domingo, mayo 08, 2011

FRAGMENTOS

Relato publicado en el libro: "Velas al Viento". Editorial Libros del Vigia. Junio 2010. (Selección y Prólogo de Fernando Valls).
http://monicagutierrez.blogspot.com/2010/07/antologia-del-microrrelato-hispanico.html

FRAGMENTOS

Al principio no sabía con qué excusa pasar el mayor tiempo posible a su lado. Más tarde no sabía cual era la mejor manera de quedarme a pesar de haber salido por la puerta. Por más prácticas que hice no conseguí el don de la ubicuidad. Así que un día decidí comenzar la ardua tarea de dejarme olvidada en imperceptibles fragmentos en los pocos metros que tiene su casa.
Como un repelente scout con corbatilla bicolor, la primera vez dejé una señal para no perder el rumbo en el mapa de navegación de vuelta. Un papel con unos dibujos mal trazados de esos que siempre hago. Hacía calor. Abrió la ventana. El papel voló. Volé yo.
Un día de otoñó al irme dejé caer un pañuelo que llevaba alrededor del cuello. Como si hubiéramos retrocedido en el tiempo hasta esos siglos, donde no sólo no era una vulgar cursilería, sino un signo inefable de que algo quedaba por decir entre una mujer y un hombre. Un signo descarado e imperdonable. Una vez que lo vi ahí, desparramado sobre el suelo de madera calentito por esa exagerada calefacción central se me antojó ridículo.


– Se te ha caído – me lo dio y cerró la puerta sonriendo como casi siempre.

Bajé las escaleras enredándolo entre el pelo y apretándolo al cuello, para que no dejara que la garganta tragara como traga cuando quiere hacer pucheros.

Otra tarde me marché como tantas otras sin decir nada. Trabajaba en su estudio y era un pacto entre caballeros no molestar ni para el hola, ni para el adiós. Me aseguré de quedarme mejor escondida. Entre los cojines del sofá dejé un pendiente. Sabía que nunca lo encontraría. Que no limpiaría tan a conciencia para encontrarme ahí, entre las entrañas de ese sofá de espuma recogido en el rastro un domingo por la mañana.
A los días me llamó para decirme que una amiga lo había encontrado.
En verano el frigorífico se llenó de cerveza y aire. Ahí me metí. No sé cómo, pero al fondo me quedé en forma de hielo en la cubitera de plástico quebrada por una esquina. Pero el verano pasa, como pasan las horas y como se derriten los hielos entre las bocas cansadas.
Dejé monedas, horquillas, miles de elementos diminutos que formaban mi esencia y que de una manera u otra desaparecían, como desaparecían las horas para seguir soportando fragmentarme, de esa forma constante, hiriente y desoladora, por lo cruenta de la misma.
En invierno fue uno de mis sombreros, que ahora descansa inerte sobre el perchero de la entrada. Siempre le sentó mejor que a mi cabeza.

Me voy de viaje les dije a todos. Sin mayores explicaciones, sin demasiadas penas y ninguna gloria. Mal vendí muebles, enseres y dejé mi piso de alquiler. Cogí toda la ropa y la metí en las maletas y la facturé con rumbo a ninguna parte. Llamé a su puerta.

Esta vez no podría olvidar nada, ni un jersey, ni un pendiente, ni una risa, ni un puto papel. Ya no tenía nada. Tampoco podría esconderlo, esconderme. Desnuda ante la puerta sin tan siquiera una triste maleta como Teresa ante Tomás y su insoportable levedad del ser, permanecí inmóvil. Él cogió el sombrero del perchero y me lo puso sobre el pelo empapado de agua, calor y frío.

− No sé por qué no te quedaste escondida, olvidada en mi casa mucho antes.

26 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien, muy bien. Otro trozo de tí. Si, bien, muy bien.
Tambien podrías decir que no, que no es autobiográfico, pero no te creería.
Melancolía en vena.
Mientras te leo escucho a otro que también me gusta "...como la certeza de que no sueñas conmigo...". En este caso os complementaís.
Te leo y me gusta,
Duncan.

39escalones dijo...

Buenooooo, qué final. Estupendo, estupendo.
Un abrazo

alba alpha dijo...

Lo vuelvo a leer y me sigue pareciendo excelente.
Saludos
Alba

Víctor González dijo...

Escribiría muchas cosas pero todas me parecen innecesarias. Simplemente buenísimo.
Gracias por la perla.
Saludos.

Víctor González dijo...

Por cierto paso a incorporarte a mi radiobaliza, enriquecerás mi campo de vuelo.

Mónica dijo...

Alfredo, me alegro de que te guste. Sí, el final es un pequeño homenaje a ese libro que marcó mi paso a la adolescencia, se me quedó marcado como un tatuaje. No sé si has visto la película, nada que ver...

Besos

Mónica dijo...

Alba, y gracias de nuevo. Es cierto, el relato se le envié a Fernando Valls, por el aniversario del blog, si mal no recuerdo es quién nos puso "en contacto".

Un abrazo

Mónica dijo...

Víctor, gracias por tus palabras y por incluirme, además estar cerquita de Mujeres de Roma, es un lujazo.

Un abrazo

Pat Rizia dijo...

Querida Mónica, me dejas un nudarraco en la garganta, qué triste y qué bonito. Me ha recordado un cuento que he leído recientemente en Mil cretinos, de Monzó, donde una mujer, para olvidar a su marido, tira todo lo que le recuerda a él, desmonta el piso y hasta se desmonta a ella misma. Me ha encantado, resulta conmovedor cómo ella quiere dejar huellas leves, etéreas, y me alegro de que al final se vaya, porque el tipo ese no tenía ojos en la cara. Genial lo del detalle del pendiente encontrado por una amiga en sofá. Todo un clásico. Besos mil, Patro.

Pat Rizia dijo...

Ah, y qué alegría que te pases por la fnac el día 4, me hará mucha ilusión verte por allí, mil gracias! Patro

Cristian dijo...

Hola Mónica,

Ando entretenido con Julia, Rita, Simón y Massimo...

Ya te contaré...

Besos

Miguel Sanfeliu dijo...

Buen relato. La fantasía y la realidad se fusionan pero, en esta ocasión, es la realidad la que se impone.
También a mí me gustó el libro de Kundera.
Un abrazo.

Mónica dijo...

Patro, tendrás valor, que aún tengo un nudo marinero que no se suelta cuando pienso en "Vaina"... Me alegro de que te guste. Es que hay mucho ciego suelto sin tan siquiera llevar bastón por las calles.
El 4 como un clavo estaré.
Un abrazo

Mónica dijo...

Uy Cristian, sí, sí ya me contarás, espero esa crítica no sabes cómo.

Baci

Mónica dijo...

Miguel, como casi siempre, al final por mucho que nos empeñemos la realidad supera cualquier ficción.
Sí, el libro fue un antes y un después en mi andadura como lectora. Me atrapó su originalidad, hay pasajes realmente geniales.

Un abrazo

Francisco Sianes dijo...

Sólo quien volvió de noche a casa -y las lanzas incesantes de la lluvia han vulnerado su calor y la oscuridad circundante lo ha extraviado aunque ha seguido su camino- y encuentra en su dormitorio -como oscuras bocas hambrientas o implorantes o acaso sólo mudas- unos zapatos vacíos que sostuvieron siempre el cuerpo amado puede escuchar, con conciencia de estar vivo sin haber sobrevivido, la balada del adiós y la distancia.

Leo Zelada Grajeda dijo...

Interesante tu relato.


Saludos de un colega en Madrid.

Fernando Alcalá dijo...

Me esperaba un final compmletamente distinto!!

Me ha encantado y no deja de ser real. De hecho, hace dos días, una amiga me comentaba que hacía exacamente lo mismo que hace tu protagonista.

Solo que ella también se deja el catálogo de pronovias olvidado en la mesa del escritorio... (sin éxito. Por ahora)

malvisto dijo...

Qué bonito, pero es tan triste. Y por ahora lo único que quiero ver llorar es cuando le da al día por llover. Pero qué bonito el final: el libro sí, pero la película nunca la he visto.
besos,

Mónica dijo...

Francisco, si te parece dejamos el final abierto y un día ponemos el tuyo y otro el mío. Preciosas palabras.
Gracias.

Un abrazo

Mónica dijo...

Leo, me alegro de que te guste.
Un abrazo,

Fernando, vamos a ver, es que si lanza mensajes un poquito más subliminales igual tiene más suerte, lo del catálogo... muy fuerte.
Me alegro mucho de que te guste. ¿Cómo va esa racha narrativa? Espero que igual de fuerte.

Un abrazo

Mónica dijo...

Andrés, la película, a pesar de contar con unos buenos protagonistas no me gustó. Creo que es un libro demasiado particular para llevarlo al cine, para ponerle cara a Teresa, a Tomás...
Es triste, sí, pero las relaciones humanas, siempre tienen un punto de tristeza, o como mínimo de melancolía.

Besos

colorfulips dijo...

Me ha gustado mucho visitar tu pàgina, y ésta entrada me parecio muy buena.
Saludos.

Frank Invernoz dijo...

Me ha dejado usted un nudo en el estómago. Un relato tan real y magnífico. Creíble. Recordé en uno de los pasajes de la narración que, hace muchos años, observé una horquilla sobre el salpicadero del coche de un amigo que me alcanzó, atentamente, al lugar de mi destino. Imaginé cosas en aquel momento y las volví a revivir con este texto magnífico.

Anónimo dijo...

Ya sé que es eso, yo también lo he vivido. Dejar parte de ti para, de alguna manera, estar con quien quieres, sin poder estar físicamente. Yo dejé muchos latidos...
...

Mónica dijo...

Qué lindo es dejar eso olvidado.