martes, abril 18, 2006

Cuatro casas en tres lugares


Hace tiempo descubrí que no podía vivir en un lugar que no me gustara. No me refiero a una casa, si no a una ciudad, pueblo... Lo descubrí a través de pequeñas pistas, como que el color de mi pelo se volvía transparente, mi voz sonaba más lenta y las calles de alrededor me miraban con aire circunspecto y despectivo.
Pero era un momento en el que aunque te das cuenta de según que cosas, no puedes hacer mucho por cambiarlas. Todavía no. Seguí con la pantomima que me tocaba representar y cuando las circunstancias lo permitieron, maleta en ristre me marché de aquella ciudad.


Cinco años y cuatro casas más tarde, estoy en el punto de inicio. No sé por cuanto tiempo. No he encontrado aún mi lugar y no pienso cejar en el empeño de encontrarlo, aunque tenga que dar la vuelta al mundo o ponerlo del revés y que éste caiga a mis pies para poder quedarme allí sentada.
Pero ya tengo ‘lugares’, mis pequeños tesoros que guardo como cuando era cría mis cromos en una caja que abría y miraba de vez en cuando.


Uno es una pequeña cala que sólo los privilegiados que viven en Mallorca o la conocen a fondo saben donde se encuentra. Cuando pisé sus piedras enormes y redondeadas y me mojé, casi sin querer, los pies con el agua que llega hasta ellas en pleno febrero, supe que me iría a vivir cerca de ese lugar, sin más, sólo porque esas piedras, esa montaña y ese montón de litros de agua me obligaban a hacerlo. Y fui. Esa cala es la que me ayudó a comenzar mi verdadera vida.

Otro de mis lugares es el que he visitado estos días. Hacía siete años que no iba. Es un sitio con el que me une un fuerte vínculo y por otro lado no me vincula nada de nada. Lo más curioso es que me enredé con él de tal manera que ahora mis raíces, sin posibilidad de hacer nada, se han enganchado por entre su suelo, sus olivos y las cuatro piedras que le quedan al castillo que lo preside.
He hecho balance y es el único lugar del mundo del que sólo guardo buenos recuerdos. Nunca he llorado, no me he sentido triste. Siempre he reído, he bebido hasta perder el sentido y he caminado y hablado tanto que he perdido la noción del tiempo mil y una veces y he vuelto a recuperarla para poder sentarme en un banco verde a comer pipas y verlas pasar, o frente a un hogar y llenarme de olor a humo.
Es mi lugar de los recuerdos dulces. Sí, suena cursi. ¿Pero acaso es fácil encontrar un sitio que no se pudra con el paso de los años, con el transcurso de la vida, con la facilidad que tenemos para estropear siempre todo?

11 comentarios:

Pat Rizia dijo...

precioso, mónica, es verdad que somos el doble de nuestras casa, búscala hasta que la encuentres

Max Estrella dijo...

Es dificil encontrar un sitio en el que te apetezca estar,vivir...yo empiezo a buscarlo ahora...ahora que empiezo a volar un poco más alto y ver más allá de los muros de esta ciudad
Besos y "oj alá" que lo encuentres...
precioso relato,precioso

Pablo Perro dijo...

Que envidia terible me da de pensar que tienes un lugar que solo tiene recuerdos felices. Al mismo tiempome daría mucho miedo tenerlo, por temor a estropearlo en cualquier momento no iría muy seguido, iría con niños y con perros, dificilmente con amantes, iría con zapatos viejos y cómodos, con agua fresca de la fuente y con mañanas muy claras. Las tardes grises iría al cine mejor, que al fin a nadie le importa echar a perder los recuerdos que se tienen del cine.

Irarrazabal dijo...

Que mejor forma de decir que buscaremos la felicidad a cualquier precio y donde sea.

Saludos!

Alfredito dijo...

Ya estoy aquí. Regreso de lugares que despiertan en mí sentimientos encontrados. Estoy feliz de regresar.
Creo que "mis lugares" están dentro de mí. Sólo cuando el lugar en el que estoy es un espejo de alguno de los lugares que permanecen en mí se convierte en mágico.Será por eso que en ocasiones los parajes más deslumbrantes los vivo en gris y, en cambio, la mesita de aquel rincón de aquel restaurante perdido se transmuta en un íntimo Taj Mahal.
Besitos.

Antonio Quintana dijo...

Desde Badajoz hospitalaria y asombrosa, mi hogar.
Saludos a los melancolicos

Eowin dijo...

Cuanta verdad y que bien contada.., creo que compartimos esa cala, ese banco.. y ese espiritu de busqueda.., tengo esperanza de encoantrarlo ..

Aunque tambien te digo., hay una frase de un libro "Beatriz y los Cuerpos Celestes" que queria decir algo asi como... " las ciudades viajan con nosotros " ..

Mónica dijo...

Ciao,

Irarrazabal bienvenido, aquí tienes tu casa!

Alfredo me alegro de tu vuelta y recomiendo a todos no perderse el post de su viaje al nuevo campo de concentración para estudiantes...
Un beso,

Pablo Perro, tienes razón debo dosificarlo, yo misma muchas veces tengo miedo de ser la que lo estropee, la que lo destruya.

Antonio, me encantó Badajoz cuando hace unos años visité la ciudad, me inspiró tranquilidad y relax.
Un saludo melancólico,

eowin, seguro que lo encuentras. Lo importante es no dejar de buscarlo.

A Patricia y Max que ya son como mis primos un beso, para los demás otro y si sois buenos un día os llevo a todos mi lugar, al cursi, al de los sueños bonitos. Seguro que os encantaría.

Mónica

Mónica dijo...

Ciao,

Irarrazabal bienvenido, aquí tienes tu casa!

Alfredo me alegro de tu vuelta y recomiendo a todos no perderse el post de su viaje al nuevo campo de concentración para estudiantes...
Un beso,

Pablo Perro, tienes razón debo dosificarlo, yo misma muchas veces tengo miedo de ser la que lo estropee, la que lo destruya.

Antonio, me encantó Badajoz cuando hace unos años visité la ciudad, me inspiró tranquilidad y relax.
Un saludo melancólico,

eowin, seguro que lo encuentras. Lo importante es no dejar de buscarlo.

A Patricia y Max que ya son como mis primos un beso, para los demás otro y si sois buenos un día os llevo a todos mi lugar, al cursi, al de los sueños bonitos. Seguro que os encantaría.

Mónica

Mónica dijo...

Cielos me he multiplicado por dos. Es que a veces cundo tanto como Jazz cuando está en casa toda una tarde porque en la calle no para de llover...

Presilábica dijo...

Que don poder escribir así. Yo soy una nostálgica de medio tiempo, porque el otro trato de no dejarme llevar por la tristeza.

Te recomiendo para vivir: una biblioteca junto al mar. Con un buen sillón para leer y túlipanes en un jarrón.