domingo, enero 01, 2012

2012. FELIZ AÑO


Puedes marcharte. Con tu mal nespresso matinal y peor nocturno. Tus crisis y tus miserias. Tienes un billete solo de vuelta en la estación. Pagado para que no dejes más deudas a medias.



Y tú seas o no el Fin de los Mundos ven ya. Sé que no es lo mismo que antaño. Ahora ya pocos te comparan con cursis cuadernos de hojas nuevos blancos sin estrenar. Cada vez menos te esperan con alegría. Ni la Banda de Bienvenido Mister Marshall puede ir a recibirte. No tienen para pagar los disfraces. Pero quedan ganas de verte llegar.


Las estadísticas no son tan malas: por cada ladrón de sueños hay 3 ladrones de ladrones de sueños. Por cada ladrón de besos hay 2 que se dejan robar. Por cada ladrón de Paz hay 4 regaladores compulsivos de buen rollo. Por cada ladrón y asesino de letras hay 5 drogadictos que las resucitan a lo Frankenstein. Provocadores natos de risas estúpidas y sin sentido. Genios en recomponerse y reinvenciones que trabajan a jornada completa como Becarios sin contrato. Dicen que hasta hay quien ya se encarga de enviar las cartas bellas que otros quemaron.


Y no te preocupes siempre hay alguien al que le gusta el bricolaje y nos preparará El Arca. Por si acaso. Bienvenido.

viernes, diciembre 30, 2011

Barcelona As de Damas

Barcelona eres tan hermosa que el frío se mimetiza entre tus curvas turgentes, Modernistas, femeninas que cubren las paredes. Frío que se derrite en los sombreros de los tejados adornados con mosaicos de colores.






Quiero ser una ventada en Nueva York. Un cerrojo indiscreto que quiere que le miren. Sin cortinas. Un hombre que silba a todas las mujeres bellas que pasean de piazza in piazza en Roma.

Guardián de trastos

No padece el síndrome de Diógenes. Ni es coleccionista compulsivo con estanterías llenas de buhos de Mallorca o Recuerdo de Fátima. Elefantes con agujetas en la trompa de tenerla siempre hacia arriba y disparada a la puerta. Guarda cámaras que ya no tiran fotos. Éstas conviven en cajas en imperfecta armonía de tonos sepias, grises. Al fondo a la derecha: gracias, no está el baño. Están los armarios con la ropa. Vestidos que sabe llenaron caderas turgentes a lo Loren. Cuerpos escurridos en los 30. Curvas elegantes de los 50. Sombreros, estos sí dan suerte y no las loterías. Chisteras que se coloca para ver la televisión que no tiene.

Los tubos y botes vacíos son los protagonistas del Film. Están en todas partes como los ufos. Se deja las manos con uno dándole mil y cinco vueltas. Luego se cubre el pelo con la brillantina que ha sacado. Se echa colonia de un frasco verde musgo. Porque él sabe que es una Leyenda Urbana que por más que los aprietes o vuelques llega un momento en el que no sale nada.

Miradas


Si las miradas matasen, si las miradas hablasen las calles estarían repletas de ojos afónicos. Ojos irritados. Avergonzados. Bocas aburridas. Ojos con voz de venganza vengada. Ojos mirando al suelo con cara de: "no me atrevo..." que caminan a saltos entre los recortables del suelo trazados a mano alzada con tiza blanca.

viernes, junio 17, 2011

CAFÉ sin LECHE

El café me ha dicho con gesto de comadre que las calles están llenas de ladrones de besos y no hay delito ni pena marcada para ellos. "La justicia es sabia a veces". Le he contestado. Pero seguía mascullando: "Lo mismo pasa con los robadores compulsivos de lápices de IKEA..." Lo ha dicho mirando con desprecio mi bolsillo. Acaricio la madera, sus puntas afiladas y me trago ese café amargo de un trago.







Esta mañana el café tenía acento argentino. Pero no de tango roto o sensual. Todo eran preguntas sin respuesta. No he podido tomármelo. Era como tragarse a Mafalda. Un interrogante atascado en la garganta. Antes de irme le he puesto la radio diciéndole que no abriera la puerta a nadie. No esperaba menos cuando he oído su vocecita: Che! ¿Y si es la Felicidad?


domingo, mayo 08, 2011

FRAGMENTOS

Relato publicado en el libro: "Velas al Viento". Editorial Libros del Vigia. Junio 2010. (Selección y Prólogo de Fernando Valls).
http://monicagutierrez.blogspot.com/2010/07/antologia-del-microrrelato-hispanico.html

FRAGMENTOS

Al principio, no sabía con qué excusa pasar el mayor tiempo posible a su lado. Más tarde no sabía cual era la mejor manera de quedarme a pesar de haber salido por la puerta. Por más prácticas que hice no conseguí el don de la ubicuidad. Así que un día decidí comenzar la ardua tarea de dejarme olvidada en imperceptibles fragmentos en los pocos metros que tiene su casa.
Como un repelente scout con corbatilla bicolor, la primera vez dejé una señal para no perder el rumbo en el mapa de navegación de vuelta. Un papel con unos dibujos mal trazados de esos que siempre hago. Hacía calor. Abrió la ventana. El papel voló. Volé yo.
Un día de otoñó al irme dejé caer un pañuelo que llevaba alrededor del cuello. Como si hubiéramos retrocedido en el tiempo hasta esos siglos, donde no sólo no era una vulgar cursilería, sino un signo inefable de que algo quedaba por decir entre una mujer y un hombre. Un signo descarado e imperdonable. Una vez que lo vi ahí, desparramado sobre el suelo de madera calentito por esa exagerada calefacción central se me antojó ridículo.


– Se te ha caído – me lo dio y cerró la puerta sonriendo como casi siempre.

Bajé las escaleras enredándolo entre el pelo y apretándolo al cuello, para que no dejara que la garganta tragara como traga cuando quiere hacer pucheros.

Otra tarde me marché como tantas otras sin decir nada. Trabajaba en su estudio y era un pacto entre caballeros no molestar ni para el hola, ni para el adiós. Me aseguré de quedarme mejor escondida. Entre los cojines del sofá dejé un pendiente. Sabía que nunca lo encontraría. Que no limpiaría tan a conciencia para encontrarme ahí, entre las entrañas de ese sofá de espuma recogido en el rastro un domingo por la mañana.
A los días me llamó para decirme que una amiga lo había encontrado.
En verano el frigorífico se llenó de cerveza y aire. Ahí me metí. No sé cómo, pero al fondo me quedé en forma de hielo en la cubitera de plástico quebrada por una esquina. Pero el verano pasa, como pasan las horas y como se derriten los hielos entre las bocas cansadas.
Dejé monedas, horquillas, miles de elementos diminutos que formaban mi esencia y que de una manera u otra desaparecían, como desaparecían las horas para seguir soportando fragmentarme, de esa forma constante, hiriente y desoladora, por lo cruenta de la misma.
En invierno fue uno de mis sombreros, que ahora descansa inerte sobre el perchero de la entrada. Siempre le sentó mejor que a mi cabeza.

Me voy de viaje les dije a todos. Sin mayores explicaciones, sin demasiadas penas y ninguna gloria. Mal vendí muebles, enseres y dejé mi piso de alquiler. Cogí toda la ropa y la metí en las maletas y la facturé con rumbo a ninguna parte. Llamé a su puerta.

Esta vez no podría olvidar nada, ni un jersey, ni un pendiente, ni una risa, ni un puto papel. Ya no tenía nada. Tampoco podría esconderlo, esconderme. Desnuda ante la puerta sin tan siquiera una triste maleta como Teresa ante Tomás y su insoportable levedad del ser, permanecí inmóvil. Él cogió el sombrero del perchero y me lo puso sobre el pelo empapado de agua, calor y frío.

− No sé por qué no te quedaste escondida, olvidada en mi casa mucho antes.

jueves, noviembre 04, 2010

"TIERRA DE CIERZO. Al este del Moncayo" En IN-EDIT 2010

Este fin de semana tuve el enorme placer de ver la película dirigida por Jorge Nebra: "Tierra de Cierzo. Al este del Moncayo", dentro de un marco incomparable el Festival Internacional de Cine Documental Musical de Barcelona. Os dejo la reseña que se ha publicado hoy en "Artes y Letras" en Heraldo de Aragón.

Sin duda todo un mar de músicas, un mar de viento.


MAR DE MÚSICAS.
Mónica Gutiérrez Sancho

CIERZO

El sábado 30 de Octubre fue la presentación Nacional en Barcelona de la película: “Tierra de Cierzo. Al este del Moncayo”, dirigida por Jorge Nebra, en la 8ª Edición de IN-EDIT. La primera película aragonesa que participa a Concurso en la Sección Nacional.

Cuando las luces se apagan la melodía que se escucha es el Cierzo, como si te permitiera cogerlo entre las manos e increparle: Quieto.
No hay voz en OFF que valga. Es una película. El escalofrío es inevitable al escuchar a José Antonio Labordeta. Porque son ellos los músicos que ha parido la tierra del Cierzo desde las últimas décadas hasta hoy, los que dan forma a la trama. Cientos de personajes. Los músicos, productores, los bares… nos muestran con sus propias palabras la historia de la música en Aragón y su trascendencia.

Un mosaico de millones de imágenes inéditas, testimonios, tejido con una precisión artesanal y una fotografía magnífica, que de una manera rápida, a la vez que calmada, como si fueran pequeños golpes de viento nos va llevando a través de nuestra historia. Haciéndonos enmudecer de la emoción por secuencias que vemos en la gran pantalla, pero sentimos como propias. Épocas de una vida. Recuerdos, siempre buenos como sólo puede aportar la música.

Un trabajo hermoso que tenía que hacerse. Imprescindible. Mostrar que en Aragón existe un alma, una cultura musical tan arraigada, una profesionalidad y un espíritu de supervivencia inquebrantable. “Más Birrás”, los “Violadores del Verso”, los “Especialistas”, los “Héroes del silencio” que más hemos oído, porque a nosotros siempre nos quedará Carmen París, “Distrito 14”, “Los Niños del Brasil”, “Tako”, “El niño Gusano”, “Amaral” y tantos otros que han golpeado, siguen y seguirán haciéndolo más fuerte que el CIERZO, por muchas dificultades que éste les ponga.

domingo, septiembre 19, 2010

CÍRCULO


Desde hace años me persiguen, pero hasta hace unos meses no me di cuenta. Caminaba como los demás y la sensación era de ir por una línea tan recta como la de sus medias de seda de tacto de cristal. No por frías, ni por ser una metáfora del deslumbrante brillo que producían al moverse, sino por las heridas que como estigmas se cernían sobre mí sólo por mirarlas. Pero yo sentía que caminaba recto. Incluso erguido. Que era un tipo interesante y con una vida digamos hasta original. Pues no. Lo hacía en círculos. Una noche un lugar sin gente y llegar a ver once veces el letrero del bar de siempre hizo que me diera cuenta de ello. Entré, pedí una copa y me senté a esperar mirando la puerta. Es cuando comprendí que no es lo mismo vivir dentro de un círculo que la vida viva en uno.





A los que se lo conté se rieron. Escuché tantas estupideces que me limité a no escuchar, y buscar la manera de intentar salir. Nunca me ha gustado que me impongan dónde tengo que estar o cómo.


Probé a arañar la tierra. De día arrancaba con disimulo pequeñas briznas de las malas hierbas que siempre rodearon mi casa. Al día siguiente esos agujeros y las marcas de mis uñas estaban en la parte contraria. Y lo hice. Comencé de manera compulsiva a cavar día y noche, a comer tierra, piedras, insectos, todo con tal de romper el círculo. No sé por qué di por sentado que lo conseguiría sumergiéndome en el interior del mundo. Por qué no podía estar arriba, a la altura de mi cabeza, o de su diminuta cintura y sus gigantes caderas. Ahora aquí sentado miro el espejo que parece quieto y me lo pregunto. Pero estoy cansando y no sé si lo volveré a intentar. O cuándo, dónde, y sobre todo por qué. Todas las preguntas básicas juntas.


Sigo viniendo aquí. Al bar de siempre, al que vi once veces seguidas esa noche. Ahora ya sé por qué se otorgó a sí mismo ese apelativo. Lo hago cuando quiero dejar de sentir que todo es un círculo. Me siento en la banqueta redonda, me pido una copa que apoyo sin delicadeza en la marchita barra. Deja siempre la misma marca acuosa, recordándome lo miserable que es ser conocedor de algo que no te sirve para nada.

martes, julio 20, 2010

Antología del microrrelato hispánico: "VELAS AL VIENTO"



Tengo el enorme placer de participar en esta Antologia editada por Fernando Valls en Editorial Libros del Vigia.
(Texto del Blog : "La Nave de los Locos", del Editor Fernando Valls sobre el libro).


En esta antología del microrrelato hispánico, publicada por la editorial Cuadernos del Vigía, de Granada, se recogen piezas de casi todos los grandes cultivadores del género, pero también de numerosos narradores poco conocidos o jóvenes que están iniciando su trayectoria como escritores. Casi todas ellas aparecieron en esta bitácora como inéditas. Creo no exagerar si afirmo que con esta recopilación los lectores podrán hacerse una idea bastante cabal de lo que viene cociéndose en el género a uno y otro lado del Atlántico, en lengua española. Para ello, doy microrrelatos de:



Francisco Ayala, Mario Benedetti, Antonio Pereira, Pablo Antoñana, David Lagmanovich, Raúl Renán, Daniel Moyano, José Jiménez Lozano, Rafael Pérez Estrada, José de la Colina, Gonzalo Suárez, Eugenio Mandrini, Federico Patán, Fernando Aínsa, Luisa Valenzuela, José Emilio Pacheco, José María Merino, Luis Mateo Díez, Enrique Jaramillo Levi, Juan Armando Epple, Raúl Brasca, Manuel Talens, Rogelio Ramos Signes, Ana María Shua, Esther Andradi, Pedro Herrero, Armando José Sequera, César Gavela, José Gregorio Bello Porras, Julia Otxoa, María Rosa Lojo, Pedro de Miguel, Carlos Iturra, Diego Muñoz Valenzuela, Emilia Oliva, Luis Pérez Ortiz, Lilian Elphick, Gabriela Aguilera, Araceli Esteves, Enrique del Acebo Ibáñez, Luis García Jambrina, Carlos Castán, Manuel Moya, Fernando Iwasaki, Ángel Olgoso, Juan Romagnoli, Carmela Greciet, Manuel Moyano, Julio Ricardo Estefan, Pedro Ugarte, Antonio Báez, Cristina Elda Nieto, Antonio Serrano Cueto, Juan Gracia Armendáriz, José Alberto García Avilés, Pepe Cervera, Miguel Ángel Cáliz, Sandra Bianchi, Ernesto Calabuig, Fabián Vique, Rubén Abella, Francisco Rodríguez Criado, Pilar Galán, Isabel Mellado, Francisco Silvera, María Fabiana Calderari, Gemma Pellicer, Orlando Romano, Ginés S. Cutillas, Mónica Gutiérrez Sancho, Óscar Sipán, Javier Puche, Manuel S. Vicente, Miguel Ángel Zapata, Carmen Camacho, Ildiko Nassr, Andrés Neuman, Héctor Kalamicoy, Luis Azuaje y Cristina García Morales.

domingo, julio 18, 2010

DESDE BARCELONA

No ha sido un flechazo. Que sí existen. Lo mío con Barcelona ha sido como una historia de amistad, de amantes sin pretensiones. Sea cómo sea, por fin sé que quiero quedarme aquí, entre sus brazos. Al menos por un momento.
Sé que resulta algo surrealista poner un post de despedida veraniega, teniendo en cuenta que no he escrito nada. Será que con el tiempo empiezo a guardar tantas manías como objetos inservibles. 


 Así que aquí va una de "micros". Esos pequeños golpes de letras que me persiguen a todas horas. A veces sin demasiado sentido, otras sin ninguno.

Echarte


Añorarte, desear que vuelvas, que llegues, si ni siquiera estuviste aún aquí, esperarte. Qué tontería es esa de: "te echo de menos", a ti te echo siempre de más. Tanto como arroz sólo teñido de amarillo en una paella de chiringuito de playa.



La rubia platino


Él coloca bien el ala del sombrero. Apura un cigarrillo sin soltar ni un segundo la mano marmórea de su rubia platino.

Ella espera sentada en una silla.


Ese platino deja de brillar dando paso a las raíces quebradizas de un castaño caduco.

Un día el viento le arranca a él su absurdo sombrero. Corre a buscarlo. No deja de hacerlo por encima, los lados, por todas partes. Aturdido de ver la silla vacía.
 

 
Me voy como siempre al mar, que no a la playa. Y espero que seáis muy malos, para ser buenos es para lo único que sobra el tiempo.

martes, mayo 04, 2010

"The End"

Actualizar el blog después de tanto tiempo, es casi más difícil que mantenerlo a diario. Pensé hace unos meses, incauta de mí, que había logrado dar alcance a uno de esos relojes que nunca llevo, y había terminado mi libro. No fue así. Tomó vida propia, como suele pasar tantas veces y decidió por su cuenta y riesgo que lo secuestrara de nuevo, me lo llevara como un amante prohibido a un lugar secreto y volviera a retenerle. Al menos por un tiempo. No sabía cuánto podría mantenerlo a mí lado sin que escapara, o se estropeara nuestra relación, por un lado casi eterna, de más de cuatro años, por otro furtiva y fugaz como deberían ser tantas para no destrozarlas.

Hoy sí. Ahora sí. Ya sí. Es libre para hacer lo qué quiera, ya solo puedo limitarme a verle marchar con cierta alegría y tristeza, pero sin despedirme. No soporto los relojes, tampoco las despedidas.

jueves, marzo 11, 2010

TRAS LAS HUELLAS DE TOURNEUR Reseña de la novela: "AMERIKA" de Lorenzo Luengo

Pinchar en la imagen para poder leer el texto.

Lorenzo Luengo resultó ganador del XIV Premio de Novela Ateneo Joven de Sevilla, con su obra: “Amerika”. Nacido en Madrid, Lorenzo es un ciudadano del mundo y de todos los que recorre con sus letras.
La obra se divide en dos partes: “Amerika o las confesiones de un muerto viviente”. Precedida por un Prólogo, y un artículo periodístico: ¿Qué fue de Baby Jane?
Y una segunda parte: “La construcción de Amerika”. Para finalizar: ¿Qué fue de Baby Jane? (y II).
 La trama comienza por sumergirnos en el mundo de Leonardo Rilke, millonario extravagante, que contrata a un escritor abandonado por las musas y la suerte. Y a un peculiar grupo de personajes especializados en el cine de los años 50 con la surrealista pretensión de rodar: “Otro invierno en América”, película que Tourneur no llegó a realizar, con los mismos medios y la misma actriz de antaño. Esto es sólo el principio de una trama trabajada, con una estructura claramente estudiada como la más complicada de las pirámides. ¿Quién se atreve a jugar? El autor no es un escritor conformista y busca un lector que tampoco lo sea.
Gran parte de la magia de la obra, radica en que el autor ha vivido en “Amerika” desde el primer momento, y probablemente aún continúe haciendo alguna visita. Es algo que se palpa entre las páginas que transcurren, entre geniales descripciones tanto de los personajes como de la atmósfera conseguida. Un estilo elegante, cuidado, aderezado de una asombrosa imaginación.


Podría ser considerada como una novela de ciencia ficción, o un homenaje al cine, en concreto de Serie B, pero sería para una obra de esta categoría demasiado limitado.
No debemos pasar por alto un detalle, que nace desde la primera frase del libro, en el mismo Prólogo paseándose durante toda la obra. El autor nos está arrastrando sin remedio, sin que tan apenas nos demos cuenta, mucho más atrás en el tiempo. Leonardo Rilke, y su obsesión por esas películas en las que no tenían ni tan siquiera presupuesto para repetir las tomas, no chocará contra molinos de viento en algún lugar seco y árido de la Mancha, pero sí lo hará contra muchos malandrines que se cruzarán por su mente enferma. La locura de un caballero andante en pleno asfalto.


“Amerika” sigue una estructura tan clásica como innovadora, por la particular visión y estilo de Lorenzo Luengo, de la maravillosa obra y nuestro escritor por excelencia: Cervantes y su ajado caballero andante Alonso Quijano.
Como buen caballero andante que se precie, no nos defraudarán las aventuras, las novelas dentro de la novela, y las sorpresas.
Hay que agradecerle que haya decidido realizar una obra que es un regalo para la literatura española. Literatura íntegramente nuestra. Transcurra la trama en Amerika, en Barataria, esa promesa soñada por Sancho, o en este caso en la ínsula que es la imaginación de Lorenzo Luengo.


Mónica Gutiérrez Sancho

domingo, diciembre 27, 2009

Ganar al reloj

A veces tengo la sensación de que este año ha sido casi en exclusiva una carrera para intentar ganarle, sí, al reloj. Días en lo que faltaban horas, horas que faltaban dentro de semanas de locura, minutos apurados, como el final del café. He decidido dejar de correr delante o detrás del tiempo. No tiene el menor sentido.

Uno de los mayores perjudicados ha sido el blog, aunque tuve que decidir entre un encierro de más de un año voluntario para escribir, interrumpido de repente, por un rápido traslado dónde ahora vivo, la preciosa ciudad de Barcelona y por fin entre las manos, el trabajo de los últimos años terminado: "Té chino en Atlántida".


Espero que sepáis perdornarme, las ausencias, los despistes, las visitas no realizadas e incluso la invitaciones no confirmadas, ni para el sí, ni para el no. Ella, la novela, tomó vida, con tal fuerza, que ni yo misma he podido pararla.

Un abrazo a todos,

Mónica

lunes, octubre 12, 2009

MIEDOS


Cuando me entra vértigo me subo al armario. Si es ansiedad me meto en el balón de NIVEA que cayó del avión ese verano. El pánico pasa encerrado en una sábana. La claustrofobia en una capsula de valium.


Hoy por fin te perdí el miedo y lo dije: "Ya no te amo".

Ahora paso del armario, a la bolsa, al balón... Y yo sólo quiero irme.


Me ha costado, pero ya estoy de vuelta.

Un abrazo a todos,

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jueves, septiembre 10, 2009

IWASAKI en la CIUDAD DEL CIERZO

Mañana viernes 11 de septiembre, a las 20.30 h, en la librería Los Portadores de Sueños (calle Jerónimo Blancas, 4), se presenta el nuevo libro de relatos del escritor Fernando Iwasaki, “España, aparta de mí estos premios”.

Acompañan al autor la escritora Patricia Esteban Erlés y el editor de Páginas de Espuma, Juan Casamayor.


Espero tener el placer de por fin poder saludar a Fernando en persona.

No os lo perdáis, os lo recomiendo.

Un abrazo a todos. (Ya estamos de vuelta).

sábado, julio 11, 2009

CANTOS DE SIRENAS













El olor era nauseabundo. Era una mezcla entre pescado, sal, arena, y un hedor causado seguramente por las algas más muertas que vivas, por mucho que intentaran moverse, que llevaba pegadas en un costado.
− Sé que apesto. No hace falta que sigas hablando conmigo disimulando. Tienes el rostro desencajado.
Negué con la cabeza, al tiempo que la giré para que no viera que me sobrevenía una arcada.


− No sé quién comenzó, siguió y continuó inventando esas absurdas leyendas, historias pueriles sobre nosotras las sirenas de los mares y océanos, o cómo os de la gana llamarnos. Como si fuéramos princesas de plástico. Diosas del sexo y amor con las que jugar en vuestras fantasías nocturnas y sueños adolescentes.


− Toda leyenda siempre suele tomar un cariz absurdo con el tiempo – le dije yo, por decir algo.


− Ya.
Era casi de noche, pero se podía ver a la perfección cada detalle, desde su cuello terso, sus senos rayando la perfección, redondos, blancos y sonrosados, sus brazos marmóreos y hermosos, su cabello lacio que tapaba uno de ellos como sin querer hacerlo; hasta la nube de insectos que como un gorro de playa de hace décadas se arremolinaban alrededor de su cabeza.

− Y antes aún era peor. Hubo tiempos en los que se nos persiguió sin tregua.
Dijo ella dando un coletazo en la arena con su larga cola de pescado, con escamas duras, bastas y malolientes residuos de ese fondo marino del que me hablaba y me hablaba.
No dudé que fuera tan impresionante como lo describía. Podía dar fe de ello por mis insulsas incursiones como submarinista aficionado y los documentales que pasaban por el canal de la siesta, pero en ese momento, sólo sentía el olor, lo que parecían restos de coral en la parte de la cola por donde entraban y salían una especie de bichos negros y las inmundicias humanas que se le habían ido adhiriendo por nadar tan cerca de las playas.

− Como los naufragios o las muertes de marineros de antaño. Será posible… Salir del agua después de tanto tiempo te hace tener los oídos completamente taponados. ¿Nadie se ha preocupado de pensarlo? Pero supongo que es más fácil inventar que nuestros chirridos enloquecedores causan las muertes de aquellos que no supieron doblegar al mar. Intentamos cantarles y por cierto, solemos intentarlo con las canciones que se escuchan en los hoteles, las casas que cada día metéis más cerca del agua. Sólo por resultar educadas, un minuto y no cantaríamos como locas, pero nada. No he escuchado a ningún humano cantar bien con los oídos tapados. Cantos de sirenas…

− Ya, es cierto − dije yo. Sin poder quitar mis ojos de una pequeña espina que llevaba entre los dientes.
Aún así, pensé que dentro del agua, no notaría el olor, tendría la posibilidad de ver maravillas prohibidas para cualquiera que no tuviera aletas y tocar esos senos cuando quisiera.
Ella me extendió la mano y se la di, era áspera, dura como sus escamas, y con las uñas rotas, desgarradas y sucias. Di saltitos en la orilla. No soporto las uñas sucias.
− Qué te ocurre, pensé que después de esta noche estabas decidido a venirte conmigo.

− Es que está el agua un poco fría ¿no?

− Ya…

Dijo ella alejándose sin darme tiempo a reaccionar, dando fuertes coletazos dejándome el olor aún palpable a pescado a punto de pudrirse, escuchando su voz dulce aunque algo desentonada, cantando de lejos el estribillo de una canción hortera de las noches de verano.

viernes, junio 05, 2009

LOS AVIONES

02:00 AM
Ella se dirige a la habitación. La habitación verde. Está vacía. Inmensamente vacía como las calles, como las horas que millones de relojes marcan durante el resto del día por la ciudad. Pasos lentos como el sonido que marcan esas agujas que giran al revés, cucos que salen sin entusiasmo a avisar de más horas. Horas marcadas por tráfico que transita entre sábanas y calzadas. Entre sueños y noches rotas. Entre noches de pasión y noches anodinas. Un cóctel explosivo de sentidos.
Lleva una copa de agua que apoya en la mesilla. Antes bebe un largo sorbo, paladeándolo como si fuera una copa de exquisito vino para compartir en el lecho con un amante. No uno más. No cualquiera, sólo el que su cuerpo llama cada noche, a veces de manera susurrante, otras como esa noche a gritos. Él.
Su cuerpo se estremece de repente mezcla de frío y terror. Como si el monstruo que se esconde debajo de cada cama, de cada somier, fuera a salir en cualquier momento y atraparle las piernas con sus garras. Por sorpresa, a traición. Mira el reloj y se ríe de sus propios fantasmas. De ese miedo a la soledad, que ella misma desea. Soledad buscada y hallada. Lo que deseamos nos asusta. Como nos asusta lo que no queremos.
Sonríe pensando en el lunar que tiene en la espalda a la altura de la nuca. No quiere que lo toque. Como si fuera el botón que dispara todas las alarmas de su cuerpo delgado.
Se acuesta en el lado derecho. Siempre en el mismo lado. En posición fetal. Se encoge y lo siente al instante. El frío gélido y punzante que le atraviesa la cara, los hombros, le resbala por la espalda y le acaricia con manos de hielo el pecho con mezcla de fuerza y desinterés, pero con la amenaza latente de que se queda ahí. Caricia no deseada, ni buscada.

03:00 AM
No puede dormir. Da vueltas. Gira y vuelve a girar. Como el cuarto verde. Verde esperanza cantan poetas, verde relajante dicen, verde para los niños, para los enfermos, para la gente triste… Para ella sólo un color más. Sólo desearía gritar en ese instante a todos esos que inventaron hermosas historias sobre el verde, y traer secuestrada a la Esperanza a esa maldita habitación, tumbarla y atarla en esa cama noche tras noche y preguntarle después de un tiempo si no es capaz de extinguirse, de morirse ella misma en su propio desaliento.
Se ha perdido. A veces le ocurre cuando hunde la nariz en la almohada y encuentra otros olores. Le recuerda los cuerpos que desfilaron por ese cuarto, que desfilan como muñecos de metal recién pintados. Cuerpos que le sobran, que a veces trajo pensando que en ellos encontraría el suyo. Que él arrastro a las sábanas pensando que debajo de las capas estaría ella. Han arrancado vestidos, camisas, botones, piel, buscando lo que ya habían hallado. Qué ignorantes…
Y ahora hay una mezcla empalagosa de aromas baratos, de colonias caras de mujer, de olores de hombre que no son el suyo. Él no tiene olor, ella tampoco. Le da la vuelta a la almohada y es cuando éstos desaparecen. Y desaparece la desazón que le atrapa el interior como un guante de hierro.
Se tumba atrapada en esas sábanas que están en perfecta alineación con sus caderas, sus piernas. Cuerpo trazado con prisa por un dibujante inexperto.


04:00 AM
De repente una caricia sobre el cuello, casi imperceptible, como un resbalar sin querer las yemas por la nuca hasta el principio de su espina dorsal. Escalofrío de calor. Y recuerda. El ruido de los aviones de fondo, puede oírlo. Y al final de la calle un tugurio. El bar casi escondido. Lugar clandestino como ella. Sólo varias personas tiradas sobre la barra. Borrachos de alcohol y carentes de sexo. Hambrientos de todo.
El cruce de piernas sobre la banqueta. El ruido del avión todavía planeando sobre su mente, y esas palabras que le recuerdan que le han abandonado en un aeropuerto, en una puerta de embarque, como se deja el equipaje que no cabe, que sobra…
Y el hombre que entra. Viene también del aeropuerto lleva una maleta negra, como el rimel que le surca los ojos. Y la mira y se sienta a su lado. Ella quiere llorar y bebe un trago largo y rápido. Él le pasa los dedos por los ojos y le quita todo rastro de oscuridad. De tristeza reciente. Y le habla del retraso de su vuelo. Que es de otro país. Ella no escucha el nombre del lugar, pero deja que la mire y la desnude con los ojos. Esa noche sí. Esa noche no le importa que la posea un extraño. Siete horas les separan cada día, dice él sonriente sin dejar de mirarla. Ella está borracha y piensa que debe ser de muy lejos. Y siete horas hasta que salga su avión. Y risas y más copas. Él también empieza a estar ebrio.
El hostal está tan perdido como el bar. Es sucio. Pero huele a limpio. Se dejan caer sobre la cama. Lo mira y descubre con sólo aspirar, sin tan siquiera tocarlo, que ese cuerpo está esculpido para ella. Sólo tiene siete horas para fundirse en él. Él la mira y le quita despacio los zapatos, las medias, el vestido de tirantes que le muestra, lo que ha mostrado a otros, a muchos, en esencia ninguno. Mujer abandonada como una maleta. Dice ella riendo. Él pone su dedo sobre los labios de ella y le dice no con la cabeza. Ella ya no ríe y lo mira. Él la besa.
Siete horas más tarde en la calle se rompen en caricias rápidas y besos como mordiscos de pasión de adolescentes. De portal en portal, de esquina en esquina. Los aviones les miran de fondo. Con la respiración entrecortada se despiden en la entrada. Ella se aleja colocándose el vestido, con el pelo revuelto, escuchando el ruido de sus tacones y de fondo los primeros bostezos, los primeros despertares.
Ahora el aroma como ese día comienza a transitar por su cuerpo. Ya no está encogida como un bebé, se gira, se mueve, se arrastra y retoza entre sábanas blancas y caricias absurdas sin manos y se deja llevar, dónde sea que quiera llevarla él esa noche. Duermevela.


05.00 AM
Él está allí. La cama no está vacía. No está fría. Quema. Sabe que está dormida, pero no le importa. Qué importa. Él ha venido esta noche. Y le mira. Cómo le mira… Como le miró el primer día.
Hace tiempo que su inexistente olor y serena esencia han llegado hasta puntos de su cuerpo que ella misma desconocía y que cada noche que viene, que aparece, le descubre y le cuenta al oído después. Esa noche ni siquiera la toca. Pero la sigue mirando. Y los dos ríen. Con la risa cargada del opio amargo y empalagoso que envuelve el deseo. Con la risa que sale del interior del cuerpo y del alma de los amantes.
Y se pierden entre abrazos, caricias inexistentes, reales. Se hunde en el interior de él, en el suyo propio. En las entrañas de su propio deseo, de su propio sueño, de su amante, de ella misma.


09.00 AM
Despierta. Está despierta. Siempre a la misma hora. Siempre en el mismo instante. De golpe.
Se levanta. Y comienza a oír el ruido de la calle. Los coches. Los niños en los colegios, los relojes…
Jaula de tela que encierra anhelos y encuentros apasionados. Son ellos los amantes. Que no escapan de la tortura de las noches y los días. Pero esa noche le llamó y él vino. Le ha llamado y ha contestado. Lo ha buscado y lo ha encontrado. Como tantas veces. Como viene siempre que ella lo llama. Como acude cuando él reclama su cuerpo, que acerque su espalda a la suya, que enreden las piernas hasta hacer un nudo imposible de soltar.
Son las 9 de la mañana, la luz entra con fuerza por la ventana. La abre de par en par. La mira y ve que no es su cama. Ni siquiera las paredes ya son verdes. Verde esperanza que le cantan. El suelo tampoco es de madera, ahora en cambio es de cerámica, y a cada paso la cerámica va tomando sus formas y dibujos originales. En el marco de la puerta, que ahora es mucho más alto, se para un instante antes de salir. Se queda quieta sobre esa baldosa que mañana tras mañana le hace tropezar, por una esquina rota que hace que sobresalga sobre las demás. Aspira y lo sabe, lo siente, hasta puede escuchar los aviones de fondo. Ha dejado de ser el cuarto verde como tantas noches. Siete horas después, o siete antes, siete horas más o menos qué importa dónde…

sábado, mayo 02, 2009

RESEÑA: Ocho islas y un Invierno


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Ese mecenas que ya es mitad Atlántico, mitad Ebro, Antón Castro, me ha dado la oportunidad de realizar una reseña para el sumplemento cultural ‘Artes & Letras’, de Heraldo de Aragón. Una reseña muy especial, al tratarse del poemario: “Ocho islas y un invierno” de Marta Navarro. Todo un lujo y un placer.