viernes, diciembre 30, 2011

Barcelona As de Damas

Barcelona eres tan hermosa que el frío se mimetiza entre tus curvas turgentes, Modernistas, femeninas que cubren las paredes. Frío que se derrite en los sombreros de los tejados adornados con mosaicos de colores.






Quiero ser una ventada en Nueva York. Un cerrojo indiscreto que quiere que le miren. Sin cortinas. Un hombre que silba a todas las mujeres bellas que pasean de piazza in piazza en Roma.

Guardián de trastos

No padece el síndrome de Diógenes. Ni es coleccionista compulsivo con estanterías llenas de buhos de Mallorca o Recuerdo de Fátima. Elefantes con agujetas en la trompa de tenerla siempre hacia arriba y disparada a la puerta. Guarda cámaras que ya no tiran fotos. Éstas conviven en cajas en imperfecta armonía de tonos sepias, grises. Al fondo a la derecha: gracias, no está el baño. Están los armarios con la ropa. Vestidos que sabe llenaron caderas turgentes a lo Loren. Cuerpos escurridos en los 30. Curvas elegantes de los 50. Sombreros, estos sí dan suerte y no las loterías. Chisteras que se coloca para ver la televisión que no tiene.

Los tubos y botes vacíos son los protagonistas del Film. Están en todas partes como los ufos. Se deja las manos con uno dándole mil y cinco vueltas. Luego se cubre el pelo con la brillantina que ha sacado. Se echa colonia de un frasco verde musgo. Porque él sabe que es una Leyenda Urbana que por más que los aprietes o vuelques llega un momento en el que no sale nada.

Miradas


Si las miradas matasen, si las miradas hablasen las calles estarían repletas de ojos afónicos. Ojos irritados. Avergonzados. Bocas aburridas. Ojos con voz de venganza vengada. Ojos mirando al suelo con cara de: "no me atrevo..." que caminan a saltos entre los recortables del suelo trazados a mano alzada con tiza blanca.

viernes, junio 17, 2011

CAFÉ sin LECHE

El café me ha dicho con gesto de comadre que las calles están llenas de ladrones de besos y no hay delito ni pena marcada para ellos. "La justicia es sabia a veces". Le he contestado. Pero seguía mascullando: "Lo mismo pasa con los robadores compulsivos de lápices de IKEA..." Lo ha dicho mirando con desprecio mi bolsillo. Acaricio la madera, sus puntas afiladas y me trago ese café amargo de un trago.







Esta mañana el café tenía acento argentino. Pero no de tango roto o sensual. Todo eran preguntas sin respuesta. No he podido tomármelo. Era como tragarse a Mafalda. Un interrogante atascado en la garganta. Antes de irme le he puesto la radio diciéndole que no abriera la puerta a nadie. No esperaba menos cuando he oído su vocecita: Che! ¿Y si es la Felicidad?