sábado, diciembre 22, 2007

SI VUELVES TE CONTARÉ EL SECRETO

Dicen y cuentan los que escriben, que el recibir por primera vez tu libro publicado es una sensación similar a la de tener a tu hijo recién nacido entre los brazos. También cuentan otras
muchas sensaciones e historias. La mía, teniendo en cuenta que no soy madre, ha estado plagada de Swing, ni un ápice de melancolía. Una sensación bestial que diría aquel. Y un terminar el año, una que no es dada a muchas celebraciones por estas fechas, con una gran satisfacción personal.

Aprovecho para agradecer la sinopsis o “Aviso de Lectura” como a él le gusta definirlo, que ha hecho Constantino Bértolo, de la obra.

AVISO DE LECTURA

Hace años, muchos, tuve la oportunidad de conocer a don Américo Castro, ya saben, el autor, entre otros libros imprescindibles, de "Los españoles, cómo llegaron a serlo". Pues bueno, en determinado momento comentó: "Hay que cuidar el colodrillo. No dejarse empapar de ideas tontas, por ejemplo, la felicidad. Qué tontería es esa de que hemos venido a este mundo para ser felices. Hasta en la Constitución norteamericana se recoge el derecho a la felicidad. Qué disparate. Aquí hemos venido a hacer cosas, lo mejor posible. La idea de la felicidad es un veneno".

Muchos años después el editor, mientras leía esta novela, hubo de recordar al viejo maestro porque sin aspavientos ni grandes gestos dramáticos, a ritmo de pieza de jazz, esta novela viene a contarnos los peligros que acechan detrás del imprudente deseo de ser felices. La felicidad como un agujero negro que fatalmente nos atrae, nos atrapa, y hace daño. Unos personajes tristes y anodinos descubren una última oportunidad de alcanzar la felicidad soñada y, como moscas ansiosas, caen en la luminosa trampa. Para escapar, los que pueden escapar, tendrán que dejarse, con dolor, parte de su piel, de su tacto y de sus sueños. Una fábula escrita con aire de cuento de hadas y que como todos los cuentos de hadas esconde una historia de terror.

Cónstantino Bértolo
Director Literario
Editorial Caballo de Troya

La novela estará en las Librerías a partir del 18 de Enero, os avisaré de la fecha de la Presentación que se hará en Zaragoza, sobra decir, que me encantaría contar con vuestra presencia.

He realizado una página Web para la novela. Se trata de una página básica, donde iré incluyendo cualquier tema o noticia referente al libro. Donde también podéis dejar cualquier crítica sobre la obra, constructiva o destructiva (se agradecerán más las primeras). Y donde se puede disfrutar de la música que recorrió las vidas de los personajes y sus páginas. Artie Shaw, Billie Holliday, o Duke Ellington entre otros:
Si vuelves te contaré el secreto
www.sivuelves.com

jueves, diciembre 13, 2007

DUDAS...

Pedro tenía una espantosa facilidad para dudar. Ya sé que tampoco es que sea algo raro. Nos ocurre a todos, incluso muchas más veces de las que pensamos. El caso, es que él lo hacía por todo. Era el genuino rey de la duda.
Desde comprarse una camisa, hasta los calcetines básicos negros tipo ejecutivo para ir a trabajar, le producían una desazón interna y un debate constante. Ni siquiera en la tienda donde le hacían su uniforme a medida terminaba de estar conforme.
Siempre pedía el último en los restaurantes, para acabar pensando que el plato de sus compañeros de mesa era mejor elección, incluso estiraba sin disimulo el cuello, para comparar el suyo con los ajenos. Y era cierto, habitualmente tenían mejor pinta y emanaban aromas mucho más sugestivos.
De viaje se perdía inevitablemente. Nadie quería que él llevara el coche y menos el plano, sus vacilaciones ante un cruce de carreteras o una rotonda, le hacían llegar a dar vueltas en círculo tantas veces, que al final se encontraba sin remedio en el punto de partida. Una y otra vez.
Con las mujeres, parecía que la historia era distinta. No tenía problema en salir con una y con otra. Aunque claro, quizá aquí deberíamos aplicar el tópico de que son ellas las que eligen…
Tampoco le duraban mucho, era guapo, tenía un sueldo fijo, pero las listas le mandaban al carajo cansadas de tener que esperar hasta para elegir la fila del cine; y las tontas, eran tontas, porque se puede vivir lleno de dudas, pero Pedro a fin de cuentas era un tío listo.

No he vuelto a verlo desde hace mucho tiempo. La última vez me lo encontré en la avenida que da a la Plaza Mayor, caminaba con pasos firmes y resueltos. Me paré. Él no quería pararse, era claramente una interrupción inoportuna.
– Voy a hacerlo – me dijo, mirándome fijamente como el que suelta una gran frase.
– Eso está bien. ¿Pero qué es lo que vas a hacer? – le pregunté.
Siguió caminando sin contestarme, rápido, aunque me fijé como se alejaba comenzando a dar casi imperceptibles trompicones con sus pies. Le vi entrar en la cuadrada e inmensa Plaza Mayor llena de pequeños agujeros que derivan en otros millones calles. Se quedó en el centro quieto, mirando a uno y otro lado.
Me marché, no sé si porque no quería verle dar la vuelta sobre sí mismo, o porque deseaba de veras pensar que lo hiciera, fuera lo que fuera, y continuara decidido y sin dudar su camino.

domingo, diciembre 09, 2007

PESO CERO

Antonia Romero nació siendo escritora, como otros nacen siendo rubios o morenos aunque luego se tiñan, para intentar cambiar lo imposible. Ella no podría hacerlo aunque quisiera. Seguramente más de una vez ha querido dejar de escribir, porque Antonia escribe desde dentro, desde las tripas, o mejor dicho desde el alma y eso a la larga, debe cansar mucho y dejar totalmente extenuado. Es algo que se palpa en todas y cada una de las páginas de su novela Peso Cero.
No es la primera obra de Antonia, aunque sí la primera en publicarse de momento, hace ya unos meses por la Editorial Diálogo. Yo la leí hará unos tres años, en un formato mucho menos bonito: un archivo Word. Ayer terminé su lectura por segunda vez.

Peso Cero es una obra que trata como tema principal la anorexia. Con un trasfondo que va mucho más allá. Trata el tema con dureza, y aunque no soy dada a eso de las sinopsis, es más me tapo los oídos cuando me leen alguna, sí les diré que no crean que están ante una mera obra para adolescentes con problemas alimenticios. Es una obra que nos toca a todos, ya que la historia podría ser la de cualquiera de nosotros, o la de una familia más de las que te cruzas por la calle. Son miserias cotidianas, anodinas en cierto modo, que por eso mismo se transforman página a página en algo que te toca de lleno en algún punto y no puedes desvincularte de ellos. Unos personajes trabajados, cuidados y amados. Antonia les quiere, pero lo justo. Ni demasiado para no dejarlos marchar y que actúen por su cuenta, pero sí lo suficiente para que vivan a través de sus letras.

Su prosa es limpia, fácil de seguir y engancha. Tiene una sensibilidad que no le deja respirar a gusto hasta que la ha soltado del todo y eso abarca todas sus páginas.
Hay novelas de las que recuerdas algo con el tiempo, otras casi nada, algunas nada. Ésta obra te deja marcados los nombres de sus personajes y sus miserias y debilidades por mucho tiempo en tu cabeza. No los olvidas, no la olvidas.

Enhorabuena Antonia.

domingo, noviembre 04, 2007

Diplomático


A veces uno se pregunta ciertas nimiedades, yo me pregunto por qué elegí estudiar para llegar a ser diplomático.
Creo que fue porque cuando era crío, un puto enano, sólo quería meterme en medio de las visitas que recibían en casa. Ponía cara de interés para que me introdujeran en sus charlas. Conversaciones que no eran nada más que pura y asquerosa demagogia sobre la situación política de tal o cual lugar, basura de “culturillas” ganadores de Trivial en equipo; pero a mí me encantaba. Juntaba las manos en la espalda y en posición de mayordomo enano de casa de un Lord inglés, miraba, sonreía, gesticulaba y admiraba la situación, que terminaba siempre igual: ¿A quién quieres más a tu mamá o a tu papá?
Me largaba a mi cuarto cabreado. Supongo que fue en una de esas huidas, cuando decidí que el día de mañana sería diplomático. No sabía muy bien lo qué significaba pero quería serlo.

Ahora mi oficio me sienta como un traje de rayas de dicho nombre, de poliéster, hecho con todas ellas sin casar y a máquina en una fábrica clandestina.
Odio a la gente. No a toda. Tampoco les odio. Es un término, muy poco diplomático, pero no les aguanto. La complicación para mantener una relación normal con el ser humano se me hace cada día más insoportable, me resulta más insalvable, a pesar de tener todas las respuestas y todas las preguntas, de ser un manual que anda y se mueve, para que el trato y el resultado sea perfecto si a mí me sale de las narices. Ya no me sale.
Sólo quiero que me dejen en paz. Bonito término. Imposible hacérselo entender. Nadie te deja en paz. Nunca.
Soy un diplomático sin amigos. Me cansé de buscarles las cosquillas por todo el cuerpo, incluso si era necesario en sus asquerosas plantas de los pies, para que rieran. Me harté de sacarles los palillos ardiendo de entre los dedos para estar a su lado cuando cayeran las lágrimas, y recibir la consiguiente palmada en la espalda: esta vez te has portado, te has ganado el punto para la siguiente fase.
Dejé de reír y llorar a su lado. Era una tarea demasiado ardua y sobre todo absurda. Demasiadas preguntas, demasiadas complicaciones para una simple charla. Una maldita caña en un bar cualquiera.

Ya no saludo cuando paseo a la mayoría de la gente que conozco y con la que tendría unas charlas fáciles y sin complicaciones. Nadie sabe de qué hablar en estas situaciones, son como una subida en ascensor, pero en el exterior de una calle. Yo sí sé. Lo he estudiado, pero ya no lo hago. Las evito. Es más suelo mirarles para girarles la cara después.

Supongo que el día que deje de sujetar la puerta a las señoras gordas en los centros comerciales, o me lance para quitarles el sitio a las viejas en el autobús habré tocado fondo. O habré alcanzado el cielo, según como se mire…

jueves, octubre 25, 2007

Prossima Fermata: FIRENZE

Firenze, es un lugar tan genuino, que me cuesta escribir sobre él sin hacerlo en italiano. Es como un pecado de los que se perdonan, pero no se olvidan, como si le dañaras en su orgullo más interno.
Firenze me ha desconcertado. Me ha dejado perpleja, no sólo por la belleza de sus calles, de las casas, de esas aceras inexistentes, del suelo desigual, del caos de las bicicletas que circulan a su aire como tantas otras cosas allí; sino por la naturalidad con la que se mama como de la teta materna el arte en todas y cada una de sus vertientes incluidas las más absurdas. Ya que a fin de cuentas qué es el arte sino un absurdo de la imaginación y la distorsión de la mente del ser humano.
Es como ese amante que te llevará hasta el paroxismo para quizá arrebatarte después en un segundo lo que te ha cedido, la extenuación a la que ha llevado tus sentidos, te expulse de entre sus brazos y no te permita dormir a su lado. No importa. A quién podría importarle. Es un riesgo imposible de dejar pasar. Y paradójicamente Firenze te otorga la tranquilidad esa que no sabes dónde pusiste, o que puede que tiraras sin darte cuenta a la basura, o se perdió, véte a saber cuándo. Te relaja por más que lo invadan por sus puntos principales millares de energúmenos cámara y plano en mano.

No importa, ella está preparada como un buen mercenario para combatirlo, y te proporciona puntos por donde escapar en todas sus vías, entre sus casas, sus tejados, sus puentes.
Firenze es como un cuadro pintado por miles de manos. Un lugar donde todo tipo de insecto inusual es bienvenido.
Non posso dire molto di più di questo viaggio improvvisato. Una macchina, una strada piena di curve e un arrivo. E poco di più. Ma mi sento dentro una calma e tranquillità, che in poche occasioni ha trovato la mia anima. Penso che adesso Firenze è diventata una grande nemica di quel posto che ho trovato in un altro tempo.
Sono tornata, ma non so se ancora sono qui o là. Ma sono alla fine io, che è veramente l'importante.

viernes, octubre 12, 2007

VIDA ANTERIOR

XII La vida anterior

Mucho tiempo viví bajo espaciosos pórticos,
los soles del mar los teñían con mil focos,
sus altas columnas, rectas y majestuosas,
en los atardeceres evocaban cuevas basálticas.

Las olas, en su balanceo de imágenes celestes,
de modo solemne y místico iban mezclando
los pujantes acordes de su honda música
con los colores del poniente en mis ojos reflejados.

Ahí fue donde viví en tranquila voluptuosidad,
entre cielos y oleajes y esplendores
y esclavos desnudos impregnados de perfume
que con palmas me refrescaban la frente
y cuya tarea exclusiva era intensificar
el doliente secreto causante de mi dicha.


LA VIE ANTÉRIEURE XII

J'ai long-temps habité sous de vastes portiques
Que les soleils marins teignaient de mille feux,
Et que leurs grands piliers, droits et majestueux,
Rendaient pareils, le soir, aux grottes basaltiques.

Les houles, en roulant les images des cieux,
Mêlaient d'une façon solennelle et mystique
Les tout puissants accords de leur riche musique
Aux couleurs du couchant reflété par mes yeux.

C'est là que j'ai vécu dans les voluptés calmes,
Au milieu de l'azur, des flots et des splendeurs,
Et des esclaves nus, tout imprégnés d'odeurs,
Qui me rafraîchissaient le front avec des palmes,
Et dont l'unique soin était d'approfondir
Le secret douloureux qui me faisait languir.

Charles Baudelaire. Le Fleur du mal (Las Flores del mal)

Baudelaire lleva ya 150 años removiendo las mentes, las entrañas y el alma de cualquiera que se acerque a oler aunque sólo sea uno de sus pétalos.

Imagen: La Pompe Nôtre-Dame
Date : 1861
Auteur : Charles Méryon

jueves, octubre 11, 2007

La pared


14 de julio
Al volver he sentido que había gente en casa. Un rato después cuando he subido a su estudio he visto que no era así. Sólo está él sentado en el suelo. Seguramente está trabajando en alguna idea de su proyecto y no he querido molestarle. He bajado las escaleras de madera sin tan apenas hacer ruido. Para qué mentir. No tengo ganas de hablar con él. Ni de que él tenga que hacerlo conmigo. Ya no me escucha y yo tampoco. Antes se lo decía de broma, cuando con todo el pelo alborotado se levantaba de su mesa y salía del estudio. Ahora ya no hay ni siquiera ironía en nuestra vida, mucho menos en nuestras conversaciones.

15 de julio
Al levantarme me he dado cuenta que no estaba en la cama. Ni siquiera ha venido a dormir. Su lado está intacto. Ni una sola arruga. Lo que me ha hecho recordar lo poco que me muevo mientras duermo. Sigue en su estudio. Subo antes de irme a trabajar. Está todo patas arriba. Ha arrancado el papel de una de las paredes y apoya la cara contra ella. Parece dormido. Le grito que qué demonios ha hecho. Se despierta sobresaltado y veo que lleva sobre la cara las marcas del horrible estucado que inicialmente cubría esa pared.
Masculla algo así como que es por el nuevo proyecto y me da la espalda apoyando la otra mejilla en la pared quedándose en una especie de letargo desesperante.

Ha pasado una semana.
Ya ni siquiera me contesta. Ni siquiera sé si come lo que le subo. Cuando vuelvo por la noche todo es un caos. Nuevo, diferente del anterior. Va arrancando las capas de esa maldita pared como el que pela una cebolla. Ya ha quitado el estucado, luego dos capas más. Hay restos de diversas vidas y épocas sobre el suelo. Luego por la noche de madrugada no sé en qué momento lo recoge y al día siguiente vuelta a empezar.
– Acabaras sin pared maldito loco. Le grité un día. Y no sé por qué eso pareció calmarle. No volvió a arrancarle nada más. Le dejó las pocas entrañas que aún le quedaban tranquilas.

No responde a mi cariño, ni a mis gritos de madre en apuros, ni a mis suplicas de esposa desconsolada. He probado con todas las clases de plañideras de pago y auténticas que existen y no hay nada que hacer. Y siempre esa horrible sensación de que alguien se ríe de mí a mis espaldas. De que alguien observa como nos alejamos tanto que ya ni siquiera podemos escucharnos. Ni aunque queramos. Y ya nadie quiere.

29 de julio
– Ya no sé qué puedo hacer. Antes aún me contestaba aunque fueran monosílabos, ahora ni eso doctor. Pasa las horas y los días ahí tal y como le ve, sentado sin hablar.

– Bueno, vamos a ver, usted trabaja.

– Sí claro.

– Él no.

– No exactamente. Es arquitecto y estaba estudiando un proyecto muy importante.
– Ya... y no lo ha conseguido.
– Pues es que no lo sé. Yo suponía que sí, que por eso estaba todo el día encerrado arriba en su estudio. Pero ahora me hace usted dudar. Tampoco hemos hablado del tema. ¿Pero es que no lo ha visto? No se levanta del suelo con las narices pegadas a la pared.
– Podría perfectamente tratarse de un caso de depresión. Usted trae el dinero a casa, es la triunfadora y él un fracasado. Puede arrastrar este problema desde hace tiempo y es ahora cuando ha explotado.
– No me cuadra. Él no es así. Demasiado orgulloso para sentirse inferior a mí.
– Esa actitud no es la correcta.
– Lo siento, pero verlo ahí como un...
– Sí, está claro que necesita ayuda.
– Sí, está claro. Y que yo no puedo más. Ha dejado de darme pena. Ha dejado de darme todo.

Al pasar las yemas de los dedos de arriba a abajo por la pared notó como ésta se erizaba. Se erizó como si se tratara de la piel de una adolescente. Se separó sobresaltado y pensó que llevaba demasiadas noches sin dormir. Demasiadas noches y días ahí arriba encerrado en proyectos inexistentes, sólo por no tener que salir fuera. Pero al volver a acercar las manos volvió a sentirlo, a sentirla. Fue entonces cuando le arrancó las telas que horriblemente la cubrían cuando notó que se comportaba como una mujer desnuda avergonzada de su cuerpo. Estaba lleno de bultos, de granos que a él se le antojaron hermosos. Y pasó toda la noche besándolos, acariciándolos, durmiendo sobre su hermoso, frío y feo cuerpo.
Decidió dejarla lo más bella posible. Era arquitecto, era su trabajo, su especialidad. Armado como el mejor de los cirujanos plásticos de Hollywood le arrancó todas las partes sobrantes, hasta que se dio cuenta que si seguía intentando quitar todo lo horrible que la había ido cubriendo con los tiempos, se quedaría sin nada, sin ella. La bruja de su mujer por una vez podía tener razón. Así que se limitó a dormitar a su lado, a vivir a su lado.
Ahora ha decidido traerle un médico. Eso es buena señal, señal de que ya ha claudicado, de que pronto se irá y les dejará tranquilos y en paz. El buen doctor y ella han entrado en el estudio como si no hubieran interrumpido nada. A nadie. Y al marcharse como siempre su mujer cierra la puerta de golpe. Él sabe que lo hace a idea. Para dañarla, para hacerle daño.


– Ay – se escucha a ras del suelo. Es un leve, casi imperceptible quejido de hembra herida. Y él como tantas veces se agacha y coge el pequeño pedazo de pared que ha caído por el golpe. Lo acaricia y con la ternura de quien le ha curado muchas veces esas pequeñas heridas, se prepara para hacerlo de nuevo.

Pintando la soledad


Edward Hopper nacido en el estado de Nueva York en 1882, logró marcar un antes y un después en el realismo norteamericano. Sus cuadros tienen un marco geográfico muy definido que suele ser el estado de Nueva York o Nueva Inglaterra, pero ya sean sus paisajes en plena naturaleza o urbanos, nos muestra de una manera tan latente un clima de soledad, de abstracción y cavilación que es imposible no quedarse aturdido mientras uno contempla su obra.

Hopper tiene esa facilidad para que, sin tan apenas darte cuenta, estés intentando inventar o adivinar la vida de las personas que aparecen en el lienzo. O de los que ni siquiera aparecen, ya que gran parte de su obra son escenas con un solo personaje, o calles y paisajes totalmente desiertos.
Quién no ha fantaseado alguna vez con los personajes de esa barra de bar en plena noche, tan cerca unos de los otros pero tan alejados y solitarios. (Nighthawks 1942). Qué podría ser de sus vidas o qué sucedería después de ese café. Ha inspirado pensamientos, relatos e incluso libros.









El viajero solitario, seguramente viajero por obligación, más que por decisión propia, ha sido genialmente retratado por Hopper.Un ejemplo (Habitación de hotel 1931):Nunca me canso de contemplar sus obras, siempre marcadas por un fuerte simbolismo y esa genialidad a la hora de marcar la luz y el color. Hopper, el padre de la melancolía retratada sobre un lienzo.



(Light at Two Lights)

miércoles, octubre 10, 2007

Le quise entre copas...

Le quise entre copas. Entre hielos con formas redondeadas, ron, y rodajas de limón que me zampaba de un bocado. No me gusta el limón, pero a esas horas me encantaba arrancarle el poco jugo que le quedaba de un solo mordisco.
Es curioso, porque no hace mucho me di cuenta. Debe ser porque los sentidos no controlan lo mismo llenos de alcohol. No soy alcohólica. Aunque dicho así, suene a lo contrario. Sólo que hay historias que se gestan por la noche, nacen con su oscuridad, crecen y se alimentan entre el ruido de un bar y mueren ¿Cuándo mueren? Fue cuando me di cuenta que no recordaba cuando murió ésta, cuando me senté a escribirla. Para no volver a olvidarla. Recordamos a tanto cabrón que nos ha perturbado la trama de los sueños y en cambio nos olvidamos de historias que nos pertenecen. Nuestras.


La mía con él, no vio la luz del sol. Sólo una tarde. Una cita absurda y llena de silencios de los que pesan. Cuando oscurecía, por alguna especie de misterio, comenzó a encauzarse, pero buscamos tan desesperadamente la oscuridad total, recorrimos tantas calles en busca de ella y de un banco sobre algún parque donde desaparecer del todo, que agotados después de tan larga caminata nos miramos y sin siquiera un beso nos dijimos adiós. No hubo más citas. De día.
Sí encuentros de noche. Siempre en el mismo lugar. De la misma manera. En algún momento nos perdíamos. Como nos perdimos muchas cosas.

Quizá porque todo comenzó con un concurso. Le prometí un viaje al Caribe el día que me acerqué a él por primera vez. Seguro que me toca y te invitaré a ti. No sé si pensó que estaba loca. Pero se rió. De eso me acuerdo. Y no me tocó.
Luego desencuentros. Mis viajes. Otros viajes, miles de ellos. Él no viajaba. No parecía querer hacerlo. Yo no podía dejar de ir y venir constantemente. Pero de vuelta a casa, de vuelta allí, cuando la oscuridad era hiriente como mi estúpida vida por aquel entonces, volvíamos a encontrarnos.
Sólo pasamos una noche entera juntos. Eso tampoco lo he olvidado. Pero sí las conversaciones, los gestos, las risas, todo se diluye como los hielos, como las copas, las cervezas… Resacas y demasiado ruido, demasiado tarde, demasiado oscuro.
Al final me perdí en uno de esos viajes y no volví. Me marché. Me habría quedado si él me lo hubiera pedido.


Un día hace poco pensé en él. Pensé llamarle y preguntarle si tiene hijos, perros, pájaros, si es feliz. Me gustaría saber de él. Aún no lo he hecho. No creo que lo haga. Por eso escribo su historia. Para no volver a olvidar que es mía, como algunas de esas noches.

Él sí me llamó. Una madrugada dos años después, de eso hará ya unos cuantos años. Me llamó un sábado cuando la noche estaba en pleno apogeo y nos separaban millones de metros de distancia. Y me dijo que me quería, entre copas, pero me quería.


martes, septiembre 18, 2007

REVISTA NARRATIVAS Número 8


REVISTA NARRATIVAS
Ya está en línea el número ocho de Narrativas. Revista de narrativa contemporánea en castellano. Este número está especialmente dedicado al escritor Enrique Vila-Matas.
Mi enhorabuena a Magda Días Morales y a Carlos Manzano, por su magnifico trabajo y agradecerles la oportunidad de colaborar una vez más con ellos.
Se puede descargar el número aquí: REVISTA NARRATIVAS
Índice:
EXPLORANDO LOS ABISMOS DE ENRIQUE VILA-MATAS
Explorador de abismos: Retrato realizado por el artista mexicano Ricardo Olvera. Técnica mixta: acuarela y lápiz de color.Entrevista a Enrique Vila-Matas, por Ana SolanesUn catálogo de ausentes, por Enrique Vila-Matas
LECTURAS:
Un espía de letras. Nota sobre el viajero más lento que amaba a Carmen Miranda, por Antón Castro.
Vila-Matas, viaje alrededor, por Miguel Sanfeliú
Pasavento o Matrix - una lectura, por Luisa Miñana
Algunos apuntes sobre El viento ligero en Parma, por Julio Salinas Lombard
Reseña de "Un Vila-Matas abreviado. Historia abreviada de la literatura portátil", por Blanca Vázquez
Reseña de "El mal de Montano", por Magda Díaz y Morales
Reseña de "Doctor Pasavento, por Gatito viejo
Reseña de "Exploradores del abismo", por Faustino Ángel Sánchez García
“Roxanne”, por Blanca Vázquez
ENSAYO:
La figuración circular del tiempo en la historia según Pao Cheng, por Omar Espinosa CisnerosUniverso finito. Antología del minicuento, por Homero Carvalho OlivaSócrates: diálogo frente a escritura. Notas al Crátilo de Platón, por Eugenio Sánchez Bravo
RELATO:
"El circo nunca muere", por Gabriel Báñez
"Mario", por Fernando Sánchez Calvo
"La garrota", por José Marzo
"Doctor Paracelso", por Carlos Montuenga
"Sarto", por Genoveva Arcaute
"Actrices y debilidades, o vidas nebulosas", por Javier Guerrero Rodríguez
"Microcuentos", por Homero Carvalho Oliva
"La corriente", por Rolando Revagliatti
"Los pequeños", por Salvador Alario Bataller
"Flor de Capomo", por Paul Medrano
"El reloj de arena", por Carmen Fernández Etreros
"De una noche de verano", por Sergio Borao Llop
"El taquígrafo de versos", por Juan Carlos Márquez
"Marcela", por Mónica Gutiérrez Sancho
"El mural de la cantina", por Lilia Morales y Mori
"Yo te perdono", por Francisco Ortiz
"El zapato", por Miguel Rodríguez Otero
"Mi primera biblioteca", por Marta Navarro
"Como sólo tú sabes", por Fernando García Pañeda
"Amigos a la fuerza", por Javier Menéndez Llamazares
"Putrefacto", por Emilio Gil (Jio)
"Chivos expiatorios", por Ahmed Oubali
"La oración bajo el agua", por Diego Chozas
"Vecinos per versos", por Gustavo Marcelo Galliano
"Dos relatos", por Lady López
"Líder", por Luis Emel Topogenario
"Arquitexturas urbanas", por Héctor Huerga
ENTREVISTA:
Entrevista a Angélica Gorodischer, por Sandra Becerril
RESEÑAS:
“Museo de la soledad” de Carlos Castán, por A. Castro
“Muertes de andar por casa” de Fernando Sánchez Calvo, por Ana Gorría
“El príncipe negro” de Iris Murdoch, por M. Aixa Sanz
“Mascarada” de Javier Munguía, por Caballero de Tauro
“Santuario”, de Edith Wharton, por A. Iruela Vara
Novedades editoriales

miércoles, septiembre 12, 2007

VÉRTIGO

Sueños recurrentes. Creo que desde el primer día que me dormí he tenido sueños recurrentes. Muchos. Y desde que despierto esto ha producido un efecto lógico, para mí, ilógico para casi todos. Me ha llevado a padecer terrores recurrentes, ansias recurrentes y esperanzas recurrentes.
No sé cuando fui consciente de que mi onírica y recurrente situación transformaba mi día a día, influenciado hasta límites extremos por esas experiencias vividas con los párpados bajos y las pestañas pegadas.
No me psicoanalicen, por favor. No tengo ganas, ni tiempo, y es probable que me entre sueño y ya se imaginan, vuelta a empezar.

He pasado la fase de las pesadillas, de correr, gritar y escapar. El miedo a que acontecieran esos mismos sucesos, me transformó en una experta exquivadora de terrores. Miraba por las esquinas, observaba mis espaldas, con el aliciente del que tiene algo interesante por cumplir, tenía una meta. Pero no ocurría nada, salvo que con el paso de los meses me hice una experta esquivadora de sombras, ruidos, olores e incluso suspiros o humos de cigarrillos. Y sentía la adrenalina a flor de piel, cada vez que volvía a casa, a mi sofá y caía agotada por el cansancio de la jornada. Y dormía. Y soñaba. Y corría. Y no pasó nada.

Luego llegó el amor, al parecer dormía al lado del hombre equivocado y un antiguo amante era el hombre correcto. Esto me llevó más de un millón de horas de dudas, no tanto por mi relación del momento, sino por el hombre en cuestión ¿Ese? Pero el sueño era recurrente, lo que significaba algo. Algo habría quedado suelto entre nosotros. Luego lo supe. Él nunca me había querido, o eso creo y yo sí. Nunca me lo dijo y en mis sueños tampoco me lo dice, aunque me mire así, como me miró siempre.
Tengo vértigo. Este es el último. Temo caer a todas horas, tengo la sensación de estar mucho más alto de lo normal. Camino subida en zancos, en escaleras. Camino sobre blando y no es algo agradable, incluso prefería cuando salían y escupía de mi boca miles de metros de tiras de algodón.
El vértigo es una sensación entre el mareo y la nausea. Cada vez salgo menos, cada vez camino menos, cada vez duermo menos. Temo caer en la calle, pero temo mucho más caer dentro del sueño y que no haya nadie para levantarme.


Perdonarán la paranoia es lo que pasa cuando una se sienta a escribir un sábado sin sueño recién llegada a casa a las 5:00 AM...

lunes, agosto 06, 2007

Pepe Espada



                                                                           

Pepe Espada decía que era un pez. Si alguien le preguntaba el porqué de su aspecto humano le contestaba que era un error genético, pero que él era un pez de agua salada y volvería a aspecto natural. ¿Es qué nunca habían leído a Kafka y el proceso de una metamorfosis? Tenía la piel tan arrugada y áspera que era imposible saber cuántos lustros la vestían. Aunque él siempre iba en bañador. Tipo turbo y azul. Y porque ya le habían puesto demasiadas multas por ir desnudo. 
Su casa se encontraba entre las rocas, era de color azul añil como sus diminutos ojos. La casa olía a mar, ese olor que sólo sientes cuando metes las narices en alta mar, olor a sal, miles de seres vivos y agua. Las paredes estaban forradas con papel de burbujas el que se emplea para proteger las cosas para que no se rompan cuando las mandas por correos. Se enfadaba mucho cuando alguna visita se apoyaba en las paredes y tic tic las iba reventando con el dedo.
«Son mis burbujas, mi aire, lo más parecido a mi verdadero hogar debajo del agua».

- ¿Dónde están tus escamas Pepe Espada, dónde están? 
Le cantaban los niños cuando se metía en el agua día tras día, año tras año con una especie de aletas en los pies de fabricación casera. Él los ignoraba y continuaba con sus ejercicios respiratorios antes de meterse en su adorado mar. 
Ese día de agosto la playa estaba llena de gente, a él no le importó, se sumergió como siempre y unas horas después lo arrastró hasta la orilla un aturdido bañista.
¡Abran paso, este hombre se ha ahogado! Estaba ahí, hundido como una piedra...

Pepe Espada abrió de los ojos de golpe y comenzó a sufrir tales espasmos que no podían  sujetarle entre siete hombres. Cuando llegó la ambulancia tenía el rostro amoratado y sólo sufría unas débiles convulsiones.

Doctor, traemos a un hombre que se ha ahogado en el mar.

Y aunque lo intentaron no pudieron reanimar a Pepe Espada. 

No me lo explico. Este hombre ha muerto con los pulmones encharcados de oxígeno dijo el médico sin apartar la mirada del cuerpo sin vida de Pepe Espada. Del reducido bañador turquesa, de las aletas de goma caseras, de un brote de alga enano que parecía brotarle del hombro, de un par de peces diminutos que llevaba adheridos en el brazo y que tampoco respiraban.


Relato recuperado del trastero de los cuentos. (Agosto 1996)
*Imagen de Zé Peixe
Porque la realidad siempre supera a la ficción. En las costas de Brasil vivió un auténtico Pepe Espada: Pepe Pez.

viernes, junio 15, 2007

Alejandro Jodorowsky

“La finalidad del arte es curar, porque si no cura, no es verdadero”.
Hace ya muchos años, que supe del trabajo y obra de Jodorowsky. Y llegados a este punto, me doy cuenta que es complicado definirle, por no decir imposible. Es probable que se deba a que él mejor que nadie transforma en novela su biografía real (“La danza de la realidad” Siruela) o que su vida es como una novela de esas de las que no puedes desengancharte hasta el final.
Comenzaré diciendo que nació en Chile (Tocopilla, 7 de febrero de 1929). Participó en el movimiento cultural chileno y creó el teatro de mimos. Con sólo 23 años decidió marcharse de Chile en busca de nuevos retos a México y posteriormente a Francia.
Junto con Fernando Arrabal y Roland Topor fundó en el 1962 el “Movimiento Pánico”, que se manifiesta en tres elementos básicos: terror, humor y simultaneidad.

Jodorowsky es novelista, dramaturgo, actor, director de teatro y cine de culto y terapeuta entre otras facetas.
Es el creador de la psicogenealogía, en la que nuestros actos estarían influidos por nuestro árbol genealógico. Y de la sorprendente terapia denominada Psicomagia. Una terapia que ha ido desarrollando a lo largo de su vida desde sus primeros actos poéticos y teatrales, hasta su aprendizaje para poder controlar el mundo de los sueños. Ha vivido, observado y estudiado junto a chamanes, curanderos (interesantísima su visión de todos ellos) y ha soportado la dureza implacable de la disciplina zen. La psicomagia, es una técnica que aúna el psicoanálisis y el efecto patético del teatro.
Si el inconsciente toma los actos simbólicos como si se tratara de hechos reales, un acto psicomágico influiría en él y sanaría y por tanto eliminaría nuestros traumas mentales o psicológicos.
Son actos que tienen que estar hechos específicamente para cada persona, después de estudiar su problema, su historia y su situación particular. Igual que no hay dos problemas iguales no puede haber dos actos psicomágicos iguales. Suelen ser estrafalarios y con un tinte absolutamente surrealista.

“El paciente debe hacer la paz con su inconsciente, no independizarse de él sino convertirlo en aliado. Si aprendemos su lenguaje, se pone a trabajar para nosotros.”

“La psicomagia trata de economizar tiempo, acelerando la toma de conciencia. Así como una enfermedad puede declararse repentinamente, también la curación puede llegar de golpe. A la enfermedad repentina se le llama desgracia, a la curación repentina se le llama milagro. Sin embargo, ambas participan de la misma esencia: son formas del lenguaje del inconsciente.”

Jodorowsky no es un charlatán, es uno de los motivos por los que no emplea sus prácticas para la curación física.
Recuerdo como si fuera hoy la primera vez que le vi en una entrevista televisiva. Hablaba sobre los sueños, sobre la influencia de nuestras obsesiones en nuestro futuro. Como personas que lo tienen todo se obsesionan con perderlo y lo consiguen. Y vi en directo como una relevante periodista de nuestro país, acababa llorando en sus brazos, contando entre sollozos su historia más íntima y familiar. No tardé muchos minutos en darme cuenta que quería saber más sobre ese hombre que había conseguido desbaratar mi interior y ponerlo del revés, a mí una persona poco ducha en esto de creer porque sí y mujer de poca fe. Y hasta la fecha.


Hace sólo unos días tuve el placer de verlo en persona y charlar con él. Emana calma y serenidad. En un lugar y un momento donde todo es ruido, gente y calor, él se mantiene en un plano no sé si onírico, pero sí diferente al menos del mío, lleno de absurdas angustias cotidianas. No parece tener prisa por llegar a ningún sitio. Habla despacio con una mezcla exquisita de acentos robados de miles de países y rincones y te mira a los ojos. No le solicité un acto psicomágico, porque intuyo que necesitaría más de un lustro para explicarle mis paranoias interiores.


Jodorowsky es un artista que emplea el arte para sanar nuestro espíritu, nuestra mente. Sí, quizá esa sea la definición que más me convenza.

lunes, junio 04, 2007

Feria del Libro

Calor, sol, libros, gente, empujones y más libros que darán rienda suelta a mis habituales ansias compulsivas de comprar todos esos objetos alargados llenos de hojas, historias y paranoias. Me escapo por unos días de Zaragoza la ciudad del cierzo (o viento circular) a Madrid.

El sábado por la mañana, día 9, encuentro de autores de la Editorial Caballo de Troya junto con el editor Constantino Bértolo en la Feria del Libro de Madrid. Encuentro con desconocidos conocidos. He leído sus letras y eso en ocasiones suele decir más de las personas que una presentación formal y charlas exaltadas hasta la madrugada.

Algunos firmarán ejemplares, para el que quiera pasarse. Yo ese rato observaré. Será más que interesante.

Aprovecharé también la ocasión para escaparme unas casetas más allá y solicitar a A. Jodorowsky si me recomienda algún acto psicomágico para la fecha. Ya que curiosamente ese día añadiré un año más rodeada de libros en el parque del Retiro.

jueves, mayo 10, 2007

TRASTOS

Desde que nacemos vamos de manera, no sé si consciente o inconsciente, acumulando cosas. Creo que “cosas” esa horrible palabra que no define nada en concreto y lo abarca todo, es la más acertada en este caso.
El hombre tiene una especial predilección por no tirar nada. Guarda en cajones, cajas y cajitas los trastos más absurdos y si no, los colecciona. De vez en cuando se mueven, se escapan de su limbo y aparecen. Son esos momentos en los que nos creemos poseedores de una memoria privilegiada y mágica y recordamos momentos, vivencias y épocas mientras revisamos y nos emocionamos con objetos de otros tiempos.
Diría que existen diversas categorías en los guardianes de trastos. Están los que guardan todo porque puede servir para algo, no ahora, como es obvio, pero quizá en un futuro... Las modas vuelven y rezan y desean que en algún momento puedan volver a calzarse sus plataformas o ponerse la cazadora de ante curriña y con cuello de tira.

Los sentimentales suelen ser adictos a las cajas. Dentro de éstas puedes encontrar desde compulsivas montañas de fotos, la entrada de esa película, el papel del caramelo del día que el hombre aún sin barba le besó o cartas de amor.
Otros coleccionan de todo, desde buhos que mandan traer de todos los paises, viajes y escapadas al pueblo vecino, pegatinas que con el tiempo se amarillean y ni pegan, hasta perfumes en minituara que terminan en rincones sin memoria.

Sin llegar a ser un experto guardián de trastos, el que más o el que menos encierra en un cajón ese objeto, porque le da pena, porque le tiene cariño, como a esa roñosa camiseta de dormir, o porque sí.
Alguién debería psicoanalizar nuestra costumbre de acumular objetos que sabemos que nunca vamos a volver a utilizar. Es como un no permitir que fases de nuestra vida queden en el olvido. Y es algo estúpido. La memoria recuerda de una manera mucho más latente de lo que creemos lo que le interesa y le sale de las narices, lo que adora y lo que odia. Por muchas cartas que guardemos de aquel que nos mató a medias. Del que matamos del todo en otros tiempos. No podemos retroceder para rematarle o hacer que no nos destroce en cuatro trozos.


No volveremos a usar ese viejo ventilador las tardes en las que el calor apriete. Cogeremos el mando del aire acondicionado y daremos al botón. Y éste seguirá en la habitación de los trastos. Porque en infinidad de ocasiones tienen su propio cuarto. Su propio espacio. Un espacio lleno de objetos que por diversos motivos nos resistimos a dejar vacío.

lunes, abril 30, 2007

SI VUELVES TE CONTARÉ EL SECRETO

Imagen: Ixchel

Mi novela: “Si vuelves te contaré el secreto”, va a ser publicada dentro de unos meses (para Enero probablemente) en la editorial Caballo de Troya (Random House Mondadori). Si tuviera que describir lo que siento, diría que suena música, un piano lento y vertiginoso. Un sonido melódico y rápido. El saxo lleva la voz cantante, con un punto de embriaguez y cierto aire de descarado misterio…

Tengo que agradecer al editor Constantino Bértolo, que haya decidido apostar por mi trabajo, permitiendo que las puertas de The Club se abran para todos los que quieran pasar una velada diferente. The Club, ese enigmático y atrayente lugar al que sólo se puede entrar una vez, una única noche.

Ahora todos ellos, los personajes, van de un lado a otro alterados, eufóricos. Tienen su fiesta particular, es su momento. Se escucha música, y si no, se intuye, se huele el sonido de una cercana y lejana pieza de jazz.

domingo, abril 29, 2007

Une Saison en enfer

UNE SAISON EN ENFER
Jadis, si je me souviens bien, ma vie était un festin où s'ouvraient tous les cœurs, où tous les vins coulaient.
Un soir, j'ai assis la Beauté sur mes genoux. -Et je l'ai trouvée amère. -Et je l'ai injuriée.
Je me suis armé contre la justice.
Je me suis enfui. Ô sorcières, ô misère, ô haine, c'est à vous que mon trésor a été confié !
Je parvins à faire s'évanouir dans mon esprit toute l'espérance humaine. Sur toute joie pour l'étrangler j'ai fait le bond sourd de la bête féroce.
J'ai appelé les bourreaux pour, en périssant, mordre la crosse de leurs fusils. J'ai appelé les fléaux, pour m'étouffer avec le sable, le sang. Le malheur a été mon dieu. Je me suis allongé dans la boue. Je me suis séché à l'air du crime. Et j'ai joué de bons tours à la folie.
Et le printemps m'a apporté l'affreux rire de l'idiot.
Or, tout dernièrement, m'étant trouvé sur le point de faire le dernier couac, j'ai songé à rechercher la clef du festin ancien, où je reprendrais peut-être appétit.
La charité est cette clef. - Cette inspiration prouve que j'ai rêvé !
« Tu resteras hyène, etc... », se récrie le démon qui me couronna de si aimables pavots. «Gagne la mort avec tous tes appétits, et ton égoïsme et tous les péchés capitaux. »
Ah ! j'en ai trop pris : -Mais, cher Satan, je vous en conjure, une prunelle moins irritée! et en attendant les quelques petites lâchetés en retard, vous qui aimez dans l'écrivain l'absence des facultés descriptives ou instructives, je vous détache ces quelques hideux feuillets de mon carnet de damné.

Una temporada en el infierno
Antaño, si no recuerdo mal, mi vida era un festín en el que todos los corazones se abrían, en el que vinos de todas clases fluían sin cesar.
Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas. -Y la encontré amarga. -Y la injurié.
Me armé contra la justicia.
Y huí. ¡Oh brujas, oh miseria, oh saña: sólo a vosotras os fue confiado mi tesoro!
Conseguí disipar en mi espíritu todo resto de humana esperanza. Sobre toda alegría, para estrangularla, realicé el salto sigiloso de la fiera.
Llamé a los verdugos para morir mordiendo la culata de sus fusiles. Llamé a las plagas para así poder ahogarme en la arena, la sangre. La desdicha fue mi dios. Me revolqué en el fango. El aire del crimen me secó. Se la jugué a la locura.
Y la primavera me dio la risa horrenda del idiota.
Pero, recientemente, cuando ya estaba a punto de estirar la pata, decidí buscar la llave que me abriera las puertas del antiguo festín, en el que, quizás, recobraría el apetito.
La caridad es esa llave. -¡Esta inspirada afirmación demuestra que he estado soñando!
"Siempre serás una hiena, etc...", exclama el demonio que me coronó con tan amables adormideras. "Bien, gánate a pulso la muerte con todos tus apetitos, y tu egoísmo y todos los pecados capitales."
¡Bueno! Ya he tenido bastante: -Pero , querido Satanás, se lo ruego, ¡no se irrite tanto! A la espera de esas pequeñas bajezas que no acaban de llegar, arranco, para usted que ama en el escritor la ausencia de facultades descriptivas o instructivas, unas cuantas hojas repelentes de mi libreta de condenado.
Arthur Rimbaud
Para mi amigo Oscarillo, escritor, aunque a veces lo olvide...

viernes, abril 20, 2007

Roma

Recuerdo una escena de la película ROMA, de Adolfo Aristarain, una película intimista, que narra lentamente, entre recuerdos, pensamientos y fantasmas la vida de un escritor, con Juan Diego Botto como protagonista. En esa escena la madre, Roma, conversa con su hermano, que como siempre le reprocha que el hijo de ésta no haga nada con su vida que no sea saltar entre mujeres, camas y horarios de gato nocturno. Que se limite a soñar con ser escritor, mientras ella, sola y sin un peso argentino en la mano, araña las paredes para sobrevivir. La madre, le dice con infinita ternura algo así: ¿Es que no lo ves? Él no ha nacido para trabajar en una oficina…
Me conmovió, aunque me resultó tan entrañable como irreal. No creo que ninguna madre pueda entender y apoyar hasta ese punto la locura del que decide vivir de inventar historias. Pero aún así, a pesar del tiempo de vez en cuando recuerdo esa escena, con un punto de cariño. Es, supongo la frase que todos desearíamos escuchar, en algún momento de nuestra vida. En los momentos de decisiones radicales que tomamos, que tomé el día que comencé a cambiar todo, que lo dejé todo por eso de inventar.

Yo intenté eso de las oficinas y no vean cómo. He tenido más de 20 trabajos diferentes. Y como suele ser habitual en esta sociedad llena de circunstancias previsibles, para el número diez u once de mis empleos, ya rondaba un puesto de lo más interesante, pero ni por esas, no sirvió de nada. He sido teleoperadora, dependienta, promotora, he trabajado en una autoescuela sin carné de conducir, administrativa, trabajé en un parque temático, profesora de master, camarera, entre otros miles de empleos.

Y si algo tuve claro según firmaba y rescindía contratos basura, era que nunca, bajo ningún concepto quería trabajar en una oficina. No sé, si es uno de los motivos por los que escribo. Quizá no sólo adoro la literatura, puede que después de todo no sea tan asquerosamente romántica. Quizá odie más las cuatro paredes que encierran un horario fijo, una vestimenta, una sonrisa y una forma de vida que me limita hasta el punto de volverme loca. Puede que exprima mi imaginación sólo para no tener que levantarme por las mañanas y ver las mismas caras, ya que desde que tengo uso de razón me di cuenta de que prefería inventármelas.

Roma, es adorable por eso, porque ella es esa voz que entiende a todos los que de una manera u otra enloquecemos entre paredes que no sean las de nuestra mente.

sábado, abril 07, 2007

Pájaros

Los pájaros le dan miedo. Como tantas otras especies de seres vivos y no vivos del mundo de los seres. Le dan miedo sólo en sitios cerrados. Realizan unos movimientos imprevisibles, rápidos, van volando en cualquier dirección. No puede controlarlos, ni siquiera con la mirada. Piensa que chocarán contra ella, por la espalda, en la cabeza, en la cara. Sobre todo le da terror pensar que choquen contra su cara. Que muevan compulsivamente las alas contra sus ojos, su nariz y algunas plumas incluso entren en su boca. Le da pánico. Y escalofríos de solo pensarlo.
Terapias cognitivas le dijeron. Enfrentarte a tus miedos de frente. -Tener que meter un pájaro entre mis cuatro paredes- pensó ella.

Se resistió. Primero compró la jaula. La colocó sobre la mesa para tenerla a la altura de la vista y observarla bien. El balancín sobre el que bailaría su eterno enemigo noche y día. El diminuto comedero para echarle el alpiste, el del agua. Y los barrotes finos. Demasiado finos. Comprobó uno por uno los hierros moldeados de la jaula. Perfectos. Imposibles de evitar.
Decidió probarla. Al poco tiempo sintió unas irrefrenables ansias de salir. No podía. No cabía entre los barrotes y no podía doblarlos. Tampoco el agua le calmaba la sed. Veía todo cada vez más distorsionado. En blanco y negro después. Los barrotes se aplastaban contra ella como el corsé de una octogenaria. Ni siquiera podía respirar sin emitir unos graznidos insoportables para ella misma. Cuando por azar, milagro o viento la puerta se abrió, salió disparada en todas las direcciones que encontró y algunas más. Estrellándose contra los muebles, las paredes y las ventanas, sin orden ni razón. Sin prever sus propios espasmos y movimientos. Aterrada, asfixiada, extenuada un tiempo después.

Los pájaros le dan miedo. Tiene pánico a que choquen contra su cara, su nariz y se le metan dentro de la boca algunas de sus plumas. Antes no lo sabía, pero ahora sabe que sólo le dan miedo en sitios cerrados.

martes, abril 03, 2007

Lady Day

Escuchar jazz y no escuchar a Billie Holiday es un pecado difícilmente perdonado por los dioses. Eleanora Fagan Gough nació en Filadelfia en el año 1915. Sus padres eran unos críos de trece y quince años cuando ella nació. No estaban casados y la niña era abandonada a su suerte en casas poco recomendables.
A los diez años ya admitió haber sido violada. Y a los doce años se marchó con su madre a Brooklyn, donde además de limpiar casas, ejercía la prostitución.
Con sólo quince años cantaba en numerosos clubs nocturnos, aunque de manera informal.
Tuvo un golpe de suerte en un casting para un puesto de bailarina en el Pod’s & Jerry’s, ya que a pesar de no contratarla, le invitaron a cantar y fue descubierta por el crítico y productor musical John Hammond. No tenía formación musical, pero sí unas cualidades innatas para el jazz y el swing difíciles de igualar. Había algo en su voz, en su manera de interpretar, en su endiablado ritmo que le hacía diferente.
Los clubs de la calle 52 y Manhatan se rindieron ante su presencia. A los dieciocho años grabó su primer disco: "Your Mother's Son-In-Law" (1933) junto al genio de Benny Goodman.
Un giro radical que le llevó a una época de éxito y esplendor, a compartir escenario junto a artistas de la talla de Lester Young, Basie y Artie Shaw.
Era una estrella. Una estrella que lloraba su vida sobre el escenario, llevando hasta el paroxismo las emociones, el ritmo y los sentimientos. Como solía decir, se limitaba a cantar y expresar lo que había vivido en cada ocasión. Lo hacía con una naturalidad y maestría que era imposible no rendirse fascinado ante ella.
Era todo demasiado hermoso. Holiday jugó con las drogas desde niña. Ya por el año 1940 era consumidora habitual de heroína. El éxito se fue diluyendo como su vida y su voz por esa fuerte dependencia. Una voz que poco tenía que ver con la de los inicios. Una voz ronca y rota, aún así inigualable.
Tuvo una vida sentimental plagada de escándalos, en la que vivió tantos altibajos y huracanes como las letras de sus canciones. Se casó dos veces y mantuvo relaciones con numerosos hombres de carácter violento.
Le arrestaron por posesión de heroína y estuvo en prisión casi un año. Después de esto, ya no se le permitió trabajar de nuevo en los clubs de Nueva York durante los últimos doce años de su vida.
Condenada a arresto domiciliario por posesión de narcóticos en el año 1959, murió con 44 años de edad bajo custodia policial en el Bronx de Nueva York. Había sido víctima de una estafa y tenía menos de un dolar en el banco.
Es la vida de Eleanora una vida triste, absurda, una de esas personas que parecen predestinadas a tropezar, caer y dañarse día tras día. Sin remedio. Siempre que la escucho, como ahora, lo pienso. Una existencia plagada de infortunios y un solo número de lotería: su voz. Una voz que le llevó a lo más alto. Quizá ella sabía que era algo temporal, algo efímero, que no le tocaba en suerte y se limitó a dejarse caer algo más rápido.

lunes, marzo 26, 2007

Número 5 REVISTA NARRATIVAS

El número 5 de la Revista NARRATIVAS, ya está listo para poder descargarse: Narrativas
ÍNDICE:
"Una cosa es redactar y otra, muy distinta, escribir". Sergio Pitol. Una entrevista.
ENSAYO:
"Verse a través del Otro en la Lima decimonónica", Martín Palma Melena
" 'El tunel', ejercicio deconstructivo", Julio Salinas Lombard
"La poesía luminosa y feroz de Sol Acín", Mercé Ibarz
"Vigilancia y fuga en Mano de obra de Diamela Eltit", Mónica Barrientos
RELATOS:
"Después de tantos años", José Ovejeros
"Cuando yo era sordo", Leopoldo de Trazegnies Granda
"Roma, laberinto de espejos", Carlos Montuenga
"La última cobardía", Jorge Carrasco
"Sin remitente", Gariela Urrutibehety
"El acompañante", Andrés Fabián Valdés
“Un ataque de lentitud”, Juan Carlos Chirinos
"La viuda negra", Rosa Silverio
"Las pestañas de Guimard", Juan Carlos Márquez
"El olor de la ceguera", Graciela Barrera
"Descubriendo sueños", Mónica Gutiérrez Sancho
“Mientras siga escuchando la misma estación”, Iván Humanes Bespín
"La lámpara de plata”, José Manuel García Marín
"El Remolino”, Miguel Soler
"Azogue", Luis Pita
"La frontera es un buen lugar para vivir", Agustín Cadena
"La caperucita y el abuelo feroz”, Pablo Lores Kanto
"Una vieja historia", Luisa Miñana
"Las cien pesetas", Fernando Sarriá
“El juego de las Estatuas”, Antonia Romero
"La sonrisa de los hipócritas", Eduardo Martínez Carnicer
"Huidobro literal", Jorge Etcheverry
"Como un hombre que sobrevuela el mar", Pepe Cervera
"Pinche Lupita (o de cómo se me escapó)", Raúl Medrano
"La orilla", Moisés Sandoval
NARRADORES:
Ángela Ibañez
RESEÑAS:
La vida nueva de Orhan Pamuk, Blanca Vázquez
Un sueño comentado de Rubí Guerra, Agustín Cadena
Historia de la belleza de Umberto Eco, Antón Castro
Guía de hoteles inventados de Óscar Sipán y Óscar San Martín, Sabas Martín
MIRADAS:
"Irene Némirovsky y el abandono", María Aixa Sanz
"La historia de Joel, de Henning Mankell", Sfer
TIRAS INSULSAS
Emilio Jio - DaniFrame
NOVEDADES EDITORIALES, NOTICIAS

Ha sido un placer poder colaborar de nuevo, gracias a Magda y Carlos Manzano, por brindarme la oportunidad. Me ha encantado aparecer junto con algunos de los amigos que se pasean habitualmente por aquí.
Un abrazo y a disfrutar de la lectura.

martes, marzo 20, 2007

Viajes

Me gusta viajar. Es más, no sólo me gusta, me encanta viajar. Lo hago siempre que puedo y no tanto como quisiera. Quizá es el motivo por el que aún no logro mantenerme con los pies fijos en la tierra. Camino siempre unos milímetros por encima de las aceras y las calles, lo justo para que pase inadvertido, lo imprescindible para que el resto de las personas piensen que simplemente se trata de una chica algo alta.
Esto me lleva a desestabilizar mis recorridos habituales incluso por los pasillos de mi casa. Supongo que es también el motivo por el que no tengo aún un lugar donde asentarme. En el que quiera permanecer. Mi lugar, como suelo decir. Estoy segura de que ese día bajaré un poco mi estatura porque mis pies se clavaran al suelo, a su suelo. De momento lo busco, seguro que está en cualquier rincón del planeta. Esperando que llegue.
Los últimos años no siempre viajé por motivos agradables, muchos fueron viajes tristes llenos de lágrimas.
Adoro los viajes que hice en otras épocas por el mero placer de perderme o el mero éxtasis de encontrarme. Así que decidí retomarlos. Tengo una larga lista pendiente. Y el destino y las casualidades que rigen gran parte de mis días, tardes y madrugadas sin sueño me han dado un gran premio, que no sé si merezco. Mañana es un día especial, interesante, lleno de magia por infinitos motivos. El destino al que me dirijo lo he buscado, deseado y soñado, desde que a pesar de caminar sin pisar las baldosas de mi casa no media más de un metro. Me voy al País de Nunca Jamás.

¿Algún recado para Garfio? ¿Para las sibilinas sirenas?
Prometo contarles a la vuelta.


martes, marzo 13, 2007

El extranjero

Hoy me he dado cuenta que convivo con un extranjero. No es que no lo supiera, o que él no me lo hubiera comentado antes, sólo es que a veces las cosas más simples y obvias terminan por pasar desapercibidas. Te acostumbras.
Te olvidas de su marcado acento y que en las tiendas siempre ponen ese gesto entre el aturdimiento y el interés desmedido. Otras veces le ponen cara de asco. Eso me molesta mucho, suelo intervenir, modulando la voz como me enseñaron en la radio, a ver si a mí no me entienden… A él, eso no le importó nunca, ni siquiera cuando llegó aquí y no le entendía ni yo.
Ahora que recuerdo, hasta hablábamos un tercer idioma para comunicarnos mejor, era una mezcla del suyo, del mío y de uno tercero mal expresado y peor pronunciado estudiado en el colegio. Aunque no hacía falta. Nos entendimos desde el primer momento.

No sé por qué los de las tiendas no ponen más interés, se pierden su castellano perfecto con su precioso acento.

Aún es de noche, pero escucho ligeros ruidos alrededor, a pesar de llevar sólo un par de horas dormida, de los tapones de silicona para intentar conciliar el sueño. Maldito insomnio, sigo escuchando ruido. No muy fuerte, pero lo bastante para hacerme dar varias vueltas en la cama y abrir los ojos con dificultad. Le veo dando vueltas por la habitación. No enciende la luz y se ilumina con el móvil. Es para no despertarme. Le miro y recuerdo cuando lo vi de espaldas el primer día y se giró, como se gira ahora, y me miró. Me sigue mirando de la misma manera, aunque piense que ni siquiera le veo, que estoy medio dormida.
Enciendo la luz.
− La perra que está histérica y no sé cómo, ha cogido tu rana Kermit. La he dejado aquí arriba en la cómoda, que no llega. Duérmete anda…
No logro entenderle, hasta que no se marcha y miro la cómoda. Y es entonces cuando me lo recuerda, que ha venido de muy lejos.

El amigo Gustavo, o el reportero más dicharachero para los de por aquí...

martes, marzo 06, 2007

Rescatando nombres

Elegir el nombre que acompañará toda una vida a alguien es ardua tarea.
Para todo el que escribe, la cosa se complica, ya que son muchos los hijos propios que va dando forma y criando a lo largo del tiempo, y encontrar nombres para todos ellos es una misión casi imposible. Estamos llenos de prejuicios, al menos en mí caso. Y según pasan los años más, porque por lógica, son más también las personas con las que cruzas tu camino, aunque sea de manera temporal y anodina y más de uno, puede no dejar un buen recuerdo.

Para todo hay un pero, cuando no es porque era el nombre de la profesora déspota, borde y encima fea de tercero, es porque es el del ex que todo ser humano no soporta recordar, la amiga que te falló o es el del dueño del bar de la esquina, ese que siempre lleva las uñas sucias.
Y llega un momento que los nombre se acaban. Se terminan un buen día y te encuentras dando la vuelta al alfabeto del derecho y del revés como los calcetines oscuros, esos que nunca sabes donde tienen el lado bueno.
Yo hasta me compré un libro de nombres por orden alfabético. Un tomo hortera, de esos que además del nombre te dicen cómo vas a ser y cual es tu personalidad. En un primer momento enloquecí de alegría al ver la gran cantidad que me quedaban sin utilizar, luego después de la euforia inicial, me di cuenta que poner: Fulgencio, Eladio, Ceferina, Clotilde o Remigio, por citar alguno, quizá no fuera del todo buena idea.
Los nombres marcan. Y si no, sólo hay que preguntarse cuántas veces hemos dejado de comprar un libro al ver y leer en letra negrita, el nombre de su autor. Prejuicios. Demasiados. Habría que saber separar las obras de sus autores, al igual que los nombres de la persona, pero es tan difícil…

Gente al sol
E. Hopper

viernes, marzo 02, 2007

El auténtico Pepe Espada

Esta entrada, pertenece a uno de los primeros post de mi blog, pero creo que es momento de rescatarla del fondo de los mares.
Escribí Pepe Espada hace ya unos años, durante un interminable e insoportable intermedio de una película, casi tan infumable como la espera. A los días, leyendo El Semanal, me encontré con un reportaje a todo color sobre un hombre que vivía en Brasil y que todos conocen como: Zé Peixe (Pepe pez). Lo bestial del caso, no es sólo la similitud de la vida de ese hombre con mi personaje, sino que al ver las fotos pude darme cuenta que era tal y como yo lo había imaginado en mi cabeza. Después del consiguiente aturdimiento y estupor, me sentí bien, muy bien. Era un coctel de realidad y casualidad que me produjo una extraña y grata sensación de euforia.
Aquí está la verdadera historia de Pepe Espada, Pepe Pez o cómo él mismo quiera llamarse.


Al Noreste de Brasil se encuentra Atalaia, una hermosísima playa del puerto de Aracaju, la capital del Estado de Sergipe. La gente disfruta de los últimos rayos de sol sentada en la terrazas y tomando unas heladísimas cervezas, algunos otros ya han empezado a cenar y saborean suculentas langostas de pata larga mientras otros más bailan improvisados pasos de lambada. Nadie se baña ya; en esta época del año las corrientes marinas son muy peligrosas y dicen que al anochecer merodean los tiburones.
De pronto, un abuelo surge de la línea de rompientes como si fuera James Bond, sale corriendo del agua, pasa por delante de los atónitos comedores de langosta y toma un autobús con dirección al centro. El fantasma se llama Zé Peixe algo así como Pepe pez y acaba de terminar su jornada laboral. José (Zé) Martins Ribeiro siempre va descalzo, incluso en la ciudad, y un calzón le sirve como único equipamiento de seguridad cuando abandona un buque, después de conducirlo sano y salvo a alta mar, y volver nadando durante kilómetros y kilómetros hasta alcanzar de nuevo la costa... Así es como afronta cada día su trabajo. A quienes realizan este tipo de trabajo, en Brasil se le conoce como prácticos y José (Zé), es el mas famoso de ellos.
Por radio se entera de la llegada de un nuevo barco a Aracaju y se pone de acuerdo con el capitán de la nave en esperarlo a tal o cual hora a la altura de una boya faro, que la marina brasileña mantiene 8 millas mar adentro (unos 12 kilómetros ), frente a la playa de Atalaia. Y hacia allí es que se lanza nadando con la tranquilidad que proporciona la rutina, este increíble hombre de 74 años. Cuando por fin alcanza el meeting point, trepa al artefacto flotante, se aferra a él y espera zarandeado por el oleaje que el mercante que solicitó sus servicios aparezca por el horizonte. Claro que, en ocasiones, llega con retraso... y entonces la cosa se pone fea; al menos, se pondría fe a para cualquier mortal en su sano juicio. Porque para Zé Peixe, en esos casos, la cosa sólo se pone incómoda. "He llegado a pasar noches enteras sentado en la boya", dice con naturalidad, "pero atado a un cabo", añade, como quitando importancia a la hazaña.
Cuando sube a bordo de un buque, en medio de cascos de protección, radioteléfonos y sistemas y navegación computarizados, Zé Peixer asemeja un cangrejo en una central nuclear. Lo primero que hacen los marineros es mirarle a los pies, para comprobar la veracidad de la leyenda: él siempre va descalzo.
Pero el momento cumbre, el espectáculo que esperan con ansiedad las tripulaciones de todos los navíos que zarpan del puerto de Aracaju tiene lugar en alta mar, fuera ya de los escollos y corrientes de la bocana. Zé Peixe se encarama a la estructura de hierro a estribor del puente de mando, a unos 15 metros del agua, y salta. Salta como un pez volador, con los brazos extendidos hacia atrás -para mantener el equilibrio y alejarme lo más posible del casco, al más puro estilo de los clavidistas de Acapulco.
En el océano, más que nadar, se abre paso furiosamente a través de las olas. Se orienta casi a ciegas; pocas veces mira hacia delante, hacia la costa. Porque no tiene tiempo. "Tengo que nadar sin parar ni un instante, de lo contrario jamás llegaría a tierra." Zé Peixe avanza con la cabeza siempre fuera del agua "para que no se metan las medusas en los ojos" y a un ritmo de trepidante: unas 2,000 brazadas por kilómetro.
Cuando le arrastra una mala corriente, tiene ante sí un maratón de 12 a 14 kilómetros. Pero eso, aunque molesta, no le desanima.
La evidente pasión por el agua de Zé Peixe viene de antiguo. Una vez, cuando tenía sólo 3 años, "me caí jugando al río Sergipe, y bueno parece que ahí me quede".
Con la marea baja- toda la ciudad apestaba a pescado- el pequeño Zé se dedicaba a recorrer las malolientes marismas recogiendo cangrejos para contribuir a la modesta economía familiar. Como niño prodigio ya era conocido por todo Sergipe a la tierna edad de 10 años: en 1937 un capitán de fragata le vio nadar por el puerto "como un animal de mares" y decidió bautizarle con el apodo de Zé Peixe. La voz se corrió y a Pepe Pez ya nunca nadie le llamó José Martins.
Hace más de 50 años que no se lava ni se baña, salvo en el mar, claro. Y en cuanto a su costumbre de andar siempre descalzo, únicamente se permite una excepción: cuando va a misa. Los domingos pedalea en su vieja bicicleta hasta la catedral, vestido con su traje negro y las mangas de los pantalones arremangadas hasta las pantorrillas. Los dichosos zapatos, que han viajado en el transportín, sólo se los pone en el último momento, ya en las escaleras del templo. ¿Será que le molestan porque ha desarrollado membranas digitales en los pies, como las que tienen los patos?
En cuestiones de salud, Zé Peixe no conoce problemas. Es más, está como un toro, o mejor habría que decir, como un león marino. A sus 74 años, pesa 155 libras, ni mucho ni poco para un hombre de su estatura. Su piel, macerada durante décadas por el agua marina, parece como momificada: es tan dura, que ni siquiera los mosquitos consigues atravesarla con sus molestos picotazos.
Zé Peixe sigue viviendo en la casa, encalada de blanco, donde nació, apenas una cabañita de pescadores construida hace 150 años. Sobre una pared desconchada ha fijado con chincheta fotos de antiguos veleros como los que atracaban en su Aracaju del alma cuando era pequeño. Los únicos muebles que posee, tres alacenas, también están llenos de recuerdos: recortes de prensa donde se mencionan sus hazañas y cartas de admiradores. En las fiestas patronales acompaña a los nadadores en la tradicional travesía de la gigantesca desembocadura del río Sergipe, y no resulta raro verle en el faro oteando con sus ojos de pájaro el horizonte en busca de embarcaciones zozobradas.
Y así es la vida de este hombre ejemplar al que cariñosamente todos por aquellos lares conocen como Zé Peixe, "Pepe Pez"...
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Fotografías de Pepe Pez (José Martins Ribeiro)