sábado, noviembre 29, 2008

Si vuelves te contaré el secreto

Quería agradecer a todas las personas que se han puesto en contacto conmigo de distintos puntos de España ( y extranjero) interesados en conseguir mi novela. Y por avisarme que están teniendo problemas para poder encontrarla desde hace un tiempo tanto en librerías como vía Web.

De todas formas hay que tener en cuenta que Caballo de Troya distribuye de forma independiente, que ya no es una novedad y que soy autora desconocida.

En los siguientes días os comentaré algo más concreto al respecto, después de hablar con mi Editorial.

Un abrazo, y gracias por esa insistencia en las peticiones y vuestro apoyo.
Mónica

lunes, noviembre 10, 2008

Entre el techo y el suelo


4 de julio 
Al llegar a casa he sentido que había alguien. He subido a su estudio y he visto que no era así. Solo está él sentado en el suelo. Seguramente trabajando en alguna idea de un proyecto y no he querido molestarle. He bajado las escaleras de madera sin tan apenas hacer ruido. Para qué mentir. No tengo ganas de hablar con él. Ni de que él tenga que hacerlo conmigo. Ya no me escucha y yo tampoco. Antes se lo decía de broma, cuando se levantaba de la mesa de trabajo con el pelo alborotado. Ahora ya no hay ni siquiera ironía en nuestra vida, mucho menos en nuestras conversaciones.

Al levantarme me he dado cuenta que no estaba en la cama. Ni siquiera ha venido a dormir. Su lado está intacto. Ni una sola arruga. Lo que me ha hecho recordar lo poco que me muevo mientras duermo. Sigue en su estudio. Subo antes de irme a trabajar. Está todo patas arriba. Ha arrancado el papel de una de las paredes y apoya la cara contra ella. Parece dormido. Le grito que qué demonios ha hecho. Se despierta sobresaltado y veo que lleva sobre la cara las marcas del horrible estucado que inicialmente cubría esa pared.
Masculla algo, que es para el trabajo o algo así, y me da la espalda. Apoya la otra mejilla en la pared quedándose en una especie de letargo desesperante.

Ha pasado una semana. Ya ni siquiera me contesta. Ni siquiera sé si come lo que le subo. Cuando vuelvo por la noche todo es un caos. Nuevo, diferente del anterior. Va arrancando las capas de esa maldita pared como el que pela una cebolla. Ya ha quitado el estucado, luego dos capas más. Hay restos de diversas vidas y épocas sobre el suelo. Por la noche, de madrugada, no sé en qué momento, lo recoge y al día siguiente vuelta a empezar.

– Acabaras sin pared maldito loco.
Le grité un día. Y no sé por qué eso pareció calmarle. No volvió a arrancar nada más. Le dejó tranquilas las pocas entrañas que le quedaban. 

No responde a mi cariño, ni a mis gritos de madre en apuros, ni a mis suplicas de esposa desconsolada. He probado con todas las clases de plañideras de pago y auténticas que existen y no hay nada que hacer. Y esa horrible sensación de que alguien me observa.  Cada paso. Cada gesto. Que sonríe. Algunas veces incluso  creo escuchar sus carcajadas mientras observa cómo nos alejamos tanto que ya ni siquiera podemos escucharnos. Y ese olor a humedad que circula a su antojo por nuestras vidas.


29 de julio

– Ya no sé qué puedo hacer. Antes aún me contestaba aunque fuera un monosílabo. Ahora ni eso. Pasa las horas y los días en el suelo apoyado sobre esa pared.

– ¿Qué situación laboral tiene?
– Es arquitecto y estaba estudiando un posible proyecto. 
– Ya, y no lo ha conseguido.
– Pues es que no lo sé. Yo suponía que sí, que por eso estaba todo el día encerrado en el estudio. Pero ahora me hace usted dudar.  ¿Pero lo ha visto? No se levanta del suelo con las narices pegadas a la pared. 
– Podría tratarse de un caso de depresión. Puede arrastrar este problema desde hace tiempo y es ahora cuando ha explotado. 
– No me cuadra. Él no es así. Demasiado orgulloso para deprimirse.
– Esa actitud no es la correcta si pretende ayudarle.
– Lo siento, pero verlo ahí como un...
– Sí, está claro que necesita ayuda. 
– Sí, está claro. Y que yo no puedo más. Ha dejado de darme pena. Ha dejado de darme todo.


Al pasar las yemas de los dedos de arriba a abajo por la pared notó como ésta se erizaba. Se erizó como si se tratara de la piel de una adolescente enamorada. Se separó sobresaltado y pensó que llevaba demasiadas noches sin dormir. Demasiadas noches y días ahí arriba encerrado en proyectos inexistentes, solo por no tener que salir fuera. Pero al volver a acercar las manos volvió a sentirlo, a sentirla. Le arrancó las horribles telas que la cubrían y fue entonces cuando notó que se comportaba como una mujer desnuda avergonzada de su cuerpo. Cuerpo lleno de bultos, de granos de piedra y yeso que a él se le antojaron hermosos. Pasó toda la noche besándolos, acariciándolos, durmiendo sobre su bello,  frío e imperfecto cuerpo.
Decidió dejarla lo más bella posible. Era arquitecto, era su trabajo, su especialidad. Armado como el mejor de los cirujanos plásticos de Hollywood, le arrancó todas las partes sobrantes, hasta que se dio cuenta que si seguía intentando quitar lo terrible que la había ido cubriendo con el tiempo, se quedaría sin nada, sin ella. La bruja de su mujer por una vez podía tener razón. Así que se limitó a dormitar a su lado. A vivir a su lado.
Ahora ha decidido traerle un médico. Eso es buena señal, señal de que ha claudicado, de que pronto se irá y les dejará tranquilos y en paz. Eso espera por su bien. Ya no sabe cómo frenar el odio que su mujer despierta en ella. Cuánto tiempo podrá y querrá sujetar su mano húmeda antes de que la atrape. Sabe que cuando él se aleja la persigue entre el suelo, el techo, las paredes.  

El buen doctor y ella han entrado en el estudio como si no hubieran interrumpido nada. A nadie. Y al marcharse su mujer cierra la puerta de golpe. Como siempre. Él sabe que lo hace a idea. Para dañarla, para hacerles daño.

– Ay – se escucha a ras del suelo. Es un leve, casi imperceptible quejido de hembra herida. Y él como tantas veces se agacha y coge el pequeño pedazo de pared que ha caído por el golpe. Lo acaricia y con la ternura de quien ha curado muchas veces esas pequeñas heridas, se prepara para hacerlo de nuevo.

A VECES...

A veces de repente, a uno cualquiera le da por ahí y decide componerte una canción, tu propio tango, lento y fogoso. Pero no siempre la letra acompaña. No siempre está plagado de esas estrofas que deseas que te canten muy cerca. Tan cerca que si es posible no se llegue a enterar ni tu propia oreja. Y ese estribillo que no para de repetirse, a pesar de llevar un son lento es tan duro que se clava de lleno en tu estómago y lo agarra y no lo suelta.
El reproche es junto con el odio uno de los peores estados en los que puede sentarse a comer, dormir y convivir cada día el ser humano. No es letra de canción para un bolero. Ni siquiera para un tango canalla.
A veces creo que me separo en dos. Que mi permanente estado de géminis en alerta me lleva a situaciones que no sólo no deseo, sino que ni tan siquiera busco. A veces creo que mi otro yo hace maldades a mis espaldas, para que cuando llega la noche y yo despierto, revivo, reacciono, como otros lo hacen con las primeras luces del día, me encuentre que al despertar no me entienden. Nada. La nada más absoluta.
A veces creo que estoy compuesta por dos mujeres diferentes, como las canciones que tienen dos estrofas. Dos vidas paralelas que no llegan a encontrarse.
No lo sé. Pero hoy escribieron un tango para mí y por título llevaba: "Reproches". Y yo no entendí nada.




Esto sí quiero que me lo canten...
Y no hagan caso, la realidad y la ficción y más en estos momentos de total hermetismo y vida casi monacal (casi), siempre van unidas de la mano, tanto que no se distinguen ni las formas de los dedos.

viernes, octubre 24, 2008

REVISTA WOMAN, OCTUBRE 08

1) “Si vuelves te contaré el secreto” ha sido reseñado en la revista para mujeres por excelencia (no, no es el Cosmo) WOMAN del mes de Octubre, junto con MTuent mi alter ego. No sé qué pensará J. Grisham o Murakami de que les hayan customizado con una de mis piezas de bisutería antigua, a Ray Loriga sí me encantaría poder preguntárselo.

2) Luis García Director de contenidos de www.Literaturas.com me pidió muy amablemente si me apetecería colaborar con ellos. Sobra decir cuál ha sido mi respuesta.

3) Hace ya tiempo que está en línea la revista virtual y visual que conduce esa mujer multifunciones (como mi Canon), encantadora, entrañable y que tiene la suerte de comer el pan de oro a diario que es Luisa Miñana y su “Cronista en la red”. Uno de mis relatos ha sido publicado en compañía de Tapies. Todo un honor.

4) Por último y no menos importante había olvidado lo que era escribir. Me explico. No se puede olvidar lo que se realiza a diario, como beber agua, pero sí había olvidado esa sensación extenuante que implica. Los lugares a los que te puede llevar sin que te enteres la mente si la sueltas del todo dentro del universo cerrado de una novela. Estoy en ello. Bebiendo ya las tazas humeantes de té chino en la isla de la Atlántida. ¿Qué no existe? Hay tantas cosas que no existen…
No recordaba que el proceso fuera tan duro, tan gratificante y tan intenso. Así que perdonarán mis ausencias (físicas y mentales), los correos no contestados, las llamadas perdidas, no contestadas, los cafés pendientes, porque la que está perdida por otros mundos es mi cabeza...

Un abrazo a todos


martes, octubre 07, 2008

REVISTA NARRATIVAS NÚMERO 11

Ya está en línea el número 11 de la REVISTA NARRATIVAS. Este número es especial para mí, ya que como algunos sabéis he comenzado a colaborar desde dentro gracias a la generosidad de su editor Carlos Manzano.
Podéis descargarlo aquí: REVISTA NARRATIVAS.

Por otro lado he tenido el enorme placer de poder entrevistar a la escritora nacida en la tierra del cierzo Soledad Puértolas. No sólo ha sido un honor, también una especie de aprendizaje. Una autora a la que sigo desde que no levantaba un palmo del suelo.
Incluyo aquí la entrevista en agradecimiento a su tiempo y el talento que nos regala con cada párrafo de sus obras.



"La mente siempre está tramando algo, siempre hay algo vivo por dentro, eso es lo mejor de todo. Por eso, cuando se termina una novela, el vacío resulta insoportable."


Soledad Puértolas ha vuelto a deleitarnos y hablarnos con sus letras después de años en silencio con una gran obra, Cielo Nocturno, una novela muy esperada de esta autora aragonesa prolífica y polifacética.


Soledad hace un tiempo dio vida a su primera obra: El bandido doblemente armado, creando un espacio que sale de las páginas y nos permite tomarnos un café mientras disfrutamos de un buen libro. Un proyecto llevado a cabo junto a su hijo Diego Pita en el barrio de Chamberí de Madrid.


Hemos tenido el placer y el privilegio de que nos abra las puertas para contarnos cómo ha vivido y vive la literatura. Y su peculiar manera de ver y contar la vida a través de sus personajes. Probablemente teniendo cerca al compañero más fiel del hombre, que para ella siempre es una buena compañía a la hora de escribir, de perderse en otros mundos.

NARRATIVAS : Tu primera novela, El bandido doblemente armado, obtuvo el Premio Sésamo en el año 1979, lo que te facilitó una brillante entrada en el panorama literario nacional. ¿Qué evolu-ción literaria y personal observas entre la Soledad Puértolas de aquella época y la actual?



SOLEDAD PUÉRTOLAS: Ha pasado mucho tiempo desde entonces, casi treinta años, así que es-pero haber evolucionado, si no, sería terrible... Naturalmente, hay algo que se mantiene, pero es muy vago, es una forma de mirar, una tendencia estética. Lo que la vida te enseña, lo que te da, lo que te quita, todo eso se refleja en lo que se escribe. Sigo recordando con mucho afecto al Ban-dido, porque allí encontré una voz que no era yo, pero que me permitía expresar cosas que me importaban. Esa es una lección que aprendí entonces y que todavía me sirve. En cada narración, busco una voz por la que transitar y descubrir cosas, a partir de algo que conozco y con la idea de avanzar en lo desconocido. El proceso es más o menos el mismo, pero los puntos de partida han ido cobrando matices distintos.



N.: ¿Qué influencia ha llegado a tener en tu obra tu temprana marcha de España y tu experiencia en Noruega y Estados Unidos? ¿Ya entonces tenías claro que querías ser escritora?
SP.: No me planteaba si sería escritora o no, como si eso fuera una profesión, pero escribí desde niña, desde que descubrí los cuentos. Si existían los cuentos, era porque alguien los escribía, ¿por qué no yo? Pero más bien pensaba que era una actividad secreta, casi clandestina, algo que se hace al margen de la vida que muestras a los otros. Y, en cierto modo, es así, sigue siendo así. Escribir es mi actividad esencial, mi identidad, es algo exclusivamente mío. Al publicar, se com-parte. Mientras se escribe, no.
Los viajes le dieron giros a mi vida, me hicieron ver el mundo de otra manera. Y, sobre todo, a mí misma. Me mostraron cómo era yo lejos de casa, me hicieron descubrir muchas cosas personales. Por eso están presentes en mis libros. En mis relatos, siempre hay alguien que viaja, que se va, que se aleja. Los regresos también son interesantes. Lo que más me gusta es ese punto del viaje en que la desconexión se convierte, por extrañas razones, en una forma de conexión.

N.: Hace ya mucho tiempo, siendo casi una niña, tuve el placer de escucharte en una charla litera-ria. Aún guardo tu dedicatoria: "Mucho ánimo y adelante". Me encantó que alguien consagrado como tú me lo dijera. Siempre lo interpreté como que no todo iba a ser tan romántico y fácil como piensan muchos. Unos años después me gustaría preguntártelo: ¿Piensas que es duro tomar la decisión de vivir rodeado de personajes?

SP.: Toda actividad solitaria resulta dura. Lo que no tiene un reflejo directo en los otros apenas tiene existencia. Se hace difícil poner la fe en algo que sólo ves tú. No es una actitud muy cuerda, implica mucho aislamiento. Es el precio que se paga y va más allá de tomar una decisión o no. Simplemente, es así. Y tiene muchas compensaciones. La mente siempre está tramando algo, siempre hay algo vivo por dentro, eso es lo mejor de todo. Por eso, cuando se termina una novela, el vacío resulta insoportable.

N.: Tus obras pocas veces ofrecen universos cerrados y simples, e incluso has afirmado alguna vez que buscas un lector activo, que participe en la historia y no se limite al papel de mero receptor. ¿Podríamos decir que el papel del lector en el proceso de construcción de una novela es casi tan importante como el del propio autor?

SP.: El lector lee la novela que quiere o puede o desea leer. Sin él, es una obra estéril, un callejón sin salida. Cuentas con él mientras escribes, pero de una forma muy vaga. Es invisible, no tiene cara ni cuerpo, nada. Pero sabes perfectamente que está, que es tu cómplice. Si esa sensación desaparece, caes en un agujero negro. Ni siquiera me lo puedo imaginar. Esta es la premisa de la literatura: existe el lector.

N.: Se ha destacado en más de una ocasión el papel que juega el silencio de los personajes en tus obras.


SP.: El silencio es la otra cara del lenguaje. Más aún, de la literatura, donde el lenguaje se ha hecho original. El silencio, los huecos, los espacios vacíos. Es el tiempo, también. Para poder hacer tuya una obra, para poder interpretarla, tiene que existir el silencio. Si se dice todo –lo cual, por otra parte, es imposible–, ¿qué queda para la imaginación, para la creación?

N.: Has escrito también ensayo. ¿Qué lugar ocupa este género en el conjunto de tu producción literaria?


SP.: Me gusta divagar, escribir sobre obras que admiro, sobre los mil asuntos que rodean la literatura. Así se emplea un poco la razón, todo el aparato discursivo. Es entretenido y, de pronto, por sorpresa, encuentras algo. O crees que encuentras algo. No está en el centro de mis intereses, pero me gusta mucho.

N.: Se observa asimismo en tus obras cierto poso de desilusión y desengaño, sueles crear personajes poco seguros de sí mismos, inmersos en la duda permanente.


SP.: Es difícil hablar de lo propio. Pero no veo desilusión o desengaño, sino personajes que no saben cómo vivir. Es una etapa anterior. Se asombran de los ilusionados y de los desilusionados. Ellos se han quedado un poco al margen, andan a ciegas, como en un túnel. Este es asunto difícil de resolver. Buscan la armonía y quizá la armonía no exista. Tienen buenos momentos, eso sí.

N.: ¿Cómo calificarías la situación actual de la literatura actual y, más en concreto, del mercado editorial en España?
SP.: No soy muy buena con los dictámenes, pero todo indica que el mercado editorial atraviesa un momento muy duro. Lo que no se vende de forma inmediata desaparece. La venta de libros ha descendido y sólo los best sellers siguen teniendo lectores, y muchos. Luego están los baremos de prestigio, de calidad, pero ¿quién los administra? En fin, el panorama no anima nada.

N.: ¿Cómo logras dar forma a unos universos tan hermosos, llenos de sensibilidad y a la vez de realismo para qué funcionen y tengan esa estructura digna del mejor arquitecto de las letras?
SP.: Gracias por la opinión. Lo único que sé es que escribir, inventar, me gusta mucho. Y me he propuesto confiar, como si fuera un don. Así que me olvido de todo, dejo la mente en blanco y que me invadan... Ya me las arreglaré, me digo.

N.: Por último: ¿Tiene Soledad alguna manía confesable o inconfesable a la hora de inventar, de crear, de escribir?


SP.: Inconfesable, no sé. Me gusta escribir con una taza de café. Más tarde, una cerveza. Los perros, cerca. Y música.

* Preguntas redactadas junto con Carlos Manzano.

Espero que disfrutéis con la lectura de este número y por supuesto que os animéis a colaborar para el próximo número.

* Imagen de Soledad del archivo de" El Mundo", elegida por Antón Castro, me parece realmente preciosa.

domingo, septiembre 28, 2008

PAUL NEWMAN

Tienes los ojos azul turquesa. ¿Nunca te han dicho que se parecen a los de Paul Newman? Cuántas veces habremos dicho esta frase a alguien, a veces porque el bar y el momento era propicio y otras porque era cierta. Pero ninguno de esos pares de ojos, por muy azules que fueran, muy penetrantes o muy bonitos eran como los suyos. Siempre fallaba algo, el que no pecaba de blando, lo hacía de cursi, o no transmitía ni de lejos lo que transmitían los suyos.

“La gata sobre el tejado de zinc” una de mis películas favoritas de Newman, puso en guerra sus ojos con los de Elizabeth Taylor. Ese hombre atormentado que se comió las paredes, las muletas y el resto del reparto, para encerrarse con los de la pequeña y grande Elizabeth dentro de una habitación y hacernos estremecer en el asiento.

Siempre se habla de James Dean como el rebelde por excelencia, aunque para mí nadie interpretó como Paul el dolor y la rabia. La ira y la rebeldía, el ser la pieza del puzzle que sobra y el tener que vivir en un mundo que no soporta y con la complicidad interna latente de que no podrá hacer nada para que eso cambie. Ojos claros sin un ápice de cursilería que caminan amotinados contra el mundo. Sólo los suyos.

Demostró con una amplia y prolífica carrera, que no era sólo un guapo más de la época dorada de Hollywood. Que era un actor que hacía temblar los cimientos del plató cuando lo pisaba.

El premio. Aborrecí la alfombra roja y ese mal café que tuvieron década tras década, mucho antes de haber tenido la suerte de cruzar su mirada con la mía, por no otorgarle ninguna de las estatuillas del impertérrito, tieso y brillante amigo Óscar que tanto merecía. Se la entregaron cuando ya era mayor, por un remake en el que jugó como sólo saben jugar los grandes. Puede que tampoco le importara demasiado. Como seguramente no le importaron los millones de mujeres que suspiraban a su alrededor y desde nuestras casas.
Hasta eso lo hizo bien. Casado en dos ocasiones, convivió durante medio siglo con su segunda mujer, hasta el final. Algo que me hace reafirmarme que tras esa mirada imposible de copiar, y menos de imitar, algo así como la renombrada sonrisa de la Gioconda, se escondía un hombre normal. Una normalidad arrebatadora y maravillosa.


He estado alejada por unos días de todo y una vuelve y se entera de que Paul Newman ha muerto. Un actor que en mi opinión y a pesar de grandes películas, su mejor pareja en las pantallas, la más apasionada, compenetrada y genial no fue con ninguna mujer, sino con un rubio platino: Robert Redford. Dándonos a todos “El golpe” o demostrándonos que el Destino puede unir a dos hombres.
Paul Newman no debería morir. No debería permitirse que sucediera. Es como si el cine, una parte de él también lo hubiera hecho.

domingo, septiembre 14, 2008

ANDRÉS CALAMARO en la EXPO...

Definir a Andrés Calamaro, sería para mí el equivalente a la definición del verbo reinventar, o reinventarse. Andrés es una mezcla de tango canalla, de elegancia y pasión argentina, con un punto de ese Madrid que le atrapa y un alma cansada e hiperactiva que sólo tienen los grandes, los que la han usado tanto para crear, que alterna ambos estados en un mismo tiempo. Un alma escondida siempre tras sus gafas. Unas gafas que cuando se apartan, nos dejan ver unos ojos chiquitos, que dirían en su tierra, pero de esos que miran de frente. Es música, rock con ritmo y raíces latinas. Es un artista. Sí, creo que lo grité muchas veces ayer por la noche durante el concierto de la EXPO. Y creo que fue de los pocos gritos que escuché en las casi dos horas, rodeada de gente que me miraba como si estuviera loca. Un concierto en el que lo intentó dar todo, pero en el que se encontró con una amante cansada y poco correspondido.
Acompañado por sus geniales músicos nos regaló una actuación de las que hacen época, al margen del maldito cierzo, de un frío polar, de la avalancha de gente, que sigo sin entender para qué va a un concierto si no le interesa. Y con ese frío…
“Crímenes perfectos”, “Todavía una canción de amor”, “Me arde”, “Todo lo demás”…Temas que me hicieron vivir miles de flashback para producirme una sensación de tranquilidad, de paz, de haber conseguido el master en papiroflexia…
Pequeños cambios en las letras, que no sé si todo el mundo se percató, o mejor dicho entendió. Calamaro juega con nosotros, con el público, y juega consigo mismo.
En su blog comentaba hoy:


Anoche en Zaragoza hacia frió, volvíamos a la ultima tierra de Guille (en la tierra),
llegamos con lesionados y encontramos... frió. El calor de los calientes y el frió en el aire... Mucho publico, quizás demasiado ... o demasiado casual : Gente que pasa por ahí. D todas maneras supongo que entre semejante multitud friolenta estarían aquellos que prestan su sensibilidad al servicio de su propia alegría.
Costo labrar el triunfo final, bien podría achacarse la dificultad al frió ambiental.
Niño Josele puso la guinda y Jaime encendió la noche al calor del amor...

Estábamos, pocos, no muchos y como siempre los malos se dejan ver y oír más que los buenos. Pero estábamos, los que nos remontamos desde tiempos de los “Abuelos de la nada”. Había gente a mi alrededor que cantaba las últimas canciones. Gente que cantaba sólo las de “Los Rodríguez”, gente que cantaba sólo las de “Honestidad Brutal”, gente que cantábamos todas.
Brutal, Calamaro estuvo brutal. Y agradezco a mi odiado cierzo y a los que diseñaron esa caja de los vientos y le otorgaron el surrealista nombre de anfiteatro, que deja a los artistas rodeados de aire y sin nada que les cubra por ninguno de los frentes, por permitirnos ver bailar a Andrés como un Mick Jagger. Como un roquero de los de siempre, de los de antes, de los que no quedan. Puede que fuera el frío, el cierzo, o el frío del público, pero en más de 20 años que le sigo nunca le vi bailar así. Probablemente el próximo concierto, lo de sentado, o haciendo el pino, porque Elvis no sé si está vivo, pero Andrés Calamaro sí y se reinventa cada día que pasa.
Grande Calamaro! También fue mi grito anoche, esa parte romana que me sale de dentro. Le dieron mi libro ¿Se puede pedir algo más? Sí que lo lea y le guste… O mejor dicho no, que siga siendo el puto amo del escenario allá dónde quiera que vaya.