viernes, junio 05, 2009

LOS AVIONES

02:00 AM
Ella se dirige a la habitación. La habitación verde. Está vacía. Inmensamente vacía como las calles, como las horas que millones de relojes marcan durante el resto del día por la ciudad. Pasos lentos como el sonido que marcan esas agujas que giran al revés, cucos que salen sin entusiasmo a avisar de más horas. Horas marcadas por tráfico que transita entre sábanas y calzadas. Entre sueños y noches rotas. Entre noches de pasión y noches anodinas. Un cóctel explosivo de sentidos.
Lleva una copa de agua que apoya en la mesilla. Antes bebe un largo sorbo, paladeándolo como si fuera una copa de exquisito vino para compartir en el lecho con un amante. No uno más. No cualquiera, sólo el que su cuerpo llama cada noche, a veces de manera susurrante, otras como esa noche a gritos. Él.
Su cuerpo se estremece de repente mezcla de frío y terror. Como si el monstruo que se esconde debajo de cada cama, de cada somier, fuera a salir en cualquier momento y atraparle las piernas con sus garras. Por sorpresa, a traición. Mira el reloj y se ríe de sus propios fantasmas. De ese miedo a la soledad, que ella misma desea. Soledad buscada y hallada. Lo que deseamos nos asusta. Como nos asusta lo que no queremos.
Sonríe pensando en el lunar que tiene en la espalda a la altura de la nuca. No quiere que lo toque. Como si fuera el botón que dispara todas las alarmas de su cuerpo delgado.
Se acuesta en el lado derecho. Siempre en el mismo lado. En posición fetal. Se encoge y lo siente al instante. El frío gélido y punzante que le atraviesa la cara, los hombros, le resbala por la espalda y le acaricia con manos de hielo el pecho con mezcla de fuerza y desinterés, pero con la amenaza latente de que se queda ahí. Caricia no deseada, ni buscada.

03:00 AM
No puede dormir. Da vueltas. Gira y vuelve a girar. Como el cuarto verde. Verde esperanza cantan poetas, verde relajante dicen, verde para los niños, para los enfermos, para la gente triste… Para ella sólo un color más. Sólo desearía gritar en ese instante a todos esos que inventaron hermosas historias sobre el verde, y traer secuestrada a la Esperanza a esa maldita habitación, tumbarla y atarla en esa cama noche tras noche y preguntarle después de un tiempo si no es capaz de extinguirse, de morirse ella misma en su propio desaliento.
Se ha perdido. A veces le ocurre cuando hunde la nariz en la almohada y encuentra otros olores. Le recuerda los cuerpos que desfilaron por ese cuarto, que desfilan como muñecos de metal recién pintados. Cuerpos que le sobran, que a veces trajo pensando que en ellos encontraría el suyo. Que él arrastro a las sábanas pensando que debajo de las capas estaría ella. Han arrancado vestidos, camisas, botones, piel, buscando lo que ya habían hallado. Qué ignorantes…
Y ahora hay una mezcla empalagosa de aromas baratos, de colonias caras de mujer, de olores de hombre que no son el suyo. Él no tiene olor, ella tampoco. Le da la vuelta a la almohada y es cuando éstos desaparecen. Y desaparece la desazón que le atrapa el interior como un guante de hierro.
Se tumba atrapada en esas sábanas que están en perfecta alineación con sus caderas, sus piernas. Cuerpo trazado con prisa por un dibujante inexperto.


04:00 AM
De repente una caricia sobre el cuello, casi imperceptible, como un resbalar sin querer las yemas por la nuca hasta el principio de su espina dorsal. Escalofrío de calor. Y recuerda. El ruido de los aviones de fondo, puede oírlo. Y al final de la calle un tugurio. El bar casi escondido. Lugar clandestino como ella. Sólo varias personas tiradas sobre la barra. Borrachos de alcohol y carentes de sexo. Hambrientos de todo.
El cruce de piernas sobre la banqueta. El ruido del avión todavía planeando sobre su mente, y esas palabras que le recuerdan que le han abandonado en un aeropuerto, en una puerta de embarque, como se deja el equipaje que no cabe, que sobra…
Y el hombre que entra. Viene también del aeropuerto lleva una maleta negra, como el rimel que le surca los ojos. Y la mira y se sienta a su lado. Ella quiere llorar y bebe un trago largo y rápido. Él le pasa los dedos por los ojos y le quita todo rastro de oscuridad. De tristeza reciente. Y le habla del retraso de su vuelo. Que es de otro país. Ella no escucha el nombre del lugar, pero deja que la mire y la desnude con los ojos. Esa noche sí. Esa noche no le importa que la posea un extraño. Siete horas les separan cada día, dice él sonriente sin dejar de mirarla. Ella está borracha y piensa que debe ser de muy lejos. Y siete horas hasta que salga su avión. Y risas y más copas. Él también empieza a estar ebrio.
El hostal está tan perdido como el bar. Es sucio. Pero huele a limpio. Se dejan caer sobre la cama. Lo mira y descubre con sólo aspirar, sin tan siquiera tocarlo, que ese cuerpo está esculpido para ella. Sólo tiene siete horas para fundirse en él. Él la mira y le quita despacio los zapatos, las medias, el vestido de tirantes que le muestra, lo que ha mostrado a otros, a muchos, en esencia ninguno. Mujer abandonada como una maleta. Dice ella riendo. Él pone su dedo sobre los labios de ella y le dice no con la cabeza. Ella ya no ríe y lo mira. Él la besa.
Siete horas más tarde en la calle se rompen en caricias rápidas y besos como mordiscos de pasión de adolescentes. De portal en portal, de esquina en esquina. Los aviones les miran de fondo. Con la respiración entrecortada se despiden en la entrada. Ella se aleja colocándose el vestido, con el pelo revuelto, escuchando el ruido de sus tacones y de fondo los primeros bostezos, los primeros despertares.
Ahora el aroma como ese día comienza a transitar por su cuerpo. Ya no está encogida como un bebé, se gira, se mueve, se arrastra y retoza entre sábanas blancas y caricias absurdas sin manos y se deja llevar, dónde sea que quiera llevarla él esa noche. Duermevela.


05.00 AM
Él está allí. La cama no está vacía. No está fría. Quema. Sabe que está dormida, pero no le importa. Qué importa. Él ha venido esta noche. Y le mira. Cómo le mira… Como le miró el primer día.
Hace tiempo que su inexistente olor y serena esencia han llegado hasta puntos de su cuerpo que ella misma desconocía y que cada noche que viene, que aparece, le descubre y le cuenta al oído después. Esa noche ni siquiera la toca. Pero la sigue mirando. Y los dos ríen. Con la risa cargada del opio amargo y empalagoso que envuelve el deseo. Con la risa que sale del interior del cuerpo y del alma de los amantes.
Y se pierden entre abrazos, caricias inexistentes, reales. Se hunde en el interior de él, en el suyo propio. En las entrañas de su propio deseo, de su propio sueño, de su amante, de ella misma.


09.00 AM
Despierta. Está despierta. Siempre a la misma hora. Siempre en el mismo instante. De golpe.
Se levanta. Y comienza a oír el ruido de la calle. Los coches. Los niños en los colegios, los relojes…
Jaula de tela que encierra anhelos y encuentros apasionados. Son ellos los amantes. Que no escapan de la tortura de las noches y los días. Pero esa noche le llamó y él vino. Le ha llamado y ha contestado. Lo ha buscado y lo ha encontrado. Como tantas veces. Como viene siempre que ella lo llama. Como acude cuando él reclama su cuerpo, que acerque su espalda a la suya, que enreden las piernas hasta hacer un nudo imposible de soltar.
Son las 9 de la mañana, la luz entra con fuerza por la ventana. La abre de par en par. La mira y ve que no es su cama. Ni siquiera las paredes ya son verdes. Verde esperanza que le cantan. El suelo tampoco es de madera, ahora en cambio es de cerámica, y a cada paso la cerámica va tomando sus formas y dibujos originales. En el marco de la puerta, que ahora es mucho más alto, se para un instante antes de salir. Se queda quieta sobre esa baldosa que mañana tras mañana le hace tropezar, por una esquina rota que hace que sobresalga sobre las demás. Aspira y lo sabe, lo siente, hasta puede escuchar los aviones de fondo. Ha dejado de ser el cuarto verde como tantas noches. Siete horas después, o siete antes, siete horas más o menos qué importa dónde…

sábado, mayo 02, 2009

RESEÑA: Ocho islas y un Invierno


Pinchar en la imagen.

Ese mecenas que ya es mitad Atlántico, mitad Ebro, Antón Castro, me ha dado la oportunidad de realizar una reseña para el sumplemento cultural ‘Artes & Letras’, de Heraldo de Aragón. Una reseña muy especial, al tratarse del poemario: “Ocho islas y un invierno” de Marta Navarro. Todo un lujo y un placer.

lunes, abril 13, 2009

NARRATIVAS NÚMERO 13

Ya está en línea el número 13 de la REVISTA NARRATIVAS.

Con un sustancioso y variado índice, de relatos cortos, reseñas, ensayos... Para todos los gustos.








Podéis descargarlo aquí: www.revistanarrativas.com

Fernando Iwasaki ha tenido la amabilidad de concederme una entrevista para Narrativas, desde mi tierra natal Sevilla. Así como un relato inédito: «Naipes». Todo un placer que ha coincidido sin darme cuenta con el cuarto aniversario de este blog.


Fernando Iwasaki es un escritor con alma de músico. Y esta dualidad se percibe por cual­quiera que adore la música, que disfrute con ella. Se puede sentir al abrir la primera página de sus obras. La maravillosa sensación de estar leyendo con música acompañándonos de fondo, en la más que sorprendente y gratificante aventura de perderse entre sus letras.


“No es que me interesen en particular el amor, el horror, el dolor físico, el erotismo o el fanatismo religioso. Lo que me interesa es mostrar el lado cómico y muchas veces ridículo de la condición humana. ¿Tiene esto alguna finalidad? A nivel programático, ninguna. A nivel existencial, mu­chísimas.”


NARRATIVAS: Juegos de palabras, dichos populares, referencias históricas, una marcada y per­sonal ironía. Uno tiene la sensación en muchas ocasiones que debe volver a leer cada párrafo por­que se ha podido perder algo importante. Tu prosa cómoda de seguir lleva detrás un trabajo de estilo, forma y profundidad impresionante. ¿Eres consciente de que esto puede no ser perci­bido por todos los lectores? Y lo más importante. ¿Le importa a Fernando Iwasaki?

FERNANDO IWASAKI: Del historiador Fernand Braudel y del historiador del arte Erwin Panofsky, aprendí que existen tres formas de «duración» en la historia y tres niveles de significa­ción en el arte. Siempre he buscado esos tiempos y niveles cuando leo una obra de ficción, y siempre he pro­curado definirlos cuando dentro de mi propia narrativa. Soy consciente de que no todo el mundo tendrá ni el interés ni la curiosidad de dilucidarlos, pero también soy consciente de que si el primer nivel no es ni sencillo ni atractivo, a nadie le interesará profundizar en ellos. El tono, el humor y el estilo formarían parte de esa primera lectura y por eso los mimo tanto, pero si alguien desea saber de qué se ha reído, quizás lo que descubra no sea tan divertido.


N.: ¿Qué camino dirías que ha tomado la narrativa de Fernando Iwasaki desde tus inicios, en Lima, hasta la actualidad?

FI.: Mi narrativa no ha cambiado tanto como mi manera de percibir la literatura, gracias a la lec­tura de autores y títulos que en Lima me resultaban inaccesibles o desconocidos, al menos cuando era estudiante universitario. Con esto no sólo quiero decir que ciertos libros no llegan jamás a las librerías latinoamericanas, sino que llegan a unos precios que incluso los ponen fuera del alcance de las bibliotecas (¿cuántos libros editados en Gijón o Zaragoza –por ejemplo– nunca llegan a las librerías sevillanas?). Por lo tanto, creo que mis intuiciones se han enriquecido, en­sanchado y for­talecido gracias a mis nuevas y mejores posibilidades de lectura. No obstante, consciente de la abundancia de títulos he decidido poner un límite a mis publicaciones y de aquí en adelante sólo me quedaría por publicar cinco libros de ficción: dos novelas, dos libros de re­latos y un disparate futbolístico. El resto de mis publicaciones serán ensayos, crónicas y experi­mentos varios.


N.: En general, cada libro tuyo de relatos gira alrededor de un tema concreto: lo fantástico, el ero­tismo, la crueldad humana. ¿Estarían ahí los temas que más te obsesionan como escritor? ¿De qué habla Fernando Iwasaki en sus libros?

FI.: Cada uno de esos temas ha sido abordado desde el humor. Y tienen en común que nadie los relaciona con el humorismo. No es que me interesen en particular el amor, el horror, el dolor físico, el erotismo o el fanatismo religioso. Lo que me interesa es mostrar el lado cómico y mu­chas veces ridículo de la condición humana. ¿Tiene esto alguna finalidad? A nivel programático, ninguna. A nivel existencial, muchísimas.


N.: También parece predominar en tu obra los libros de relatos frente a las novelas. ¿Es real esa preferencia o mera cuestión de oportunidad, simple casualidad?

FI.: Me formé como lector gracias a los cómics y los clásicos infantiles, a los poemas homéricos y los libros de divulgación mitológica. Esas lecturas me prepararon para leer a Lovecraft, Poe, Conan Doyle, Cortázar, Borges y Ribeyro. El veneno de la literatura me lo inocularon los relatos, aunque ello no me ha impedido disfrutar de Stendhal, García Márquez, Vargas Llosa, Nabokov o Tolstoi. La literatura me produce placer en cualquiera de sus formatos y el placer nunca es sec­tario. El placer te puede llevar al vicio, pero jamás a la represión.


N.: Has escrito también algunos ensayos. De hecho, tu formación universitaria tiene que ver con la historia, no con la literatura ¿Sería posible desgajar la figura del Iwasaki-ensayista de la del Iwasaki-narrador?

FI.: El Iwasaki narrador no ha ganado ningún premio porque siempre lo toman en broma, pero el Iwasaki ensayista ha ganado más de uno porque lo toman en serio. A veces me gustaría que fuera al revés y que se tomen más en serio mi humor literario y más en broma mi humor ensa­yístico. Total, el tono es el mismo y la intención también. No obstante, prueba de que no creo mucho en los géneros es mi predilección personal por un libro que titulé El Descubrimiento de España (Nobel, Oviedo, 1996), que no es propiamente ni ensayo, ni ficción, ni memoria, pero que participa de los tres.


N.: Podría resultar extraño que, siendo historiador, no te prodigues en la novela histórica, ahora tan de moda. ¿Qué opinión te merece este género literario?

FI.: La novela histórica contemporánea –suponiendo que incluyamos aquí los templarios, las reli­quias, los cátaros y las catedrales– me interesa muy poco. Además, la credencial «histórica» no hace mejores a unas novelas con respecto a otras. Guerra y Paz o La Cartuja de Parma, por ejem­plo, son felizmente mucho más que novelas históricas.


N.: Al terminar una obra tuya, se tiene la sensación de que has pasado un rato con Fernando Iwa­saki. Y que has pasado un rato entrañable, divertido entre amigos. ¿Te gusta reírte con el lector?

FI.: Me haría mucha ilusión que mis lectores sintieran complicidad conmigo. Si lo consigo, me doy por satisfecho. Por eso me río de mí y procuro que los lectores también se rían de sí mismos rién­dose de mí.


N.: No caminamos por días fáciles ¿En algún momento el tiempo que vivimos y el mundo que nos rodea han hecho peligrar este marcado sentido del humor de tus letras?

FI.: Las crisis son terribles, pero nunca aburridas. Pero no creas que pretendo mantener el re­gistro humorístico en todos mis libros de ficción. He dicho que me quedan dos novelas por escri­bir y la última no será humorística porque no me permitiré ninguna concesión.


N.: Por último me gustaría preguntarte por una amiga común: Sevilla. Mi tierra natal, tu tierra por derecho propio. Con su flamenco, su música esa que tanto adoras, su arte y el de su gente. ¿Es una fuente de inspiración para un escritor o puede ser un peligro para dispersarse entre tanto duende?

FI.: Mi amigo Abelardo Linares –poeta, editor y librero de viejo sevillano– siempre dice que le en­canta nuestra ciudad, aunque no le gustan ni el fútbol, ni los toros, ni el flamenco, ni la Se­mana Santa, ni el Rocío. Por lo tanto, se puede ser escritor en Sevilla sin tener trato con los duendes.

Gracias Fernando.

Espero que disfrutéis con la lectura de este número y por supuesto os animéis a colaborar en el próximo.

lunes, marzo 30, 2009

SING SING SING

Porque es lunes. Porque me da la mismo que hoy sea lunes. Porque es una de mis canciones favoritas, porque si alguien es capaz de hacerte olvidar en qué día estás, ese es Benny Goodman. Y si me apuras te hace creer que es viernes, tienes 15 años y llega el fin de semana.
Porque tengo esto abandonado, por millones de motivos y cientos de miles de letras que tengo que colocar como un puzzle gigante.
Y porque espero que mi encierro dure ya muy poco, dejar de encontrarme a la gente sólo por casualidad en mitad de una calle y poder viajar todo lo que no he viajado estos meses, aunque sea a la Atlántida...

De momento es un lunes, sin lunes y suena: Sing Sing Sing.
A disfrutarla.


lunes, febrero 23, 2009

HIJOS DEL CIERZO

Siguiendo con las epístolas, el viernes recibí una que debería tener por título: "Viento".
Esas líneas me llevaron hasta un lugar que a pesar de ser una Estación donde siempre reina el silencio y estár protegida por cuatro paredes, y un fuerte techo, esa noche no podía impedir de ninguna manera que el cierzo parara quieto ni un solo segundo, ni por un instante. Se le podía sentir más inquieto, más fuerte, más arraigado que nunca a esta tierra árida.
La cañas de mano en mano, la cerveza que te salpica en esos movimientos rápidos por quitarse las palabras a la hora de hablar, de opinar, de verse.

Era la presentación del trailer del Largometraje Documental Independiente: “Hijos del cierzo". Al este del Moncayo. Un trabajo sobre los últimos 30 años de la música aragonesa, dirigido por Jorge Nebra.

No sé qué hace que siempre llegue tarde a todos los sitios. Aunque me alegré de llegar.
Rodeada de “Hijos del cierzo” todos ellos despeinados de tanto aire, de tanto talento, de tanto arte, tuve el enorme placer de poder dejar de escuchar sólo en mi casa, o en diversos bares, conciertos… la maravillosa voz de Carmen París y charlar con ella. Lo más curioso es que me levanté mucho después de esa banqueta y me despedí con la sensación de que no la hubiera conocido esa noche. Que la conociera de antaño. Porque lo bueno que tienen los grandes, lo bueno que tiene Carmen es que lleva tanto arte en las venas que se extiende no sólo a sus composiciones, sus letras, ese cóctel de culturas y ritmos, su voz, su arrojo y sus apuestas siempre arriesgadas. El arte le sale por todos los poros de su cuerpo.

Me parece una maravilla de proyecto. Va mucho más allá de un homenaje, o un documental sobre la música. Es algo tan bello como hacernos recordar a tantos artistas, los que siguen, otros que se marcharon, algunos que nos dejaron… Trasladarnos en el tiempo a otras épocas, mejores, peores, diferentes, para escuchar de nuevo su música, sus notas, canciones...
Músicos que han llenado nuestro día a día desde hace décadas. Cuando éramos críos y nos comprábamos sus camisetas, gritábamos sus canciones, o las llorábamos más de una vez solos, sentados en nuestros cuartos llenos con sus fotos.
Que esta tierra seca, estéril, y dura, esta ciudad que está rodeada por un desierto de tantas carencias, también está llena de artistas. Que son de aquí, que vienen de aquí, que son hijos del cierzo.




domingo, febrero 15, 2009

EPÍSTOLAS


Los últimos meses en los que he permanecido encerrada la mayor parte del tiempo entre los muros que cubren mi antiguo edificio para escribir mi siguiente novela; he vivido algo que siempre me ha gustado de una manera especial, he recibido una lluvia de epístolas.
Debo hacer aquí un pequeño inciso para comentar que aún así y a pesar de éstas, añoro las de antaño, las de papel y pluma.


Las epístolas recibidas iban siendo de lo más variadas y por otro lado interesantes y gratificantes. Amigos que se interesaban por mi salud mental, amigos lejanos de allá, amigos de la infancia que me habían encontrado por diversos medios, algún lector y un largo etc.
Una de ellas es la que me llevó a salir de mi caverna para poder saludar en persona y felicitar a Antón Castro por su maravilloso nuevo libro de relatos. Esa mezcla entre realidad y ficción. Sueños y viajes. Cierzo y viento del Atlántico en sus: “Fotografías veladas”.

Tambien comencé a mantener relación epistolar con una persona anónima, pero con la pasión común por las letras. Estas epístolas fueron cada vez más interesantes y fueron creciendo en número y cantidad. Alguien que me pareció especial, con un talento innato aunque desconocido por ella misma y a la que si podía brindar aunque fuera el mínimo apoyo, no sólo no me importaba, sino que me parecía lo más loable que podía hacer.

Más epístolas. Un día como una sorpresa inesperada y más que grata recibí una de Fernando Iwasaki. Escritor al que admiro por su inteligente sentido del humor, (no me importa los que critican la frase: “sentido del humor inteligente”) su ironía, su maravillosa manera de mezclar esos insondables conocimientos históricos que posee con el día a día. Y su más que demostrado talento. A esa primera épistola de Fernando y para mi sorpresa número dos, llovieron más, que nos llevó a un entrañable y maravilloso intercambio de libros. En mi caso mi única novela publicada, que sólo pude aderezar con el dvd de su banda original particular e imágenes, y por su parte con dos obras geniales: “Libro de mal amor” y “El descubrimiento de España”.

Entre letras y páginas que discurrían no siempre certeras y acertadas de mi novela, también seguían las epístolas con esta persona anónima. Ayer me encontré una suya, y no me pregunten por qué, eran unas líneas cargadas de amenazas de todo tipo, insultos, graves acusaciones, que acababan en algo tan dañino y barato de utilizar como que he vendido la enfermedad, la agonía que sufrió mi padre hasta que murió en el submercado editorial. Que ni siquiera lo he sufrido, que sólo me ha servido para poder airearlo a los cuatro vientos.
Vientos que en direcciones erroneas y absurdas recorren las mentes del que quiere hacer daño y no puede. Al menos no con él. Está por encima de subproductos venidos vete a saber de dónde.

Una no puede evitar tener que sentarse, aunque ya lo esté, a reflexionar que realmente esto de las epístolas por Internet tiene algo de surrealista. Te puede proporcionar el placer y la suerte de contactar en un segundo con gente tan grande como Antón, Iwasaki, o ese amigo de la infancia que nunca olvidaste y jamás habrías encontrado, pero también con estos subproductos que como garrapatas se pegan entre la gente. Estamos curados de espantos, al menos yo, que mantengo ese límite que nunca hay que perder entre realidad y ficción. Internet y carne y hueso. Pero están ahí agazapados, no podemos engañarnos.

Y releyendo todas las epístolas maravillosas recibidas los últimos meses y borradas las absurdas, me pregunto qué no habrán recibido tanto grande que hay suelto por el mundo y que abre sus puertas como me las abren a mí, que en el fondo no dejo de ser también una simple desconocida.
Sigo sentada y con más preguntas aún. Qué fue de los cafés, de la cervecita, de las mesas donde te podías mirar a los ojos y en dos patadas ver a quién tenías sentado enfrente.
Porque esto de Internet a veces me hace pensar que viene a ser como los CDS y los vinilos. Hemos avanzado, o en el fondo habremos retrocedido…

sábado, enero 24, 2009

Mi vida con Paul

Mi tía Crisanta Pilar fue maestra de primaria. A día de hoy con 91 años se toma un vermú todos los días y vive sola. Desde que tengo uso de razón me ha regalado: propina, cine y libros. Podría decirse que por ese orden, y siempre en cantidades ingentes. Un día allá por el año de las Olimpiadas y a mi tierna edad de 19 años, mi madre devoradora de libros me trajo una novela de su parte. Le daba la vuelta mirándola por un lado y por el otro con cierta reticencia, y finalmente, no sin dudar, me la entregó. Llevaba por título: “Leviatán” de un tal Paul Auster. Ni idea.
Un par de días después cuando la terminé me quedé tan impresionada que no daba crédito a lo que acababa de leer. Se sumó a ello la total seguridad de que tenía que tirar a la basura lo que había escrito hasta entonces.


A partir de ese momento busqué todo lo referente a ese escritor que llevaba el azar, la casualidad no sólo a formar parte de la vida cotidiana, sino a ser el principal protagonista de sus letras.
El azar, jugar con el azar con esa maestría era algo que no se le había ocurrido a nadie. O al menos nadie lo había manejado como él. Me pareció no sólo genial, sino que logró que volviera a creer que en la literatura no todo estaba dicho.
Le siguieron: “Trilogía en Nueva York”, obra ante la que me sigo quitando el sombrero y me agacho lentamente a la vez. “La música del azar” uno de los libros que más desasosiego me ha provocado. Hasta llegar a esa maravillosa joya, mi libro favorito a día de hoy de toda su bibliografía: “El país de las últimas cosas”. Paradójicamente el que más se desvía de sus habituales personajes y está muy lejos de las calles de ese Brooklyn que él describe como nadie.
Siempre que leo que es una metáfora sobre el infierno, sonrío. No sé si Paul, (a éstas alturas, una no puede evitar llamarle por su nombre de pila después de tantos años), quería lograr eso. Pero en mi humilde opinión, nadie ha plasmado la realidad, una alegoría sobre las calles por las que paseamos, comemos, vivimos como él. La vida misma. Comienzan por explicarnos que es un lugar donde la gente elige y tiene diferentes variantes para poder suicidarse arrastrados por la desesperación, o que puedes morir por el simple hecho de caer al suelo por un despiste. Un lugar donde ni siquiera se sabe a ciencia cierta si es posible o no huir de él.
Para nuestra suerte no sabemos con seguridad cómo son las calles del infierno, pero lo que describe Auster en esas páginas, es imposible que en algún momento de nuestra existencia el ser humano no lo haya sufrido. Un simbolismo que sale de las páginas.





Cuando terminé de leer cada una de sus obras, aconsejé fervientemente su lectura a todo el mundo, casi transformada en hombre anuncio, y luego me senté a esperar las siguientes gestaciones de Paul Auster. No me ha defraudado. Me encantó como se reinventó en “Brooklyn Follies”, mostrando el lado positivo de la vida, una novela curiosa y optimista.
Su última obra: “Un hombre en la oscuridad” viene precedida por frases que la anuncian como su mejor libro. Se trata de una crítica abierta a la guerra de Irak, al mundo en el que vivimos y que emplea retazos de la filosofía de Giordano Bruno pudiendo haber llevado esta teoría en sus manos mucho más lejos. Tiene sus momentos. La genialidad que sólo él maneja para crear un personaje dentro de un simple cuaderno, o en este caso en la mente del protagonista y darle vida es imprescindible.
Pero yo rezo en la oscuridad después de terminarla, para que todos esos miles de nuevos lectores, todos los que le conocen aunque no hayan leído nada suyo, porque ya se habla con naturalidad de “casualidad austeriana” como frase hecha; los que piensan que es un escritor de Best Sellers más, rezo para que indaguen y vayan más allá, y poder conocer todo su pequeño y gran universo. Un mundo cotidiano lleno de acontecimientos no buscados, de vidas, de desengaño y de cruda y dura realidad. Para que paseen por la tierra o por el infierno como prefieran.

El triunfo de Paul Auster a día de hoy es indiscutible. Y es algo que por un lado me entusiasma teniendo en cuenta que tengo la suerte de disfrutar de su talento desde hace mucho tiempo. Aunque en ocasiones me hace sentir como si se tratara de un amigo demasiado famoso que no te dedica todo el tiempo que quisieras. No sé qué pensará mi tía Crisanta Pilar de todo esto. Le tengo que preguntar algún día. Suelo encontrármela cuando menos lo espero. El azar, ya saben…


martes, diciembre 30, 2008

SALUD

Tengo desde hace unos años un trébol de cuatro hojas. No estoy segura que tenga cuatro, o se trate de una mera falsificación. Está atrapado en un plástico protector, como el que se utiliza para hacer el DNI. Se ha montado una especie de biosfera particular ahí dentro con una burbuja de aire diminuta que lo conserva en perfecto estado de salud y arrugas. Para él no pasa el tiempo. Lo tengo ahora mismo enfrente. Con una leyenda escrita a mano de manera delicada. Siempre que se vuelca lo coloco, lo pongo firme.
No creo en la suerte, o sí. No creo en la casualidad, o igual sí. Será porque no soy creyente. A veces en temporadas en las uno camina durante demasiado tiempo por las heladoras calles del infierno, se deja de creer en tanto, que ese tanto se transforma en todo. Creo que por eso no lo tiré a la basura hace años. Entonces. Puede que cuando me lo regalaron en aquel puesto lo necesitara. Como se necesitan tantas parafernalias que te ayudan a agarrarte a la acera y dejar de sentir un constante vértigo.

Han llovido muchas tardes en lugares grises, con vestidos grises, y lluvias que se alternaban con soles, como es obvio de diversos tonos dentro de la gama de este ya único color. He soñado y vivido miles de experiencias oníricas, sueños lúcidos, que no son ni mejores ni peores que los de antaño, sólo diferentes.

Miro las fotografías y observo que todo aparece más o menos igual. El tiempo no siempre pasa rápido, a veces pasa despacio y deprisa a la vez. Creo que eso es lo que provoca que nos acabemos perdiendo sin remedio. Sentir una alarma constante, una paura, miedo a que todo se avecine, se derrumbe como el lodo en la riada, de golpe, o por el contrario que nada termine por suceder.

Sigo sin saber casi nada, comprendiendo menos. Intentándolo, pero sin éxito. Y sin resignarme. A nada. Por más cierzo que quiera soplar. Por más que el viento circular intente llevarse siempre, como desde el día que nos presentaron, por todos los frentes lo que sea, a él le da lo mismo.
Días, meses, semanas de acontecimientos que se grabarán para siempre en mi memoria, que no van acompañados ni de tartas nupciales, ni de grandes celebraciones, ni de cipreses. Pero que me acercaron a gente que ya adoré desde tiempos y con la compartí vino y alegrías. Otros nuevos acompañantes en el camino que compartieron lo bueno, lo vivido, lo que sucedía. No ha habido grandes fiestas, o sí. Esto viene a ser como lo de la casualidad y la suerte, como todo es relativo.

Un año de música que se quedó sonando dentro y aunque la orquesta esté cansada y el pianista se quede sin cigarrillos, no paran de tocar. Un año de grandes satisfacciones que conllevaron también grandes pensamientos y brindis solitarios en más de una ocasión. Un año de Jazz para él, para
l'ombelico della mia anima.
Qué siga la música, qué sigan los tréboles de cuatro hojas aunque sean falsos.



¡Salud!

jueves, diciembre 18, 2008

FELICES SUEÑOS

In the pink of the night




Para todos los que se meterían a la cama tal día como hoy, y se levantarían pasadas ya dos o tres semanas, dígase el 7 de Enero...

miércoles, diciembre 10, 2008

PRESENTACIÓN "Ocho islas y un invierno"

Marta esa mujer que viaja todos los días, ha publicado en Ediciones El Desembarco (Sevilla) un poemario: “Ocho islas y un invierno”.
Sí, he dicho que Marta viaja todos los días. Ya que los que no puede desplazarse físicamente lo hace si hace falta de manera astral, sólo para poder estar en contacto con todos esos lugares que adora y con esas personas de las que nos va hablando, que nos va desgranando cada día, y que aunque tiene lejos siempre sabe mantener cerca.
Marta es una mujer que saber hablar con los perros, con los animales, que siempre amará a Battiato aunque él no llegue a saberlo, quizá porque nació con un trozo de su corazón italiano.


Mañana día 11 es la Presentación del libro “Ocho islas y un invierno”, de Marta Navarro, en Los Portadores de Sueños, a las 20.30 h.

Un poemario escrito durante un viaje a Sicilia. No lo tengo todavía, lo miré ayer de refilón, pero aunque tuve que contenerme cuando ella no me veía, decidí esperar a mañana.

Siempre que leo sus letras siento que sus poemas son como miradas. Miradas de alguien que observa, que busca y sobre todo que no deja de buscarse. Alguien inquieto que no se conforma sólo con lo que tiene delante, y eso inevitablemente nos devuelve al lector una visión tan simbolista y bella como dura en ocasiones del día a día, de la realidad que nos rodea no sólo de frente, sino por los cuatro costados.
Enhorabuena Marta. Te lo mereces.

Regreso a Taormina

Regreso a Taormina,
a la intimidad de sus curvadas calles,
a su agitada respiración
de amante sorprendida,
y a esas acaloradas citas a ciegas
en el Wünderbar, tras largos vasos de martini,
con el sudor rubí en la cintura
y el deseo trenzado
sobre infiernos de seda.

Amo Sicilia,
amo ese aroma
a hierro candente que derramándose
por el valle prende los rastrojos del camino,
y aviva la lujuria del turista más gélido.
Mi cabello irlandés se enciende
hasta estallar en rizos febriles.

Cuando la montaña despierta,
deja un rastro de lava enfurecida
y sus venas abiertas nos muestran
un paisaje rebelde, extraño, enigmático.
Como una lengua en celo,
la isla gime pasiones y delirios.
Volcán de volcanes,
piedra tallada en noches sin máscaras.

Amo esas horas tórridas
en las que yo no soy yo,
y mi ausencia es locura a borbotones.

Poema de Marta Navarro García

Imagen de Taormina, el comienzo de esta historia...

viernes, diciembre 05, 2008

HOMBRES EN MASA


Unos nacen de cabeza, otros de culo, llorando, a los siete meses…Él nació de pie. Puede que esto no quiera decir nada o lo explique todo. Debería ser algo más relevante la manera cómo se llega al mundo. O no. El caso es que él lo hizo con los pies pequeños y los dedos regordetes, pero firmes y enraizados de lleno al suelo, como si llevara aquí desde el principio de todos los tiempos.

Los años pasaron con las circunstancias que acontecen entre el frío, calor y chaqueta al brazo; y éste que nació de pie se transformó en alguien de cara normal y altura normal. Aunque sí creció mucho más en otros aspectos y sí lo hizo en conocimientos varios y sobre todo muy variados. Lo suficiente para dedicarse por oficio y beneficio a cobrar por sus pronósticos. No a lo pitonisa con pañuelo de hilos de oro y monedas de pirata, pero sí de otra manera en cierta manera similar, pero sin tanta parafernalia. Más de despacho, sillones de cuero de calidad, reuniones de grandes apretones de manos, dinero sin arrugas y decisiones que decidían sobre el futuro de muchos otros.
El problema venía luego, cuando se dio cuenta de que con el paso de más frío, de más calor y de más rebecas en el brazo, el resto de la jornada se aburría. Todo eso de las grandes negociaciones, las decisiones de esto y lo otro no eran suficiente y comenzó a jugar. Lo hizo moviendo fichas en un tablero. Más tarde perfeccionó el tema y a cada una le otorgó un nombre, como si se tratara de su propio y particular olimpo de pequeños dioses de madera.
Movía las fichas a su antojo y cuando se cansaba de una de ellas, o de uno de sus vástagos redondos se limitaba a tirarlos a la papelera de diseño que descansaba entre el escritorio de nogal, el vaso bajo y grueso de whisky de 12 años y la poltrona de cuero.
Seguía sin ser suficiente. Compró plastilina de la de siempre en una tienda de manualidades online. Le llegaron paquetes de todos los tamaños y colores. El paraíso de un niño ochentero en un despacho de lujo. Y a cada ficha le dio forma.
Muchos eran él mismo. No se puede ser uno solo para ser dios, -se dijo-
Esto es como los que afirman que sólo hay un mundo. Porque dioses y mundos hay tantos como uno quiera.
Y les dio su formita: de yaya, de niña adolescente, de joven experto en negocios, de maruja, de hombre fracasado, de divorciada con Prozac en el bolso de marca, y de tantos aspectos y espectros como pueden circular por cualquier calle por cualquier mundo y cualquier ciudad.
El hombre que con los años los fríos y los calores se transformó en dios, sólo debería haber tenido en cuenta una cosa (palabra horrible para él) para que todo el mecano siguiera funcionando a la perfección, y es que acumular demasiado poder y demasiada sabiduría sólo le está permitida a los Dioses.
Por el tablero pasaron tantos muñecos de plastilina diferentes, que terminó por dejar de inventárselos y para ahorrar espacio y tiempo utilizó hombres de verdad.
Ahora no los tiraba a la papelera sin más. Los movía como a los títeres de un circo de antaño, y cuando se cansaba con la yema del pulgar, lento pero seguro, los apretaba, a veces lo justo para dejarles con el agua al cuello, otras lo suficiente para dejarles por el piso, como dicen allá en Argentina, y otras los chafaba con tal rabia que se quedaban reducidos a masilla informe y a pesar de sus quejidos eran incapaces de volver a levantarse más. A otros ni fuerza les dejaba para llorar su desgracia.

Era dios. Y dios debe actuar sólo con la piedad justa, como un Darwin inteligente, y hacer que las masas sean al final por el bien del resto sólo masa.
Todo era perfecto. Ya no se aburría. Ya no era insuficiente su insípida existencia como humano entre calles infectas y llenas de mediocridad. Fue en una de ellas, quizá la más fea y absurda de todas cuando se tropezó de frente con él.
- ¿Quién eres que me miras así?
El otro no contestó, pero sí le sonrió con cariño.
- No sé por qué me sonríes con esa cara. Creo que cómo no estás informado deberías saber que yo soy dios.
Dijo estas últimas palabras remarcando cada sílaba y con la seguridad de los años, cuando ya no importan ni fríos, ni calores.
El otro siguió sin contestarle. Se limitó a levantar su mano, acariciarle el pelo como a un perro manso y bueno y lentamente posó la yema del pulgar encallecido sobre su cabeza y apretó lento y fuerte, tanto que lo dejó hecho masilla, del mismo tono gris que la calle. Una masilla de esas que él sabía mejor que nadie que no se levantan, que ni siquiera tienen fuerza para lamentarse.

miércoles, diciembre 03, 2008

"Si vuelves..." Disponible

Sólo comentaros que Constantino Bértolo me ha confirmado que "Si vuelves..." está disponible y hay ejemplares para poder servir en el punto de España que se solicite, al igual que no tiene por qué haber ningún problema con su compra online.

Os reitero mi agradecimiento por vuestro interés, apoyo logístico y moral.

Un abrazo, seguimos con la siguiente, ya queda menos...


Mónica

¡Qué siga la música!




sábado, noviembre 29, 2008

Si vuelves te contaré el secreto

Quería agradecer a todas las personas que se han puesto en contacto conmigo de distintos puntos de España ( y extranjero) interesados en conseguir mi novela. Y por avisarme que están teniendo problemas para poder encontrarla desde hace un tiempo tanto en librerías como vía Web.

De todas formas hay que tener en cuenta que Caballo de Troya distribuye de forma independiente, que ya no es una novedad y que soy autora desconocida.

En los siguientes días os comentaré algo más concreto al respecto, después de hablar con mi Editorial.

Un abrazo, y gracias por esa insistencia en las peticiones y vuestro apoyo.
Mónica

lunes, noviembre 10, 2008

A VECES...

A veces de repente, a uno cualquiera le da por ahí y decide componerte una canción, tu propio tango, lento y fogoso. Pero no siempre la letra acompaña. No siempre está plagado de esas estrofas que deseas que te canten muy cerca. Tan cerca que si es posible no se llegue a enterar ni tu propia oreja. Y ese estribillo que no para de repetirse, a pesar de llevar un son lento es tan duro que se clava de lleno en tu estómago y lo agarra y no lo suelta.
El reproche es junto con el odio uno de los peores estados en los que puede sentarse a comer, dormir y convivir cada día el ser humano. No es letra de canción para un bolero. Ni siquiera para un tango canalla.
A veces creo que me separo en dos. Que mi permanente estado de géminis en alerta me lleva a situaciones que no sólo no deseo, sino que ni tan siquiera busco. A veces creo que mi otro yo hace maldades a mis espaldas, para que cuando llega la noche y yo despierto, revivo, reacciono, como otros lo hacen con las primeras luces del día, me encuentre que al despertar no me entienden. Nada. La nada más absoluta.
A veces creo que estoy compuesta por dos mujeres diferentes, como las canciones que tienen dos estrofas. Dos vidas paralelas que no llegan a encontrarse.
No lo sé. Pero hoy escribieron un tango para mí y por título llevaba: "Reproches". Y yo no entendí nada.




Esto sí quiero que me lo canten...
Y no hagan caso, la realidad y la ficción y más en estos momentos de total hermetismo y vida casi monacal (casi), siempre van unidas de la mano, tanto que no se distinguen ni las formas de los dedos.

viernes, octubre 24, 2008

REVISTA WOMAN, OCTUBRE 08

1) “Si vuelves te contaré el secreto” ha sido reseñado en la revista para mujeres por excelencia (no, no es el Cosmo) WOMAN del mes de Octubre, junto con MTuent mi alter ego. No sé qué pensará J. Grisham o Murakami de que les hayan customizado con una de mis piezas de bisutería antigua, a Ray Loriga sí me encantaría poder preguntárselo.

2) Luis García Director de contenidos de www.Literaturas.com me pidió muy amablemente si me apetecería colaborar con ellos. Sobra decir cuál ha sido mi respuesta.

3) Hace ya tiempo que está en línea la revista virtual y visual que conduce esa mujer multifunciones (como mi Canon), encantadora, entrañable y que tiene la suerte de comer el pan de oro a diario que es Luisa Miñana y su “Cronista en la red”. Uno de mis relatos ha sido publicado en compañía de Tapies. Todo un honor.

4) Por último y no menos importante había olvidado lo que era escribir. Me explico. No se puede olvidar lo que se realiza a diario, como beber agua, pero sí había olvidado esa sensación extenuante que implica. Los lugares a los que te puede llevar sin que te enteres la mente si la sueltas del todo dentro del universo cerrado de una novela. Estoy en ello. Bebiendo ya las tazas humeantes de té chino en la isla de la Atlántida. ¿Qué no existe? Hay tantas cosas que no existen…
No recordaba que el proceso fuera tan duro, tan gratificante y tan intenso. Así que perdonarán mis ausencias (físicas y mentales), los correos no contestados, las llamadas perdidas, no contestadas, los cafés pendientes, porque la que está perdida por otros mundos es mi cabeza...

Un abrazo a todos


martes, octubre 07, 2008

REVISTA NARRATIVAS NÚMERO 11

Ya está en línea el número 11 de la REVISTA NARRATIVAS. Este número es especial para mí, ya que como algunos sabéis he comenzado a colaborar desde dentro gracias a la generosidad de su editor Carlos Manzano.
Podéis descargarlo aquí: REVISTA NARRATIVAS.

Por otro lado he tenido el enorme placer de poder entrevistar a la escritora nacida en la tierra del cierzo Soledad Puértolas. No sólo ha sido un honor, también una especie de aprendizaje. Una autora a la que sigo desde que no levantaba un palmo del suelo.
Incluyo aquí la entrevista en agradecimiento a su tiempo y el talento que nos regala con cada párrafo de sus obras.



"La mente siempre está tramando algo, siempre hay algo vivo por dentro, eso es lo mejor de todo. Por eso, cuando se termina una novela, el vacío resulta insoportable."


Soledad Puértolas ha vuelto a deleitarnos y hablarnos con sus letras después de años en silencio con una gran obra, Cielo Nocturno, una novela muy esperada de esta autora aragonesa prolífica y polifacética.


Soledad hace un tiempo dio vida a su primera obra: El bandido doblemente armado, creando un espacio que sale de las páginas y nos permite tomarnos un café mientras disfrutamos de un buen libro. Un proyecto llevado a cabo junto a su hijo Diego Pita en el barrio de Chamberí de Madrid.


Hemos tenido el placer y el privilegio de que nos abra las puertas para contarnos cómo ha vivido y vive la literatura. Y su peculiar manera de ver y contar la vida a través de sus personajes. Probablemente teniendo cerca al compañero más fiel del hombre, que para ella siempre es una buena compañía a la hora de escribir, de perderse en otros mundos.

NARRATIVAS : Tu primera novela, El bandido doblemente armado, obtuvo el Premio Sésamo en el año 1979, lo que te facilitó una brillante entrada en el panorama literario nacional. ¿Qué evolu-ción literaria y personal observas entre la Soledad Puértolas de aquella época y la actual?



SOLEDAD PUÉRTOLAS: Ha pasado mucho tiempo desde entonces, casi treinta años, así que es-pero haber evolucionado, si no, sería terrible... Naturalmente, hay algo que se mantiene, pero es muy vago, es una forma de mirar, una tendencia estética. Lo que la vida te enseña, lo que te da, lo que te quita, todo eso se refleja en lo que se escribe. Sigo recordando con mucho afecto al Ban-dido, porque allí encontré una voz que no era yo, pero que me permitía expresar cosas que me importaban. Esa es una lección que aprendí entonces y que todavía me sirve. En cada narración, busco una voz por la que transitar y descubrir cosas, a partir de algo que conozco y con la idea de avanzar en lo desconocido. El proceso es más o menos el mismo, pero los puntos de partida han ido cobrando matices distintos.



N.: ¿Qué influencia ha llegado a tener en tu obra tu temprana marcha de España y tu experiencia en Noruega y Estados Unidos? ¿Ya entonces tenías claro que querías ser escritora?
SP.: No me planteaba si sería escritora o no, como si eso fuera una profesión, pero escribí desde niña, desde que descubrí los cuentos. Si existían los cuentos, era porque alguien los escribía, ¿por qué no yo? Pero más bien pensaba que era una actividad secreta, casi clandestina, algo que se hace al margen de la vida que muestras a los otros. Y, en cierto modo, es así, sigue siendo así. Escribir es mi actividad esencial, mi identidad, es algo exclusivamente mío. Al publicar, se com-parte. Mientras se escribe, no.
Los viajes le dieron giros a mi vida, me hicieron ver el mundo de otra manera. Y, sobre todo, a mí misma. Me mostraron cómo era yo lejos de casa, me hicieron descubrir muchas cosas personales. Por eso están presentes en mis libros. En mis relatos, siempre hay alguien que viaja, que se va, que se aleja. Los regresos también son interesantes. Lo que más me gusta es ese punto del viaje en que la desconexión se convierte, por extrañas razones, en una forma de conexión.

N.: Hace ya mucho tiempo, siendo casi una niña, tuve el placer de escucharte en una charla litera-ria. Aún guardo tu dedicatoria: "Mucho ánimo y adelante". Me encantó que alguien consagrado como tú me lo dijera. Siempre lo interpreté como que no todo iba a ser tan romántico y fácil como piensan muchos. Unos años después me gustaría preguntártelo: ¿Piensas que es duro tomar la decisión de vivir rodeado de personajes?

SP.: Toda actividad solitaria resulta dura. Lo que no tiene un reflejo directo en los otros apenas tiene existencia. Se hace difícil poner la fe en algo que sólo ves tú. No es una actitud muy cuerda, implica mucho aislamiento. Es el precio que se paga y va más allá de tomar una decisión o no. Simplemente, es así. Y tiene muchas compensaciones. La mente siempre está tramando algo, siempre hay algo vivo por dentro, eso es lo mejor de todo. Por eso, cuando se termina una novela, el vacío resulta insoportable.

N.: Tus obras pocas veces ofrecen universos cerrados y simples, e incluso has afirmado alguna vez que buscas un lector activo, que participe en la historia y no se limite al papel de mero receptor. ¿Podríamos decir que el papel del lector en el proceso de construcción de una novela es casi tan importante como el del propio autor?

SP.: El lector lee la novela que quiere o puede o desea leer. Sin él, es una obra estéril, un callejón sin salida. Cuentas con él mientras escribes, pero de una forma muy vaga. Es invisible, no tiene cara ni cuerpo, nada. Pero sabes perfectamente que está, que es tu cómplice. Si esa sensación desaparece, caes en un agujero negro. Ni siquiera me lo puedo imaginar. Esta es la premisa de la literatura: existe el lector.

N.: Se ha destacado en más de una ocasión el papel que juega el silencio de los personajes en tus obras.


SP.: El silencio es la otra cara del lenguaje. Más aún, de la literatura, donde el lenguaje se ha hecho original. El silencio, los huecos, los espacios vacíos. Es el tiempo, también. Para poder hacer tuya una obra, para poder interpretarla, tiene que existir el silencio. Si se dice todo –lo cual, por otra parte, es imposible–, ¿qué queda para la imaginación, para la creación?

N.: Has escrito también ensayo. ¿Qué lugar ocupa este género en el conjunto de tu producción literaria?


SP.: Me gusta divagar, escribir sobre obras que admiro, sobre los mil asuntos que rodean la literatura. Así se emplea un poco la razón, todo el aparato discursivo. Es entretenido y, de pronto, por sorpresa, encuentras algo. O crees que encuentras algo. No está en el centro de mis intereses, pero me gusta mucho.

N.: Se observa asimismo en tus obras cierto poso de desilusión y desengaño, sueles crear personajes poco seguros de sí mismos, inmersos en la duda permanente.


SP.: Es difícil hablar de lo propio. Pero no veo desilusión o desengaño, sino personajes que no saben cómo vivir. Es una etapa anterior. Se asombran de los ilusionados y de los desilusionados. Ellos se han quedado un poco al margen, andan a ciegas, como en un túnel. Este es asunto difícil de resolver. Buscan la armonía y quizá la armonía no exista. Tienen buenos momentos, eso sí.

N.: ¿Cómo calificarías la situación actual de la literatura actual y, más en concreto, del mercado editorial en España?
SP.: No soy muy buena con los dictámenes, pero todo indica que el mercado editorial atraviesa un momento muy duro. Lo que no se vende de forma inmediata desaparece. La venta de libros ha descendido y sólo los best sellers siguen teniendo lectores, y muchos. Luego están los baremos de prestigio, de calidad, pero ¿quién los administra? En fin, el panorama no anima nada.

N.: ¿Cómo logras dar forma a unos universos tan hermosos, llenos de sensibilidad y a la vez de realismo para qué funcionen y tengan esa estructura digna del mejor arquitecto de las letras?
SP.: Gracias por la opinión. Lo único que sé es que escribir, inventar, me gusta mucho. Y me he propuesto confiar, como si fuera un don. Así que me olvido de todo, dejo la mente en blanco y que me invadan... Ya me las arreglaré, me digo.

N.: Por último: ¿Tiene Soledad alguna manía confesable o inconfesable a la hora de inventar, de crear, de escribir?


SP.: Inconfesable, no sé. Me gusta escribir con una taza de café. Más tarde, una cerveza. Los perros, cerca. Y música.

* Preguntas redactadas junto con Carlos Manzano.

Espero que disfrutéis con la lectura de este número y por supuesto que os animéis a colaborar para el próximo número.

* Imagen de Soledad del archivo de" El Mundo", elegida por Antón Castro, me parece realmente preciosa.

domingo, septiembre 28, 2008

PAUL NEWMAN

Tienes los ojos azul turquesa. ¿Nunca te han dicho que se parecen a los de Paul Newman? Cuántas veces habremos dicho esta frase a alguien, a veces porque el bar y el momento era propicio y otras porque era cierta. Pero ninguno de esos pares de ojos, por muy azules que fueran, muy penetrantes o muy bonitos eran como los suyos. Siempre fallaba algo, el que no pecaba de blando, lo hacía de cursi, o no transmitía ni de lejos lo que transmitían los suyos.

“La gata sobre el tejado de zinc” una de mis películas favoritas de Newman, puso en guerra sus ojos con los de Elizabeth Taylor. Ese hombre atormentado que se comió las paredes, las muletas y el resto del reparto, para encerrarse con los de la pequeña y grande Elizabeth dentro de una habitación y hacernos estremecer en el asiento.

Siempre se habla de James Dean como el rebelde por excelencia, aunque para mí nadie interpretó como Paul el dolor y la rabia. La ira y la rebeldía, el ser la pieza del puzzle que sobra y el tener que vivir en un mundo que no soporta y con la complicidad interna latente de que no podrá hacer nada para que eso cambie. Ojos claros sin un ápice de cursilería que caminan amotinados contra el mundo. Sólo los suyos.

Demostró con una amplia y prolífica carrera, que no era sólo un guapo más de la época dorada de Hollywood. Que era un actor que hacía temblar los cimientos del plató cuando lo pisaba.

El premio. Aborrecí la alfombra roja y ese mal café que tuvieron década tras década, mucho antes de haber tenido la suerte de cruzar su mirada con la mía, por no otorgarle ninguna de las estatuillas del impertérrito, tieso y brillante amigo Óscar que tanto merecía. Se la entregaron cuando ya era mayor, por un remake en el que jugó como sólo saben jugar los grandes. Puede que tampoco le importara demasiado. Como seguramente no le importaron los millones de mujeres que suspiraban a su alrededor y desde nuestras casas.
Hasta eso lo hizo bien. Casado en dos ocasiones, convivió durante medio siglo con su segunda mujer, hasta el final. Algo que me hace reafirmarme que tras esa mirada imposible de copiar, y menos de imitar, algo así como la renombrada sonrisa de la Gioconda, se escondía un hombre normal. Una normalidad arrebatadora y maravillosa.


He estado alejada por unos días de todo y una vuelve y se entera de que Paul Newman ha muerto. Un actor que en mi opinión y a pesar de grandes películas, su mejor pareja en las pantallas, la más apasionada, compenetrada y genial no fue con ninguna mujer, sino con un rubio platino: Robert Redford. Dándonos a todos “El golpe” o demostrándonos que el Destino puede unir a dos hombres.
Paul Newman no debería morir. No debería permitirse que sucediera. Es como si el cine, una parte de él también lo hubiera hecho.

domingo, septiembre 14, 2008

ANDRÉS CALAMARO en la EXPO...

Definir a Andrés Calamaro, sería para mí el equivalente a la definición del verbo reinventar, o reinventarse. Andrés es una mezcla de tango canalla, de elegancia y pasión argentina, con un punto de ese Madrid que le atrapa y un alma cansada e hiperactiva que sólo tienen los grandes, los que la han usado tanto para crear, que alterna ambos estados en un mismo tiempo. Un alma escondida siempre tras sus gafas. Unas gafas que cuando se apartan, nos dejan ver unos ojos chiquitos, que dirían en su tierra, pero de esos que miran de frente. Es música, rock con ritmo y raíces latinas. Es un artista. Sí, creo que lo grité muchas veces ayer por la noche durante el concierto de la EXPO. Y creo que fue de los pocos gritos que escuché en las casi dos horas, rodeada de gente que me miraba como si estuviera loca. Un concierto en el que lo intentó dar todo, pero en el que se encontró con una amante cansada y poco correspondido.
Acompañado por sus geniales músicos nos regaló una actuación de las que hacen época, al margen del maldito cierzo, de un frío polar, de la avalancha de gente, que sigo sin entender para qué va a un concierto si no le interesa. Y con ese frío…
“Crímenes perfectos”, “Todavía una canción de amor”, “Me arde”, “Todo lo demás”…Temas que me hicieron vivir miles de flashback para producirme una sensación de tranquilidad, de paz, de haber conseguido el master en papiroflexia…
Pequeños cambios en las letras, que no sé si todo el mundo se percató, o mejor dicho entendió. Calamaro juega con nosotros, con el público, y juega consigo mismo.
En su blog comentaba hoy:


Anoche en Zaragoza hacia frió, volvíamos a la ultima tierra de Guille (en la tierra),
llegamos con lesionados y encontramos... frió. El calor de los calientes y el frió en el aire... Mucho publico, quizás demasiado ... o demasiado casual : Gente que pasa por ahí. D todas maneras supongo que entre semejante multitud friolenta estarían aquellos que prestan su sensibilidad al servicio de su propia alegría.
Costo labrar el triunfo final, bien podría achacarse la dificultad al frió ambiental.
Niño Josele puso la guinda y Jaime encendió la noche al calor del amor...

Estábamos, pocos, no muchos y como siempre los malos se dejan ver y oír más que los buenos. Pero estábamos, los que nos remontamos desde tiempos de los “Abuelos de la nada”. Había gente a mi alrededor que cantaba las últimas canciones. Gente que cantaba sólo las de “Los Rodríguez”, gente que cantaba sólo las de “Honestidad Brutal”, gente que cantábamos todas.
Brutal, Calamaro estuvo brutal. Y agradezco a mi odiado cierzo y a los que diseñaron esa caja de los vientos y le otorgaron el surrealista nombre de anfiteatro, que deja a los artistas rodeados de aire y sin nada que les cubra por ninguno de los frentes, por permitirnos ver bailar a Andrés como un Mick Jagger. Como un roquero de los de siempre, de los de antes, de los que no quedan. Puede que fuera el frío, el cierzo, o el frío del público, pero en más de 20 años que le sigo nunca le vi bailar así. Probablemente el próximo concierto, lo de sentado, o haciendo el pino, porque Elvis no sé si está vivo, pero Andrés Calamaro sí y se reinventa cada día que pasa.
Grande Calamaro! También fue mi grito anoche, esa parte romana que me sale de dentro. Le dieron mi libro ¿Se puede pedir algo más? Sí que lo lea y le guste… O mejor dicho no, que siga siendo el puto amo del escenario allá dónde quiera que vaya.