martes, mayo 13, 2008

FRAGMENTOS

Al principio, no sabía con qué excusa pasar el mayor tiempo posible a su lado. Más tarde no sabía cual era la mejor manera de quedarme a pesar de haber salido por la puerta. Por más prácticas que hice no conseguí el don de la ubicuidad. Así que un día decidí comenzar la ardua tarea de dejarme olvidada en imperceptibles fragmentos en los pocos metros que tiene su casa.

Como un repelente scout con corbatilla bicolor, la primera vez dejé una señal para no perder el rumbo en el mapa de navegación de vuelta. Un papel con unos dibujos mal trazados de esos que siempre hago. Hacía calor. Abrió la ventana. El papel voló. Volé yo.
Un día de otoñó al irme dejé caer un pañuelo que llevaba alrededor del cuello. Como si hubiéramos retrocedido en el tiempo hasta esos siglos, donde no sólo no era una vulgar cursilería, sino un signo inefable de que algo quedaba por decir entre una mujer y un hombre. Un signo descarado e imperdonable. Una vez que lo vi ahí, desparramado sobre el suelo de madera calentito por esa exagerada calefacción central se me antojó ridículo.


– Se te ha caído – me lo dio y cerró la puerta sonriendo como casi siempre.

Bajé las escaleras enredándolo entre el pelo y apretándolo al cuello, para que no dejara que la garganta tragara como traga cuando quiere hacer pucheros.

Otra tarde me marché como tantas otras sin decir nada. Trabajaba en su estudio y era un pacto entre caballeros no molestar ni para el hola, ni para el adiós. Me aseguré de quedarme mejor escondida. Entre los cojines del sofá dejé un pendiente. Sabía que nunca lo encontraría. Que no limpiaría tan a conciencia para encontrarme ahí, entre las entrañas de ese sofá de espuma recogido en el rastro un domingo por la mañana.
A los días me llamó para decirme que una amiga lo había encontrado.
En verano el frigorífico se llenó de cerveza y aire. Ahí me metí. No sé cómo, pero al fondo me quedé en forma de hielo en la cubitera de plástico quebrada por una esquina. Pero el verano pasa, como pasan las horas y como se derriten los hielos entre las bocas cansadas.
Dejé monedas, horquillas, miles de elementos diminutos que formaban mi esencia y que de una manera u otra desaparecían, como desaparecían las horas para seguir soportando fragmentarme, de esa forma constante, hiriente y desoladora, por lo cruenta de la misma.
En invierno fue uno de mis sombreros, que ahora descansa inerte sobre el perchero de la entrada. Siempre le sentó mejor que a mi cabeza.

Me voy de viaje les dije a todos. Sin mayores explicaciones, sin demasiadas penas y ninguna gloria. Mal vendí muebles, enseres y dejé mi piso de alquiler. Cogí toda la ropa y la metí en las maletas y la facturé con rumbo a ninguna parte. Llamé a su puerta.

Esta vez no podría olvidar nada, ni un jersey, ni un pendiente, ni una risa, ni un puto papel. Ya no tenía nada. Tampoco podría esconderlo, esconderme. Desnuda ante la puerta sin tan siquiera una triste maleta como Teresa ante Tomás y su insoportable levedad del ser, permanecí inmóvil. Él cogió el sombrero del perchero y me lo puso sobre el pelo empapado de agua, calor y frío.

− No sé por qué no te quedaste escondida, olvidada en mi casa mucho antes.

martes, abril 29, 2008

ENTRE TANGOS Y BOLEROS

Nadaba entre tangos y boleros. Como otros nadan entre dos aguas. O dudan entre café o cerveza. Navegaba sin barco, ni madera, entre letras que le hablaban de amor perdido, de amor deseado, de amor que llega, de amor que ni siquiera supo que tuvo, de amor que dejó marchar y no retuvo, de amor que duele, que no mata, que destroza...
No supo a ciencia cierta cómo y cuando ocurrió. Pero como si de un proceso de extraña metamorfosis se tratara cada día estaba más atrapado. Cada día un poco más dentro. Menos fuera. Más cerca. Hasta sólo llegar a sentir el contrapunteo, el son lento y romántico de las lagrimas del bolero. El paso rápido, fuerte y apasionado del Tango. Y se quedó ahí entre tangos y boleros. Como otros se quedan entre el cielo y la tierra. Entre la tierra y el suelo. Entre el suelo y la nada. Él se transformó en bolero. En letra de amantes. En música de amores prohibidos, inconfesables. Pronto se dio cuenta que aquello le permitía hacer todo aquello que antes sólo le hacía lamentarse, llorar, canturrear…

Ahora es bolero y acompaña las noches de amantes solitarios que en cualquier momento dirigen la mano al interruptor de su mesilla y él más rápido en reflejos que las sombras de los gatos, se anticipa y se prepara para meterse de lleno en el estómago del durmiente que entre la resignación y la esperanza apaga la luz, y él como cada noche le recuerda: Voy a apagar la luz para pensar en ti y así dejar volar a mi imaginación. Ahí donde todo lo puedo donde no hay imposibles, que importa vivir de ilusiones si así soy féliz.
Y encendiendo un cigarrillo, la habitación queda a oscuras sólo iluminada por el son, el ritmo acompasado de sus pies y el círculo naranja sobre sus labios secos.

Camina de la mano de gente que vuelve, con el miedo de la vuelta a lo que tuvo y sabe que nunca más podrá ser lo mismo. Que ya no existe. Por más que las calles que recorre sean parecidas, ya no son las de antes. Y aterrado el viajero se detiene y duda. Y es cuando le ayuda en su retorno aunque sea una vuelta no deseada, y le acompaña y le recuerda que siempre se vuelve al primer amor, la quieta calle, que en el eco dijo: Tuya es su vida, tuyo es su querer", bajo el burlón mirar de las estrellas que con indiferencia hoy me ven volver.

Aunque tú ni te des cuenta, él lo sabe, el conoce su secreto, que le carcome por dentro. Que ese que es tu amigo, que te llora entre risas, que te mira sin prisa y no se quiere, ni puede marchar. Ese amigo ya no sabe con qué inocente excusa pasar por tu casa. Y le empuja contra tu puerta para que te lo diga, para que te lo explique, para que te lo cuente, para que no se lo calle más.
¿Hace falta que te diga que me muero por tener algo contigo?
¿Es que no te has dado cuenta de lo mucho que me cuesta ser tu amigo?
Ya no puedo acercarme a tu boca sin deseártela de una manera loca
necesito controlar tu vida saber quien te besa y quien te abriga.
Otras le toca ser compañero de fatigas de amantes desesperados que ya ni siquieran tienen nada que decir. Que todo se dijo ya. Que todo termino. Pero que necesitan seguir hablando, seguir gritando lo que llevan dentro. Él lo sabe, lo entiende mejor que nadie y les deja hablar, como un cura que no sana, que pero lame las heridas de las viejas beatas en las Iglesias tarde tras tarde, luna tras día.
¡Qué gran error volverte a ver para llevarme destrozado el corazón!
Son mil fantasmas, al volver burlándose de mí, las horas de ese muerto ayer...
Y ahora que estoy frente a ti parecemos, ya ves, dos extraños...
Lección que por fin aprendí: ¡Cómo cambian las cosas los años!
Angustia de saber muertas ya la ilusión y la fe...
Perdón si me ves lagrimear... ¡Los recuerdos me han hecho mal!


Por las noches se emborracha en las tabernas y los bares, apoyado en las barras de madera, agotado de tanto amor, de tanta pasión, de tanto dolor. Pero allí se multiplica, porque es entre el alcohol, donde muchos de esos que parecen inocentes están marcados, perseguidos por la desesperación. Y le asaltan, le atrapan, le ensordecen... Pero él ya sólo se emborracha y bebe tragos largos y lentos para poder olvidar, para dejar atrás lo que vivió, para sentir sólo el son de la guitarra y el vaivén por el suelo de esos pasos que nunca dejarán de bailar. De bailar para él.
Quiero emborrachar mi corazón
para después poder brindar
por los fracasos del amor...





viernes, abril 18, 2008

AMANTES ETERNOS

A veces es inevitable preguntarse cual es el motivo por el que se mantienen vivas las parejas. Cómo sobreviven el día a día entre lavadoras de ropa sucia, camas revueltas a veces llenas de sabores placenteros y otras cargadas de monotonía.
Recuerdo una escena de: “El compromiso” de Brad Silberling, una película protagonizada por Susan Sarandon y Dustin Hoffman. Ella es una escritora de fuerte carácter, cínico e irónico, y él un hombre sencillo, un agente inmobiliario de pueblo sin grandes pretensiones, que se enfrentan al día a día tras la muerte de su única hija. Su incompatibilidad de caracteres, sus discusiones acrecentadas por el dolor agudo de la pérdida y la pregunta del ex de la hija, núcleo de la historia, tras una dura discusión entre la pareja:
-- ¿Por qué sigues con él?
Ella le contesta algo así:

-- Por las noches, haya pasado lo que haya pasado ese día, me meto en la cama y saco el culo y él me abraza. Todas las noches durante estos casi 30 años, cuando me voy a dormir saco el culo y siempre me abraza.

En la “Buena estrella”,
en mi humilde opinión una de las mejores películas que ha dado el cine español. Se da cita un triángulo amoroso impecable entre Maribel Verdú, Antonio Resines y Jordi Mollà.
En un momento dado Resines, Rafael un carnicero castrado, un buen hombre anodino y gris, le pregunta a Marina por su eterno amor, por el hombre que una y otra vez le ha destrozado la vida: "¿Pero tú le sigues queriendo?"
Ella, una mujer desgraciada y machacada por una existencia miserable, que ha encontrado en los brazos de Rafael la calma y el sosiego que la vida y su amante nunca le han otorgado, le contesta:
“Las cosas que no se dicen es como si no fueran…”

Son muchas más las parejas que en la ficción, me han hecho temblar por su amor incondicional y romántico. Han venido a mi cabeza éstas dos secuencias, que no son precisamente la imagen más pura del romanticismo. Pero es que en la vida real, lamentablemente por más que lo intento no lo encuentro con facilidad. Es más me cuesta encontrarlo. Noto un excesivo aroma a vulgaridad en todo lo que rodea el término amor. Como si se fuera perdiendo, disipando. No sé si es por culpa de esta época en la que todo es mediocre, donde la música suele ser, salvo honrosas excepciones, copia de épocas pasadas, al igual que nos cansamos de repetir que ya no hay actores como los de antes. O vuelve lo vintage, que viene a ser: llevar cosas que hemos guardado como pingos desde hace 30 años en armarios con pestazo a mata polillas. El amor en su más altas cotas también se ha vuelto mediocre. Como casi todo.
De ahí mi eterno agradecimiento a letras como éstas:
Muchos años después de la guerra, el hambre, los muertos, los campos, los matrimonios, las separaciones, los divorcios, los libros, la política, el comunismo, él había llamado.
Soy yo. Por la voz ella lo había reconocido. Soy yo. Sólo quería oír su voz. Ella había dicho: Buenos días.
Él tenía miedo como antes, de todo. Su voz había temblado, es entonces cuando ella reconoció el acento de la China del Norte.
(…)
Él había dicho que para él, era curioso hasta qué punto, su historia había quedado como era antes, que todavía la quería, que nunca podría en toda su vida dejar de quererla. Que la querría hasta la muerte.
Él había oído su llanto al teléfono.
Y luego desde más lejos, desde su habitación sin duda, ella no había colgado, él había seguido escuchándolo. Y luego había intentado oír más. Ella ya no estaba allí. Se había vuelto invisible, inalcanzable. Y él había llorado. Muy fuerte. Con lo más fuerte de sus fuerzas.”
Marguerite Duras “ El amante de la China del Norte”.
Novela basada en su propia vida. Más concretamente la escribió después de: "El amante", cuando su amor, su amante chino de la adolescencia falleció. A pesar de que la vida de Duras fue de lo más tormentosa, nos ayuda a ver que no siempre todo lo que hace temblar los cimientos es ficción. El amor de verdad, el eterno también es real. Sucede algunas veces.

martes, abril 08, 2008

MARILYN MONROE


Entre los cientos de fotografías, posters de conciertos, algunos con el trozo de pintura de la pared donde había descansado pegado todavía en sus espaldas, postales que me enviaban en todos los viajes, fotos de juergas; siempre, por más que se acumularan Calamaro, The Doors, Los Ramones, siempre hubo un lugar para ella, para: Marilyn.

Desde niña me encantaba. Me parecía una mujer extremadamente triste a pesar de su eterna sonrisa. Luego algo más mayor y después de haber hojeado, más que leído, unas cuantas de esas biografías que le han dedicado, supe que se debía a no saber si era tan tonta como decían unos, o tan inteligente como afirmaban otros. La transformaron respaldados por el inevitable silencio del que no puede hablar para confirmar o negar los hechos, en una mujer fascinante. Al fin y al cabo así es como se gestan los mitos. Todo leyenda y poca realidad.
No soy mitómana. Nunca lo he sido. Aunque sí es cierto que con los años puedo decir que la adoro. No se muy bien por qué. No siempre se sabe todo.

Marilyn es la personificación de la sensualidad y sexualidad. Nadie ha irradiado tanta como ella. Nunca. Otras le ganaron en glamour, en elegancia, pero en sensualidad ninguna pudo con la rubia del vestido blanco, con ese aire que recorrió con descaro sus piernas levantando los pliegues de una falda de vuelo y no nos contó todo lo que vio esa noche.
Cuesta no imaginarla con Frank Sinatra entre partidas de póquer, gritos y noches de alcohol, lujuria y peleas. Eso no hace falta que lo cuenten los biógrafos. Yo la veo así, discutiendo con él. Y seguro que luego haciendo pucheros. Por qué no.
No habría sabido envejecer bien. Seguramente habría llevado mal el paso de la edad. Las modas no le habrían beneficiado. Los ochenta, con sus brillos y su estética hortera probablemente habrían destrozado su imagen. O no. Quizá era demasiado lista para eso y nos habría sorprendido a todos, como hizo siempre.


No sé si le obsesionaba
la locura de su madre, ese horrible temor a que fuera hereditaria y padecerla ella, lo que le llevaba a vivir en una atracción de feria continua, que no para de subir y bajar, aunque no pagues el viaje. Si era extremadamente sensible, o era esa mala mujer... Si padecía esas horribles jaquecas. Si era tan inestable y pesima actriz como cuentan entre bastidores, y sus escenas había que repetirlas cientos de veces.
Ni tan siquiera sé si es cierto eso de que odiaba las despedidas. Decir adios.
Si arañáramos, como arañaba yo en las paredes para arrancar ese poster
del concierto que acaba de escuchar, seguramente encontraríamos tras varias capas un poco de todo.
Yo con su permiso y el de ustedes me quedo con la genial actriz de: “Con faldas y a lo loco”. Con esa cría, Norma Jaen, que quiso dejar la pantomima de vida de cateta de pueblo que le había tocado en gracia y se plantó cara a sí misma, para reinventarse probablemente mejor de lo que lo ha hecho nunca nadie.

Me quedo con su sensibilidad para enamorar a alguien tan grande como Arthur Miller. Su erotismo para enganchar a Sinatra. Su sonrisa y su mirada, con ese aire de inocencia que nadie se creía, pero que a todos atrapaba. Y atrapa.
Me quedo con eso de ella, como me quedo con todo lo bueno de los tres años que cumple el blog esta noche, lo mejor, lo que me da la gana.
Pero hoy es ella la protagonista. Inimitable Marilyn.


Para Antón, y su particular colección de mujeres inolvidables.

miércoles, abril 02, 2008

El orfebre del desorden


De Óscar Jordán

Entrecerré los párpados esquivando la miopía que me impedía ver los verdes árboles, la masa gris de las carreteras, que a medianoche, parecían huir de la ciudad. Fue en mi habitación donde perdí la paciencia y lloré todos los ríos del mundo. Sólo era un excelente muchacho cargado de sueños de leones y de cabras que remontan la montaña. Harto de esto decidí ir más allá:
Comprendo que la claridad es sólo otro concepto, entiendo que nadie me entienda, pero hay cosas que significan lo mismo para unos y otros, cosas que vuelven el alma… ¿Humana?
A decir verdad siempre estuve orgulloso de no ser humano, no al menos en la misma medida que el resto, contento de que mi maldición me alejara de lo mundano y me convirtiera en un astuto alquimista, en un orfebre del desorden.
Me alimenté de palabras, tejí el ruido entre el hilo de plata vieja y diamantes negros, trasquilé la lana que protegía las sensaciones, llegué tarde a la fiesta de la felicidad. A cambio hubo agua en mis incendios y fascinación sobre mi persona.
“Barco sin agua no puede navegar” Es cierto, pero yo pinté sus alas.

Acudí a los más sabios con mis problemas, busqué la solución en el carbón. La poesía me quemaba, odiaba la rima, follaba con el verso libre y la perfección fue mi desecho, mi mierda. Obturados ya los objetivos, pasé a demostrar la rotura de los viejos conceptos, los pecados con dos sílabas, el placer que produce el deseo de morir.
Los cuentos indios, que desde siempre he amado, vinieron a significarme historias suicidas, kamikazes. Mis ojos valen más que mi cerebro. Mi carne es cálida y dura como la de las aves de corral. La tierra ama al viento, el viento quiere al mar, el mar sólo se asesta cabezazos contra muros de cielo. Plásticos y cristales discuten. Humos y llamas se alaban:
− Tú has sido el primero.
− Qué tontería.


Extracto del libro de relatos: “Hecatombe”, escrito entre los 15 y 19 años.

Un día le acercaré al abismo. Con la confianza que otorgan los años, sé que se acercará a él. Le empujaré para que así caiga y choque contra sí mismo. Y se enfrente con ese escritor que nació a la vez que él y dejó abandonado en algún lugar de tanto caminar en círculo...

sábado, marzo 22, 2008

CRÍTICA EN BABELIA

Si vuelves te contaré el secreto.

Mónica Gutiérrez Sancho
Caballo de Troya. Madrid, 2008
190 páginas. 12 euros

MÓNICA GUTIÉRREZ SANCHO nació en Sevilla en 1973 y vive en Zaragoza.
Sabemos que publicó una novela corta, El ombligo de las almas. Ahora que leí su segunda novela, Si vuelves te contaré el secreto, lamento no haber tenido acceso a su primer libro. Lo lamento (pero trataré de
subsanar la laguna) porque no puedo ahora mismo hacer ninguna valoración comparativa entre este libro y el anterior. No podré establecer un progreso o un retroceso de uno respecto al otro. Pero sí puedo afirmar que la segunda novela es un relato perfecto, una amalgama de escritura irreprochable y estructura original.

Si vuelves te contaré el secreto es una historia sobre los propósitos inalcanzables, no sobre los grandes propósitos, sino sobre asuntos tan
sencillos como trabajar en lo que te gusta, amar y ser amado por la persona que nos merezca y nos merezcamos. Un día unos anuncios avisan de que una empresa busca profesionales para trabajar en una sala de fiestas. Se busca pianista, cantante, portero de noche. Los clientes tendrán que atenerse a una regla muy estricta: a dicha sala sólo se puede acudir una sola vez. Repetir significaría entrar en contacto con un secreto en el que tal vez no convendría penetrar. La novela se divide en pequeños capítulos, precedidos por un menú musical compuesto por piezas capitales de la historia del jazz y en versiones antológicas.


Todos los componentes protagonistas de la novela: la pianista Julia, la cantante Rita,
el portero Simón, Sara, la visitante que repite, todos viven en la calle de Praga. Y
todos ellos tienen un pasado que sólo conoce la empresa que los contrató. No sé
por qué esta hermosa novela me recuerda tanto a Señorita corazones solitarios, del
norteamericano Nathanael West. Una parecida mezcla de realidad y pesadilla. De
delicadeza y tragedia.
J. Ernesto Ayala-Dip


OTRAS CRÍTICAS:

María José Gil Bonmatí


SOLO DE LIBROS


LA TORMENTA EN UN VASO

pongo los enlaces para el que le apetezca leerlas.

jueves, marzo 20, 2008



Suplemento de cultura: SABERES
La Opinión de A Coruña
23 de Febrero de 2008

DESEOS CUMPLIDOS

ANA VEGA

Si vuelves te contaré el secreto
MÓNICA GUTIÉRREZ SANCHO
Caballo de Troya Barcelona, 2008 190 páginas


Un título tan sugerente como éste esconde tras sus páginas una bella
y desgarradora fábula, en la que hemos de enfrentarnos al peligro de los deseos que se cumplen y cómo lograr salir victoriosos, o sanos y salvos, al menos, del ansiado territorio —que todos consideramos virgen excepto en rostros y en vidas ajenas— de la felicidad. La cita inicial de Rainer María Rilke así lo advierte: “Qué tremenda desgracia nos aguarda para que hoy seamos tan felices”.

Un nuevo club abre sus puertas en una ciudad cualquiera, en una calle casi olvidada, pero con una extraña peculiaridad: se permite entrar a la sala tan sólo una vez. El club elige cuidadosamente a sus empleados, todos tienen algo en común: ésta es su última oportunidad de alcanzar su sueño. Una endiablada telaraña se oculta tras tanto misterio.

Mónica Gutiérrez Sancho elabora un relato a modo de pieza musical (cada capítulo viene precedido por una o más canciones e intérpretes determinados) con todo detalle; una melodía late bajo cada palabra desde el primer capítulo. Como confiesa ella misma en la introducción: “Hay gente a la que la persigue la buena suerte, / a otros, la mala; algunos parecen ser perseguidos por un color. / A esta historia desde la primera línea le persiguió la música”. La originalidad y la frescura con la que la autora escribe esta novela provoca la sorpresa constante del lector en cada página, con recursos narrativos del todo impredecibles y que consiguen atrapar su atención desde el principio hasta el final.
La naturalidad que vemos reflejada en sus palabras la delata como mujer amante de las historias, de las buenas historias.

La descripción es realista, neutral, cruda cuando ha de serlo: “Ella no quería ese beso, ni esa mano esquelética entrando por su falda, pero pensó que no había nacido con cara de señora y aceptó la delgada y recta boca de él”. Nos revela los secretos de cada personaje, sus sentimientos más ocultos, llevando a cabo un análisis brillante de los miedos, sueños y anhelos en los que todos podemos sentirnos identificados. Describe la “soledad de las mesas, de esas sillas aterrorizadas con los miembros del revés” y también la sensación que nos provoca la lluvia:
“Esa noche llovía. El agua caía desde algún lugar muy alto, para poder correr y dispersarse por la calle como unos manifestantes perseguidos”.

Utiliza una ironía muy personal y certera: “No lo entiendo. Y me llamaba sirena; ahora me hace sentir como una vulgar raspa de pescado”. Para ello se sirve de un lenguaje coloquial, que provoca una cercanía inmediata: “Hay gente a la que le persiguen los colores, a otros la mala suerte, a mí las historias y a mi marido la ignorancia”.

Mónica Gutiérrez Sancho se muestra lúcida, sus personajes reconocen con rotundidad lo que sienten, aquello en lo que nos reconocemos también nosotros: “La de señales que puedes conocer del otro, de lo más íntimas, y la poca intimidad que otorga entre dos personas una simple noche de sexo”.

A veces, los dioses, dicen, castigan nuestras plegarias al concedernos nuestros deseos. No hallaremos aquí moraleja alguna ni instrucciones de uso, tan sólo recordarnos que “el destino no nos pone las cosas tan fáciles: las señales también hay que ganárselas…”

miércoles, marzo 12, 2008

INVENTARSE...

A lo largo de la vida las personas sufrimos diversos y variados síndromes. Cuántas veces no nos hemos acercado al de Diógenes acumulando trastos y basura en la memoria y en la mente. O al de Estocolmo ante esa relación tortuosa, que nos asfixiaba como si viviéramos debajo del agua sin tener aletas, ni escamas. Y no por ello nos encierran.

Lo mismo pasa con las reencarnaciones. Las mejores son las que se hacen en esta vida. Ya veremos qué nos depara el destino para las próximas. Pero ahora, la ventaja es que tú decides todo. Cuando te reencarnas o te inventas de nuevo. Que viene a ser lo mismo.
Se puede escribir mucho sobre el arduo proceso que conlleva llegar a tomar esta decisión. De nacer de nuevo. No siempre es fácil. Ese partir de cero. Ya sea por un mal amor, por un mal amor hacia ti mismo, por unas calles que no son las tuyas, un mar que de tan azul te resulta cursi o cansino... Hay millones de motivos, que cada uno elija el suyo. Yo desde luego no pienso dejar de reencarnarme, de reinventarme, pero él lo canta mejor...



Para Andrés
para que nunca dejes de hacerlo. Y para todos los que no tienen miedo a reinventarse, igual en algo peor que lo anterior, pero al menos diferente…

Y sí, porque no sólo escucho Jazz. Si mis CDs hablaran...

domingo, marzo 09, 2008

CRÍTICAS EN PRENSA A: " Si vuelves..."

EL DEBUT
Mónica Gutiérrez Sancho, nació en Sevilla en 1973 y educada y formada en Zaragoza, donde reside, publica una cuidadísima primera novela: "Si vuelves te contaré el secreto"(Caballo de Troya Madrid 2008 192 páginas), que es la narración de un lugar donde suena el jazz a todas horas (The Club), la historia de una calle( Praga) con sus moradores y, sobre todo, la historia de varios personajes, sobre todo mujeres (Rita, Julia, Sara...), que cantan y tocan y que viven relaciones de amor, de soledad, de búsqueda. La novela, en la que suenan piezas de jazz, canciones oscuras de pasión y desgarro, propone un viaje hacia la felicidad, hacia la esperanza, pero pronto percibimos que hay una emboscada, un trampantojo de emociones y sombras. Mónica escribe con transparencia y elegancia, y propone un mundo sugestivo, lleno de sugerencias y de hallazgos del tipo: "el dolor transforma la realidad más brutal en la belleza más absoluta." Antón Castro. HERALDO DE ARAGÓN.



E L C U L T U R A L
EL MUNDO
6 - 3 - 2 0 0 8

L E T R A S / O P E R A P R I M A
Si vuelves te contaré
un secreto

MÓNICA GUTIÉRREZ
Caballo de Troya, 2008
190 páginas, 12 euros

La felicidad está de moda. Ayuda a vender libros. Esta primera novela de la sevillana afincada en Zaragoza Mónica Gutiérrez Sancho es una fábula sobre la búsqueda de la felicidad. Tal
vez demasiado compleja en su construcción y demasiado cargada de lirismo para ser vendida como eso que llaman “novela inspiracional” pero próxima a ellas en intenciones y atmósfera. En sus páginas varios personajes que ya no esperan nada de la vida reciben su última oportunidad. Y esconde una trampa casi tan grande como su ilusión.
El lugar donde la felicidad es posible es en esta historia un extraño café llamado The Club. Los clientes sólo pueden visitarlo una vez: después, sus puertas se cierran para siempre. Para todos, excepto para sus trabajadores, los encargados de hacer que la felicidad sea posible aunque efímera. Ellos son los protagonistas de esta novela.Así, el portero nocturno a punto de jubilarse,
la prostituta con dotes como cantante o la vendedora de vestidos de novia que aborrece su trabajo se encontrarán en ese lugar de terciopelos, sedas y músicas acariciadoras, y descubrirán que el escenario que proporciona a algunos la felicidad es causa de la desgracia de otros.

Gutiérrez Sancho apunta maneras en esta novela. Sin embargo, descuida a su lector al crearle unas expectativas que no cumple ni de lejos. Los diálogos son abusivos, apenas aportan información, y el final es insípido. Y es que no basta con crear personajes casi perfectos.
Luego es necesario hacer algo con ellos. Y algo que no defraude.
CARE SANTOS


Ha sido una gran satisfacción recibir mis dos primeras críticas en prensa. La primera por parte de Antón Castro en el HERALDO DE ARAGÓN y la segunda en: EL CULTURAL, del diario EL MUNDO de esta semana por la escritora Care Santos. Al parece también bloggera: http://www.silencioeslodemas.blogspot.com/

En esta segunda sí me gustaría remarcar un punto. No de la crítica, soy alguien que comienza desde el suelo, y estoy deseando dejarme empapar por todo tipo de opiniones que me ayuden a crecer poco a poco.
Me refiero al comienzo: "La felicidad está de moda. Ayuda a vender libros." Ya que a mi entender las críticas deberían estar hechas a la obra del autor, no a los supuestos motivos personales que han llevado al autor a escribirla.
Es un desafortunado principio, teniendo en cuenta que muchos ya sabéis que el libro está escrito como homenaje a mi padre que falleció demasiado joven carcomido por un cáncer y que no pudo llegar a leerlo entero. Un libro cargado de jazz.

No está escrita precisamente para subirme a ningún carro de las ventas. Había demasiado dolor y ninguna felicidad en mi estudio y en mi vida, cuando se gestó esta obra.
Ésta y todas. Porque escribo desde las tripas y me la traé al viento las modas que se lleven en las pasarelas literarias.
Obviamente el crítico no debe tener por qué conocer toda la bio-bibliografía de un autor, sería absurdo y por ese mismo motivo, considero que entrar en percepciones personales también lo es.

jueves, marzo 06, 2008

SOMOS HONRADOS...

Recuerdo en los 80 cuando M. Summers nos sorprendió con su: “To er mundo é güeno”. Una especie de película que a través de cámaras ocultas ponía al ciudadano de a pié, con sus macarras pantalones de pana y las camisas de cuadros y cuellos hasta el suelo, en situaciones de lo más kafkianas. Diferentes bromas callejeras repletas de ese humor negro e ironía que a él tanto le gustaba. Unas peores y otras mejores, pero todos nos reímos en su peculiar demostración de que en el fondo todos somos buenos.
No sé si hoy en día sería lo mismo. No sólo porque estamos saturados de cámaras ocultas. Si no porque estamos a vuelta de todo. Demasiado. Hasta de ser honrados, o buenos, que según el catecismo creo que viene a ser lo mismo. Sin querer entrar en demagogias baratas les contaré lo que me ocurrió esta semana.
Todo comenzó cuando compré los periódicos en el quiosco.
Le pagué con un billete de 5 euros y como vuelta recibí un millar de monedas. No me cuadró y con la palma de la mano abierta enseñando todo el pelotón de metal le dije:
− Creo que me ha devuelto usted de más, le he dado 5 euros.
Miró mi mano, se rascó la cabeza y después se rascó la cabeza una vez más.
− ¿Estás segura?
Me lo puso tan fácil que cerré la mano, y retrocedí como el que va a coger impulso.
− Sí − contesté al final sin entusiasmo.
− Pensaba que me habías dado 20 euros − dijo él cogiendo todo lo que está en mi mano y soltando un “graxssias”… Más o menos sonó así.
Pertrechada con mis periódicos, y sin los 15 euros de más, fui a un comercio cercano a comprar medias. Cogí dos pares negros. La chica de la tienda reponía género. Era como si yo no existiera. Aunque no me importó, no me gusta hablar en las tiendas.
Al llegar a casa y abrir la bolsa veo que no están mis medias negras, pero en su lugar hay un maravilloso pack de tres pares de medias. Miro el ticket. He pagado sólo dos, pero vuelvo a mirar y hay tres. Luego miro la talla, no es la mía y el color. El color… Color carne de 50 deniers, lo que viene a ser equivalente a las medias del ama de llaves del Jovencito Frankenstein.

Al día siguiente, vuelta a la tienda. Hay otra chica. Ésta al menos sonríe.
Le entrego el ticket y el pack de tres pares de medias sin abrir.
− Es que yo ayer compré dos pares y al llegar a casa he visto que había tres.
En esta ocasión no se rasca nada, pero me mira. Hacía mucho tiempo que nadie me miraba así. Como se suele mirar a un gilipollas.
Farfulla algo. Me da las gracias. Sigue farfullando frases medio incoherentes, mientras yo como poseída, abro la boca para entablar conversación, como si tuviera que expiar mi conducta de alguna manera. Le comento que puede que la dependienta metiera el pack de 3 por error en mi bolsa. Ella asiente y me dice que es probable, porque son medias que ni siquiera están marcadas. Me regala otro “gracsssias” cuando me voy.
En el supermercado. Una importante cadena. En la caja, después de escuchar incontables pitidos de mis artículos me indica el total: 4,21 euros.
Madre mía, con todo el embutido, la fruta, los dulces… Inicialmente el Ser que hay en mí se calla. Abre el monedero y paga. Luego mientras meto todo lentamente sin hacer ruido en las bolsas, con el temblor del ladrón, consciente de mi fechoría, la miro. Es una cría, imagino la bronca del jefe cuando la caja no cuadre, el descuento de todos mis artículos de su nómina…
− Mira, creo que me has cobrado de menos. No pueden ser sólo 4 euros con todo lo que he comprado.
La misma mirada. El mismo “grassias”.
− No vaya a ser que luego te descuadre la caja – le digo sonriente esperando que eso sí sirva para hacerle comprender mi estúpida actitud.
− No, si a mí por eso no me pasa nada. Pero “grassias señora”.

En la puerta al salir, me pregunto si todo lo he hecho porque el quiosquero puede que me conozca de vista. Porque las medias que me podía llevar por el morro eran de un color horrible. No eran mi talla, ni la de todas las amigas y familiares que mentalmente reconté incluida mi tía de 91 años. Y sobre todo para no pitar a la salida de súper, con todo el mogollón de productos alimenticios sin pagar. Ser cacheada, desnudada, y posteriormente fichada y detenida. Ya que al abrirme el bolso encontrarían el maldito pack de tres medias “robadas” en otro comercio.
O porque realmente soy honrada, por muy difícil que se lo pongan a una hoy en día.

domingo, marzo 02, 2008

La tierra del cierzo...


No sé si algo se mueve por esta tierra además del cierzo, pero lo que está claro es que algo está pasando…

Se nota en el ambiente, cuando te levantas por las mañanas y tienes ganas de cantar y de soltar un poema al primero que ves nada más abrir los ojos, que puede estar en tu propio lecho o en la esquina de la calle. Necesitas decirle que el amor existe y no ha muerto, por más que lo persigan e intenten acribillar millones de mercenarios de la monotonía.
Es probable que esto se deba a que por las noches te preparas para irte a la cama con la ilusión de que vas a empezar a vivir de verdad en tu ansiado mundo onírico.

Todo esto seguro que pasa porque
Patricia publica el 23 de Abril en Tropo Editores su libro: "Manderley en venta". La reina del surrealismo y de las historias que transcurren cuando dormimos. Y porque Fernando Sarria publica “El error de las hormigas” en el sello Eclipsados el 5 de Mayo, el rey de los poemas repletos de amor, donde se aprecian los 5, 7 o miles de sentidos que tiene el ser humano.
Me alegro infinito por los dos.
Un abrazo y enhorabuena.

Artista: Joseph Blaker

miércoles, febrero 20, 2008

VISIONES

Olga y Juan eran una pareja de lo más normal.
Frecuentes discusiones, seguidas de vez en cuando de fogosas reconciliaciones. Habitual monotonía. Algunas escapadas nocturnas de Juan con los amigos, aceptadas por Olga con reserva. Esperas que terminan con el libro desparramado sobre los grandes y bizcos pechos de Olga, que no estaba tan tranquila como decía cada vez que Juan volaba por las noches.
En otras épocas ella era la que lo hacía. Ahora sólo espera y lee. Juan medio mareado habitualmente recoge el libro, y lo coloca en la mesilla a la vez que apaga la luz, para que Olga se duerma del todo y deje de dar vueltas en la cama.
Antes volaban juntos. A miles de sitios. Ella tenía una cafetería y se declaraba una psicóloga de la calle. No era guapa, pero era tremendamente atractiva, llena de carne turgente y sensualidad que meneaba con desparpajo por dentro de la barra. Una valquiria de la cerveza y las copas. Él era un plumillas inquieto, delgado e idealista.
Luego ella cerró el negocio y aún volaron más. Luego él dejó de lado muchas ansias y sentó la cabeza, llegando alto o bajo, según desde dónde se mire.Con el tiempo, sólo volaban los de alrededor. Era una de las muchas desventajas de vivir cerca del aeropuerto.
Era todo normal. Todo lo normal que puede ser después de casi veinte años juntos.Todo menos las visiones de ella. Según Olga. Para él en algo tenía que entretener su mente inquieta. Inquieta en tiempos. Ahora prácticamente dormida.
Por las mañanas tenía una visión con la persona que sería su próximo cometido. Estaba segura que a esa persona le había pasado “algo”. Gente en la que no tendría por qué pensar bajo ningún concepto. Ni les apreciaba, ni les odiaba, ni les veía desde hacía siglos y mucho menos meditaba sobre lo que podría acaecer en sus vidas.
Luego comenzaba el periplo de la búsqueda. Algunos fáciles de localizar, otros no tanto. Cuando lo conseguía que era casi siempre, se cumplían sus visiones. A veces se habían casado, otras se había muerto su abuela, otras tenían un hijo, otras se habían divorciado, cambiado de trabajo, aumentado el sueldo…
Era una vidente. Para Juan era una plasta. Indagaba y les preguntaba tanto, que finalmente era imposible no encontrar algo diferente en sus corrientes existencias. Ella le aseguraba que no era algo tan simple. Les veía claramente, como si los tuviera delante de las narices, mientras permanecía sentada en la cama medio dormida con los ojos legañosos y los pechos ya caídos mirando hacia el colchón de látex. Luego se cansó de explicárselo. Como se cansa uno de tantas historias.
Él insistió para que volviera a trabajar. Como tantas veces, como tantos años. Ella le miró como quien mira a un extraño. ¿Te parece que trabajo poco? La verdad era que su casa estaba impoluta. Y sus pesquisas los últimos meses la habían motorizado hasta límites insospechados. Llamadas por teléfono, cadenas de e-mails, encuentros con gente en cafeterías, bares, puertas de cines…
Era como un Poirot barato y venido a menos.
Una mañana algo cambió. Ya nada era normal. La casa estaba sucia, el polvo se sentaba por todas partes. Olga estaba decaída. Al parecer no había búsquedas, ni pesquisas que realizar. En realidad no hacía, ni decía nada. Había un silencio y tranquilidad que ponía a Juan los pelos como escarpias cuando recorría el pasillo de la casa.
Le preguntó muchos días después, quizá semanas qué le pasaba y ella le dijo:
− He tenido una visión.
− ¿Y?
− Era contigo.
− ¿Y?
− ¿No lo entiendes? ¿Es que no te das cuenta de lo qué significa?
− Pues no – dijo él, sin mostrar demasiado entusiasmo.
− Sólo tengo mis visiones con todos los que no tienen nada que ver con mi vida. En los que no pienso, a los que no veo, los que no me importan. − dijo ella, cogiendo su incomoda y gigante maleta azul, que siempre daba tumbos en esos aeropuertos y andenes de estaciones por los que hacía años que ya no caminaba.

miércoles, febrero 13, 2008

Agradecimientos varios...

No sé si varios es la palabra más adecuada, porque son tantos, que tendría que proceder a redactar un listado interminable y lo que es peor, seguro que me olvidaría de alguien importante.
Eso de las menciones no me termina de convencer. Pero sí tengo que agradecer todo el apoyo que he recibido durante este tiempo. No me refiero a este mes de locura transitoria y alucinaciones varias (por mi parte) ante el nacimiento del bebé, sino a todos los años que le han precedido como si se tratara de un parto interminable o de un acto inalcanzable.
Al final gracias a Constantino Bértolo, ese trabajo salió a la luz, para que ahora los que se presten puedan opinar lo que les plazca sobre las letras que he ido juntando.


Letras que leían desde críos amigos que ahora están por islas cercanas y no tan cercanas como la Gran Bretaña, amigos que viven en países fríos y lejanos, pero que siempre están cerca, ese amigo que juega entre letras y fogones desde el Sur. Amigos de mi adorada Argentina, con su mate, su B.A., su volver… Mi amiga catalana con la que comparto manuscritos y periplos varios. De la bella Italia, de la mia Italia...
Es curioso, a pesar de que alguno reside en la ciudad del cierzo o viento circular, la mayoría están repartidos por todo el planeta. Supongo que como yo, son adictos a eso de no parar quietos en una casa eternamente.






Sin los empujones y tirones de pelos cuando estaba en el suelo de muchos de ellos, no habría llegado a incorporarme tantas veces, de eso estoy segura.




Ayer estuve arropada por tanta gente, tantos de ellos en la “Audición”, que tan apenas pude escuchar las notas que sonaban de fondo. Algunos como Carlos Manzano,
Marta, Luisa y Alfredo casi se mimetizaron entre la gente. Digo casi, porque aunque uno no vea, sí siente la presencia y es lo mismo que si hubiera podido charlar con ellos durante horas.


Gracias a todos, grazie… Y gracias Lady Day, que cuando comenzó a llorar Summertime grabada (no lo pude resistir) del vinilo original, me obligó a mantenerme callada unos instantes, para de alguna manera agradecerle su impresionante presencia.

lunes, enero 28, 2008

JAZZ, SWING Y LETRAS…

EL MARTES 12 DE FEBRERO A LAS 19:30 HORAS
Audición de la “Banda sonora” de la novela:
"Si vuelves te contaré el secreto"
Proyección de imágenes y la presencia de la autora.
FNAC, PLAZA DE ESPAÑA, ZARAGOZA



El libro está plagado de Jazz de Swing, de acordes sincopados, de Billie Holiday, de Duke Ellington, de Dexter Gordon, de Sarah Vaughan, de Miles Davis, de tantos grandes del Jazz, de tantas notas rápidas, vertiginosas, lentas, melancólicas, de calle, de vidas, de tantas voces, que finalmente he decidido que la música tome forma y salga de entre sus páginas.

Una particular entrada en “The Club” para todo el que quiera pasarse y disfrutar de la sesión.

Será un verdadero placer contar con vuestra presencia.

viernes, enero 18, 2008

YA EN LIBRERÍAS...

Mi novela Si vuelves te contaré el secreto ya está de venta en las librerías.
¡Música maestro! (si es posible con ritmo Jazz y un punto de swing)

Considero una bonita presentación de la misma, la entrevista que mantuve con Antón Castro en su programa Borradores.







jueves, enero 10, 2008

PROGRAMA "BORRADORES"

Hoy jueves 10 sobre la medianoche se emite en Aragón Televisión, “Borradores” programa dirigido y presentado por Antón Castro.

Antón ha tenido la amabilidad de invitarme para charlar sobre mi novela, para hablar de jazz, de swing, de la calle Praga… He empleado el término charlar, porque considero que es el más adecuado a su relajada y amena manera de entrevistar, de hablar como sólo él sabe hacer con los autores, músicos y demás invitados que pasan por su plató, y se sientan en sus grandes butacas de color naranja. Mañana tengo la suerte de compartir una de esas charlas con él.

Bonito nombre para un programa, el caballo de todas las batallas del que escribe, repasa y vuelve a leer y modificar sus letras hasta la extenuación. Porque en el fondo uno sabe que es cierto eso de que un escrito nunca está terminado por completo, que siempre sigue siendo un borrador.

A los que vivís fuera de Aragón, la tierra del cierzo o viento circular, comentaros que si os apetece ver el programa, la emisora emite su programación en internet en directo:
ARAGÓN TELEVISIÓN http://www.aragontelevision.es/
Y también se puede ver en el canal satélite digital en el Canal 97.

Le Vin des Chiffonniers Borrador del poema Le vin des Chiffonniers, cuyo primer título elegido por Charles Baudelaire fue L'ivresse du chiffonnier.
Autor : Charles Baudelaire

sábado, diciembre 22, 2007

SI VUELVES TE CONTARÉ EL SECRETO

Dicen y cuentan los que escriben, que el recibir por primera vez tu libro publicado es una sensación similar a la de tener a tu hijo recién nacido entre los brazos. También cuentan otras
muchas sensaciones e historias. La mía, teniendo en cuenta que no soy madre, ha estado plagada de Swing, ni un ápice de melancolía. Una sensación bestial que diría aquel. Y un terminar el año, una que no es dada a muchas celebraciones por estas fechas, con una gran satisfacción personal.

Aprovecho para agradecer la sinopsis o “Aviso de Lectura” como a él le gusta definirlo, que ha hecho Constantino Bértolo, de la obra.

AVISO DE LECTURA

Hace años, muchos, tuve la oportunidad de conocer a don Américo Castro, ya saben, el autor, entre otros libros imprescindibles, de "Los españoles, cómo llegaron a serlo". Pues bueno, en determinado momento comentó: "Hay que cuidar el colodrillo. No dejarse empapar de ideas tontas, por ejemplo, la felicidad. Qué tontería es esa de que hemos venido a este mundo para ser felices. Hasta en la Constitución norteamericana se recoge el derecho a la felicidad. Qué disparate. Aquí hemos venido a hacer cosas, lo mejor posible. La idea de la felicidad es un veneno".

Muchos años después el editor, mientras leía esta novela, hubo de recordar al viejo maestro porque sin aspavientos ni grandes gestos dramáticos, a ritmo de pieza de jazz, esta novela viene a contarnos los peligros que acechan detrás del imprudente deseo de ser felices. La felicidad como un agujero negro que fatalmente nos atrae, nos atrapa, y hace daño. Unos personajes tristes y anodinos descubren una última oportunidad de alcanzar la felicidad soñada y, como moscas ansiosas, caen en la luminosa trampa. Para escapar, los que pueden escapar, tendrán que dejarse, con dolor, parte de su piel, de su tacto y de sus sueños. Una fábula escrita con aire de cuento de hadas y que como todos los cuentos de hadas esconde una historia de terror.

Cónstantino Bértolo
Director Literario
Editorial Caballo de Troya

La novela estará en las Librerías a partir del 18 de Enero, os avisaré de la fecha de la Presentación que se hará en Zaragoza, sobra decir, que me encantaría contar con vuestra presencia.

He realizado una página Web para la novela. Se trata de una página básica, donde iré incluyendo cualquier tema o noticia referente al libro. Donde también podéis dejar cualquier crítica sobre la obra, constructiva o destructiva (se agradecerán más las primeras). Y donde se puede disfrutar de la música que recorrió las vidas de los personajes y sus páginas. Artie Shaw, Billie Holliday, o Duke Ellington entre otros:
Si vuelves te contaré el secreto
www.sivuelves.com

jueves, diciembre 13, 2007

DUDAS...

Pedro tenía una espantosa facilidad para dudar. Ya sé que tampoco es que sea algo raro. Nos ocurre a todos, incluso muchas más veces de las que pensamos. El caso, es que él lo hacía por todo. Era el genuino rey de la duda.
Desde comprarse una camisa, hasta los calcetines básicos negros tipo ejecutivo para ir a trabajar, le producían una desazón interna y un debate constante. Ni siquiera en la tienda donde le hacían su uniforme a medida terminaba de estar conforme.
Siempre pedía el último en los restaurantes, para acabar pensando que el plato de sus compañeros de mesa era mejor elección, incluso estiraba sin disimulo el cuello, para comparar el suyo con los ajenos. Y era cierto, habitualmente tenían mejor pinta y emanaban aromas mucho más sugestivos.
De viaje se perdía inevitablemente. Nadie quería que él llevara el coche y menos el plano, sus vacilaciones ante un cruce de carreteras o una rotonda, le hacían llegar a dar vueltas en círculo tantas veces, que al final se encontraba sin remedio en el punto de partida. Una y otra vez.
Con las mujeres, parecía que la historia era distinta. No tenía problema en salir con una y con otra. Aunque claro, quizá aquí deberíamos aplicar el tópico de que son ellas las que eligen…
Tampoco le duraban mucho, era guapo, tenía un sueldo fijo, pero las listas le mandaban al carajo cansadas de tener que esperar hasta para elegir la fila del cine; y las tontas, eran tontas, porque se puede vivir lleno de dudas, pero Pedro a fin de cuentas era un tío listo.

No he vuelto a verlo desde hace mucho tiempo. La última vez me lo encontré en la avenida que da a la Plaza Mayor, caminaba con pasos firmes y resueltos. Me paré. Él no quería pararse, era claramente una interrupción inoportuna.
– Voy a hacerlo – me dijo, mirándome fijamente como el que suelta una gran frase.
– Eso está bien. ¿Pero qué es lo que vas a hacer? – le pregunté.
Siguió caminando sin contestarme, rápido, aunque me fijé como se alejaba comenzando a dar casi imperceptibles trompicones con sus pies. Le vi entrar en la cuadrada e inmensa Plaza Mayor llena de pequeños agujeros que derivan en otros millones calles. Se quedó en el centro quieto, mirando a uno y otro lado.
Me marché, no sé si porque no quería verle dar la vuelta sobre sí mismo, o porque deseaba de veras pensar que lo hiciera, fuera lo que fuera, y continuara decidido y sin dudar su camino.

domingo, diciembre 09, 2007

PESO CERO

Antonia Romero nació siendo escritora, como otros nacen siendo rubios o morenos aunque luego se tiñan, para intentar cambiar lo imposible. Ella no podría hacerlo aunque quisiera. Seguramente más de una vez ha querido dejar de escribir, porque Antonia escribe desde dentro, desde las tripas, o mejor dicho desde el alma y eso a la larga, debe cansar mucho y dejar totalmente extenuado. Es algo que se palpa en todas y cada una de las páginas de su novela Peso Cero.
No es la primera obra de Antonia, aunque sí la primera en publicarse de momento, hace ya unos meses por la Editorial Diálogo. Yo la leí hará unos tres años, en un formato mucho menos bonito: un archivo Word. Ayer terminé su lectura por segunda vez.

Peso Cero es una obra que trata como tema principal la anorexia. Con un trasfondo que va mucho más allá. Trata el tema con dureza, y aunque no soy dada a eso de las sinopsis, es más me tapo los oídos cuando me leen alguna, sí les diré que no crean que están ante una mera obra para adolescentes con problemas alimenticios. Es una obra que nos toca a todos, ya que la historia podría ser la de cualquiera de nosotros, o la de una familia más de las que te cruzas por la calle. Son miserias cotidianas, anodinas en cierto modo, que por eso mismo se transforman página a página en algo que te toca de lleno en algún punto y no puedes desvincularte de ellos. Unos personajes trabajados, cuidados y amados. Antonia les quiere, pero lo justo. Ni demasiado para no dejarlos marchar y que actúen por su cuenta, pero sí lo suficiente para que vivan a través de sus letras.

Su prosa es limpia, fácil de seguir y engancha. Tiene una sensibilidad que no le deja respirar a gusto hasta que la ha soltado del todo y eso abarca todas sus páginas.
Hay novelas de las que recuerdas algo con el tiempo, otras casi nada, algunas nada. Ésta obra te deja marcados los nombres de sus personajes y sus miserias y debilidades por mucho tiempo en tu cabeza. No los olvidas, no la olvidas.

Enhorabuena Antonia.

domingo, noviembre 04, 2007

Diplomático


A veces uno se pregunta ciertas nimiedades, yo me pregunto por qué elegí estudiar para llegar a ser diplomático.
Creo que fue porque cuando era crío, un puto enano, sólo quería meterme en medio de las visitas que recibían en casa. Ponía cara de interés para que me introdujeran en sus charlas. Conversaciones que no eran nada más que pura y asquerosa demagogia sobre la situación política de tal o cual lugar, basura de “culturillas” ganadores de Trivial en equipo; pero a mí me encantaba. Juntaba las manos en la espalda y en posición de mayordomo enano de casa de un Lord inglés, miraba, sonreía, gesticulaba y admiraba la situación, que terminaba siempre igual: ¿A quién quieres más a tu mamá o a tu papá?
Me largaba a mi cuarto cabreado. Supongo que fue en una de esas huidas, cuando decidí que el día de mañana sería diplomático. No sabía muy bien lo qué significaba pero quería serlo.

Ahora mi oficio me sienta como un traje de rayas de dicho nombre, de poliéster, hecho con todas ellas sin casar y a máquina en una fábrica clandestina.
Odio a la gente. No a toda. Tampoco les odio. Es un término, muy poco diplomático, pero no les aguanto. La complicación para mantener una relación normal con el ser humano se me hace cada día más insoportable, me resulta más insalvable, a pesar de tener todas las respuestas y todas las preguntas, de ser un manual que anda y se mueve, para que el trato y el resultado sea perfecto si a mí me sale de las narices. Ya no me sale.
Sólo quiero que me dejen en paz. Bonito término. Imposible hacérselo entender. Nadie te deja en paz. Nunca.
Soy un diplomático sin amigos. Me cansé de buscarles las cosquillas por todo el cuerpo, incluso si era necesario en sus asquerosas plantas de los pies, para que rieran. Me harté de sacarles los palillos ardiendo de entre los dedos para estar a su lado cuando cayeran las lágrimas, y recibir la consiguiente palmada en la espalda: esta vez te has portado, te has ganado el punto para la siguiente fase.
Dejé de reír y llorar a su lado. Era una tarea demasiado ardua y sobre todo absurda. Demasiadas preguntas, demasiadas complicaciones para una simple charla. Una maldita caña en un bar cualquiera.

Ya no saludo cuando paseo a la mayoría de la gente que conozco y con la que tendría unas charlas fáciles y sin complicaciones. Nadie sabe de qué hablar en estas situaciones, son como una subida en ascensor, pero en el exterior de una calle. Yo sí sé. Lo he estudiado, pero ya no lo hago. Las evito. Es más suelo mirarles para girarles la cara después.

Supongo que el día que deje de sujetar la puerta a las señoras gordas en los centros comerciales, o me lance para quitarles el sitio a las viejas en el autobús habré tocado fondo. O habré alcanzado el cielo, según como se mire…

jueves, octubre 25, 2007

Prossima Fermata: FIRENZE

Firenze, es un lugar tan genuino, que me cuesta escribir sobre él sin hacerlo en italiano. Es como un pecado de los que se perdonan, pero no se olvidan, como si le dañaras en su orgullo más interno.
Firenze me ha desconcertado. Me ha dejado perpleja, no sólo por la belleza de sus calles, de las casas, de esas aceras inexistentes, del suelo desigual, del caos de las bicicletas que circulan a su aire como tantas otras cosas allí; sino por la naturalidad con la que se mama como de la teta materna el arte en todas y cada una de sus vertientes incluidas las más absurdas. Ya que a fin de cuentas qué es el arte sino un absurdo de la imaginación y la distorsión de la mente del ser humano.
Es como ese amante que te llevará hasta el paroxismo para quizá arrebatarte después en un segundo lo que te ha cedido, la extenuación a la que ha llevado tus sentidos, te expulse de entre sus brazos y no te permita dormir a su lado. No importa. A quién podría importarle. Es un riesgo imposible de dejar pasar. Y paradójicamente Firenze te otorga la tranquilidad esa que no sabes dónde pusiste, o que puede que tiraras sin darte cuenta a la basura, o se perdió, véte a saber cuándo. Te relaja por más que lo invadan por sus puntos principales millares de energúmenos cámara y plano en mano.

No importa, ella está preparada como un buen mercenario para combatirlo, y te proporciona puntos