquivando la miopía que me impedía ver los verdes árboles, la masa gris de las carreteras, que a medianoche, parecían huir de la ciudad. Fue en mi habitación donde perdí la paciencia y lloré todos los ríos del mundo. Sólo era un excelente muchacho cargado de sueños de leones y de cabras que remontan la montaña. Harto de esto decidí ir más allá:
Comprendo que la claridad es sólo otro concepto, entiendo que nadie me entienda, pero hay cosas que significan lo mismo para unos y otros, cosas que vuelven el alma… ¿Humana?
A decir verdad siempre estuve orgulloso de no ser humano, no al menos en la misma medida que el resto, contento de que mi maldición me alejara de lo mundano y me convirtiera en un astuto alquimista, en un orfebre del desorden.
Me alimenté de palabras, tejí el ruido entre el hilo de plata vieja y diamantes negros, trasquilé la lana que protegía las sensaciones, llegué tarde a la fiesta de la felicidad. A cambio hubo agua en mis incendios y fascinación sobre mi persona.
“Barco sin agua no puede navegar” Es cierto, pero yo pinté sus alas.

Acudí a los más sabios con mis problemas, busqué la solución en el carbón. La poesía me quemaba, odiaba la rima, follaba con el verso libre y la perfección fue mi desecho, mi mierda. Obturados ya los objetivos, pasé a demostrar la rotura de los viejos conceptos, los pecados con dos sílabas, el placer que produce el deseo de morir.
Los cuentos indios, que desde siempre he amado, vinieron a significarme historias suicidas, kamikazes. Mis ojos valen más que mi cerebro. Mi carne es cálida y dura como la de las aves de corral. La tierra ama al viento, el viento quiere al mar, el mar sólo se asesta cabezazos contra muros de cielo. Plásticos y cristales discuten. Humos y llamas se alaban:
− Tú has sido el primero.
− Qué tontería.


Extracto del libro de relatos: “Hecatombe”, escrito entre los 15 y 19 años.

Un día le acercaré al abismo. Con la confianza que otorgan los años, sé que se acercará a él. Le empujaré para que así caiga y choque contra sí mismo. Y se enfrente con ese escritor que nació a la vez que él y dejó abandonado en algún lugar de tanto caminar en círculo...

sábado, marzo 22, 2008

Crítica en BABELIA " Si vuelves te contaré el secreto"

Si vuelves te contaré el secreto.

Mónica Gutiérrez Sancho
Caballo de Troya. Madrid, 2008
190 páginas. 12 euros
MÓNICA GUTIÉRREZ SANCHO nació en Sevilla en 1973 y vive en Zaragoza.
Sabemos que publicó una novela corta, El ombligo de las almas. Ahora que leí su segunda novela, Si vuelves te contaré el secreto, lamento no haber tenido acceso a su primer libro. Lo lamento (pero trataré de
subsanar la laguna) porque no puedo ahora mismo hacer ninguna valoración comparativa entre este libro y el anterior. No podré establecer un progreso o un retroceso de uno respecto al otro. Pero sí puedo afirmar que la segunda novela es un relato perfecto, una amalgama de escritura irreprochable y estructura original.

Si vuelves te contaré el secreto es una historia sobre los propósitos inalcanzables, no sobre los grandes propósitos, sino sobre asuntos tan
sencillos como trabajar en lo que te gusta, amar y ser amado por la persona que nos merezca y nos merezcamos. Un día unos anuncios avisan de que una empresa busca profesionales para trabajar en una sala de fiestas. Se busca pianista, cantante, portero de noche. Los clientes tendrán que atenerse a una regla muy estricta: a dicha sala sólo se puede acudir una sola vez. Repetir significaría entrar en contacto con un secreto en el que tal vez no convendría penetrar. La novela se divide en pequeños capítulos, precedidos por un menú musical compuesto por piezas capitales de la historia del jazz y en versiones antológicas.


Todos los componentes protagonistas de la novela: la pianista Julia, la cantante Rita,
el portero Simón, Sara, la visitante que repite, todos viven en la calle de Praga. Y
todos ellos tienen un pasado que sólo conoce la empresa que los contrató. No sé
por qué esta hermosa novela me recuerda tanto a Señorita corazones solitarios, del
norteamericano Nathanael West. Una parecida mezcla de realidad y pesadilla. De
delicadeza y tragedia.
J. Ernesto Ayala-Dip


OTRAS CRÍTICAS:

María José Gil Bonmatí


SOLO DE LIBROS


LA TORMENTA EN UN VASO

pongo los enlaces para el que le apetezca leerlas.

jueves, marzo 20, 2008



Suplemento de cultura: SABERES
La Opinión de A Coruña
23 de Febrero de 2008

DESEOS CUMPLIDOS

ANA VEGA

Si vuelves te contaré el secreto
MÓNICA GUTIÉRREZ SANCHO
Caballo de Troya Barcelona, 2008 190 páginas


Un título tan sugerente como éste esconde tras sus páginas una bella
y desgarradora fábula, en la que hemos de enfrentarnos al peligro de los deseos que se cumplen y cómo lograr salir victoriosos, o sanos y salvos, al menos, del ansiado territorio —que todos consideramos virgen excepto en rostros y en vidas ajenas— de la felicidad. La cita inicial de Rainer María Rilke así lo advierte: “Qué tremenda desgracia nos aguarda para que hoy seamos tan felices”.

Un nuevo club abre sus puertas en una ciudad cualquiera, en una calle casi olvidada, pero con una extraña peculiaridad: se permite entrar a la sala tan sólo una vez. El club elige cuidadosamente a sus empleados, todos tienen algo en común: ésta es su última oportunidad de alcanzar su sueño. Una endiablada telaraña se oculta tras tanto misterio.

Mónica Gutiérrez Sancho elabora un relato a modo de pieza musical (cada capítulo viene precedido por una o más canciones e intérpretes determinados) con todo detalle; una melodía late bajo cada palabra desde el primer capítulo. Como confiesa ella misma en la introducción: “Hay gente a la que la persigue la buena suerte, / a otros, la mala; algunos parecen ser perseguidos por un color. / A esta historia desde la primera línea le persiguió la música”. La originalidad y la frescura con la que la autora escribe esta novela provoca la sorpresa constante del lector en cada página, con recursos narrativos del todo impredecibles y que consiguen atrapar su atención desde el principio hasta el final.
La naturalidad que vemos reflejada en sus palabras la delata como mujer amante de las historias, de las buenas historias.

La descripción es realista, neutral, cruda cuando ha de serlo: “Ella no quería ese beso, ni esa mano esquelética entrando por su falda, pero pensó que no había nacido con cara de señora y aceptó la delgada y recta boca de él”. Nos revela los secretos de cada personaje, sus sentimientos más ocultos, llevando a cabo un análisis brillante de los miedos, sueños y anhelos en los que todos podemos sentirnos identificados. Describe la “soledad de las mesas, de esas sillas aterrorizadas con los miembros del revés” y también la sensación que nos provoca la lluvia:
“Esa noche llovía. El agua caía desde algún lugar muy alto, para poder correr y dispersarse por la calle como unos manifestantes perseguidos”.

Utiliza una ironía muy personal y certera: “No lo entiendo. Y me llamaba sirena; ahora me hace sentir como una vulgar raspa de pescado”. Para ello se sirve de un lenguaje coloquial, que provoca una cercanía inmediata: “Hay gente a la que le persiguen los colores, a otros la mala suerte, a mí las historias y a mi marido la ignorancia”.

Mónica Gutiérrez Sancho se muestra lúcida, sus personajes reconocen con rotundidad lo que sienten, aquello en lo que nos reconocemos también nosotros: “La de señales que puedes conocer del otro, de lo más íntimas, y la poca intimidad que otorga entre dos personas una simple noche de sexo”.

A veces, los dioses, dicen, castigan nuestras plegarias al concedernos nuestros deseos. No hallaremos aquí moraleja alguna ni instrucciones de uso, tan sólo recordarnos que “el destino no nos pone las cosas tan fáciles: las señales también hay que ganárselas…”

domingo, marzo 09, 2008

CRÍTICAS EN PRENSA A: " Si vuelves..."

EL DEBUT
Mónica Gutiérrez Sancho, nació en Sevilla en 1973 y educada y formada en Zaragoza, donde reside, publica una cuidadísima primera novela: "Si vuelves te contaré el secreto"(Caballo de Troya Madrid 2008 192 páginas), que es la narración de un lugar donde suena el jazz a todas horas (The Club), la historia de una calle( Praga) con sus moradores y, sobre todo, la historia de varios personajes, sobre todo mujeres (Rita, Julia, Sara...), que cantan y tocan y que viven relaciones de amor, de soledad, de búsqueda. La novela, en la que suenan piezas de jazz, canciones oscuras de pasión y desgarro, propone un viaje hacia la felicidad, hacia la esperanza, pero pronto percibimos que hay una emboscada, un trampantojo de emociones y sombras. Mónica escribe con transparencia y elegancia, y propone un mundo sugestivo, lleno de sugerencias y de hallazgos del tipo: "el dolor transforma la realidad más brutal en la belleza más absoluta." Antón Castro. HERALDO DE ARAGÓN.



E L C U L T U R A L
EL MUNDO
6 - 3 - 2 0 0 8

L E T R A S / O P E R A P R I M A
Si vuelves te contaré
un secreto

MÓNICA GUTIÉRREZ
Caballo de Troya, 2008
190 páginas, 12 euros

La felicidad está de moda. Ayuda a vender libros. Esta primera novela de la sevillana afincada en Zaragoza Mónica Gutiérrez Sancho es una fábula sobre la búsqueda de la felicidad. Tal
vez demasiado compleja en su construcción y demasiado cargada de lirismo para ser vendida como eso que llaman “novela inspiracional” pero próxima a ellas en intenciones y atmósfera. En sus páginas varios personajes que ya no esperan nada de la vida reciben su última oportunidad. Y esconde una trampa casi tan grande como su ilusión.
El lugar donde la felicidad es posible es en esta historia un extraño café llamado The Club. Los clientes sólo pueden visitarlo una vez: después, sus puertas se cierran para siempre. Para todos, excepto para sus trabajadores, los encargados de hacer que la felicidad sea posible aunque efímera. Ellos son los protagonistas de esta novela.Así, el portero nocturno a punto de jubilarse,
la prostituta con dotes como cantante o la vendedora de vestidos de novia que aborrece su trabajo se encontrarán en ese lugar de terciopelos, sedas y músicas acariciadoras, y descubrirán que el escenario que proporciona a algunos la felicidad es causa de la desgracia de otros.

Gutiérrez Sancho apunta maneras en esta novela. Sin embargo, descuida a su lector al crearle unas expectativas que no cumple ni de lejos. Los diálogos son abusivos, apenas aportan información, y el final es insípido. Y es que no basta con crear personajes casi perfectos.
Luego es necesario hacer algo con ellos. Y algo que no defraude.
CARE SANTOS


Ha sido una gran satisfacción recibir mis dos primeras críticas en prensa. La primera por parte de Antón Castro en el HERALDO DE ARAGÓN y la segunda en: EL CULTURAL, del diario EL MUNDO de esta semana por la escritora Care Santos. Al parece también bloggera: http://www.silencioeslodemas.blogspot.com/

En esta segunda sí me gustaría remarcar un punto. No de la crítica, soy alguien que comienza desde el suelo, y estoy deseando dejarme empapar por todo tipo de opiniones que me ayuden a crecer poco a poco.
Me refiero al comienzo: "La felicidad está de moda. Ayuda a vender libros." Ya que a mi entender las críticas deberían estar hechas a la obra del autor, no a los supuestos motivos personales que han llevado al autor a escribirla.
Es un desafortunado principio, teniendo en cuenta que muchos ya sabéis que el libro está escrito como homenaje a mi padre que falleció demasiado joven carcomido por un cáncer y que no pudo llegar a leerlo entero. Un libro cargado de jazz.

No está escrita precisamente para subirme a ningún carro de las ventas. Había demasiado dolor y ninguna felicidad en mi estudio y en mi vida, cuando se gestó esta obra.
Ésta y todas. Porque escribo desde las tripas y me la traé al viento las modas que se lleven en las pasarelas literarias.
Obviamente el crítico no debe tener por qué conocer toda la bio-bibliografía de un autor, sería absurdo y por ese mismo motivo, considero que entrar en percepciones personales también lo es.