jueves, octubre 11, 2007

La pared


14 de julio
Al volver he sentido que había gente en casa. Un rato después cuando he subido a su estudio he visto que no era así. Sólo está él sentado en el suelo. Seguramente está trabajando en alguna idea de su proyecto y no he querido molestarle. He bajado las escaleras de madera sin tan apenas hacer ruido. Para qué mentir. No tengo ganas de hablar con él. Ni de que él tenga que hacerlo conmigo. Ya no me escucha y yo tampoco. Antes se lo decía de broma, cuando con todo el pelo alborotado se levantaba de su mesa y salía del estudio. Ahora ya no hay ni siquiera ironía en nuestra vida, mucho menos en nuestras conversaciones.

15 de julio
Al levantarme me he dado cuenta que no estaba en la cama. Ni siquiera ha venido a dormir. Su lado está intacto. Ni una sola arruga. Lo que me ha hecho recordar lo poco que me muevo mientras duermo. Sigue en su estudio. Subo antes de irme a trabajar. Está todo patas arriba. Ha arrancado el papel de una de las paredes y apoya la cara contra ella. Parece dormido. Le grito que qué demonios ha hecho. Se despierta sobresaltado y veo que lleva sobre la cara las marcas del horrible estucado que inicialmente cubría esa pared.
Masculla algo así como que es por el nuevo proyecto y me da la espalda apoyando la otra mejilla en la pared quedándose en una especie de letargo desesperante.

Ha pasado una semana.
Ya ni siquiera me contesta. Ni siquiera sé si come lo que le subo. Cuando vuelvo por la noche todo es un caos. Nuevo, diferente del anterior. Va arrancando las capas de esa maldita pared como el que pela una cebolla. Ya ha quitado el estucado, luego dos capas más. Hay restos de diversas vidas y épocas sobre el suelo. Luego por la noche de madrugada no sé en qué momento lo recoge y al día siguiente vuelta a empezar.
– Acabaras sin pared maldito loco. Le grité un día. Y no sé por qué eso pareció calmarle. No volvió a arrancarle nada más. Le dejó las pocas entrañas que aún le quedaban tranquilas.

No responde a mi cariño, ni a mis gritos de madre en apuros, ni a mis suplicas de esposa desconsolada. He probado con todas las clases de plañideras de pago y auténticas que existen y no hay nada que hacer. Y siempre esa horrible sensación de que alguien se ríe de mí a mis espaldas. De que alguien observa como nos alejamos tanto que ya ni siquiera podemos escucharnos. Ni aunque queramos. Y ya nadie quiere.

29 de julio
– Ya no sé qué puedo hacer. Antes aún me contestaba aunque fueran monosílabos, ahora ni eso doctor. Pasa las horas y los días ahí tal y como le ve, sentado sin hablar.

– Bueno, vamos a ver, usted trabaja.

– Sí claro.

– Él no.

– No exactamente. Es arquitecto y estaba estudiando un proyecto muy importante.
– Ya... y no lo ha conseguido.
– Pues es que no lo sé. Yo suponía que sí, que por eso estaba todo el día encerrado arriba en su estudio. Pero ahora me hace usted dudar. Tampoco hemos hablado del tema. ¿Pero es que no lo ha visto? No se levanta del suelo con las narices pegadas a la pared.
– Podría perfectamente tratarse de un caso de depresión. Usted trae el dinero a casa, es la triunfadora y él un fracasado. Puede arrastrar este problema desde hace tiempo y es ahora cuando ha explotado.
– No me cuadra. Él no es así. Demasiado orgulloso para sentirse inferior a mí.
– Esa actitud no es la correcta.
– Lo siento, pero verlo ahí como un...
– Sí, está claro que necesita ayuda.
– Sí, está claro. Y que yo no puedo más. Ha dejado de darme pena. Ha dejado de darme todo.

Al pasar las yemas de los dedos de arriba a abajo por la pared notó como ésta se erizaba. Se erizó como si se tratara de la piel de una adolescente. Se separó sobresaltado y pensó que llevaba demasiadas noches sin dormir. Demasiadas noches y días ahí arriba encerrado en proyectos inexistentes, sólo por no tener que salir fuera. Pero al volver a acercar las manos volvió a sentirlo, a sentirla. Fue entonces cuando le arrancó las telas que horriblemente la cubrían cuando notó que se comportaba como una mujer desnuda avergonzada de su cuerpo. Estaba lleno de bultos, de granos que a él se le antojaron hermosos. Y pasó toda la noche besándolos, acariciándolos, durmiendo sobre su hermoso, frío y feo cuerpo.
Decidió dejarla lo más bella posible. Era arquitecto, era su trabajo, su especialidad. Armado como el mejor de los cirujanos plásticos de Hollywood le arrancó todas las partes sobrantes, hasta que se dio cuenta que si seguía intentando quitar todo lo horrible que la había ido cubriendo con los tiempos, se quedaría sin nada, sin ella. La bruja de su mujer por una vez podía tener razón. Así que se limitó a dormitar a su lado, a vivir a su lado.
Ahora ha decidido traerle un médico. Eso es buena señal, señal de que ya ha claudicado, de que pronto se irá y les dejará tranquilos y en paz. El buen doctor y ella han entrado en el estudio como si no hubieran interrumpido nada. A nadie. Y al marcharse como siempre su mujer cierra la puerta de golpe. Él sabe que lo hace a idea. Para dañarla, para hacerle daño.


– Ay – se escucha a ras del suelo. Es un leve, casi imperceptible quejido de hembra herida. Y él como tantas veces se agacha y coge el pequeño pedazo de pared que ha caído por el golpe. Lo acaricia y con la ternura de quien le ha curado muchas veces esas pequeñas heridas, se prepara para hacerlo de nuevo.

23 comentarios:

Ferlocke dijo...

Cuando empcé a leer e iba por el principio, pensé en citarte algunas frases que me habían gustado (que no hubiera ni siquiera ironía en sus vidas me ha parecido una idea tan, pero tan bonita -y a la vez tan, pero tan triste-) pero ha sido terminar de leerlo, quedarme con una sensación tan placentera que no sé qué decir ahora.

Me ha encantado, de verdad. Gracias.

http://community.livejournal.com/fertextos/

Baptisma dijo...

vaya, ya hacía falta regresar a un blog así, me agradó... te dejo saludos y, hasta pronto!

39escalones dijo...

�Qu� maravilla!�Qu� desasosegante!
Me parece que cuando entre en casa voy a mirar las paredes con otros ojos... A lo mejor me sirve de excusa para quitar por fin ese cuadro que no me gusta o ese espejo que me recuerda el cabello que pierdo... Bien mirado, mis paredes son muy chulas desnudas...
Un texto genial
Un abrazo

entrenomadas dijo...

Estupendo, realmente me ha gustado mucho. Muy inquietante. Ufffff
Un abrazo

Ruth dijo...

Uy, pues a mí ahora me da miedo mirar a las paredes. ¿Me mirarán ellas a mí?

ElPoeta dijo...

Mónica, muy bello y muy profundo tu relato. Cuando nos falta el calor y el cariño de las personas, nos apegamos a las cosas hasta llegar a humanizarlas. Un beso y mi cariño,
V.

Mari Carmen dijo...

Un relato precioso Mónica. Precioso :) A veces yo he pensado en mi casa como en un organismo donde las paredes son sus huesos y yo un ser microscópico que va dándose trompicones contra ellos.

Un abrazo.

Mónica dijo...

Ferlocke, gracias a ti. Me alegro de que te guste. Aunque si leé este relato tu pareja creo que si que me mandaría directa al psicoanalista...

Un abrazo

Mónica dijo...

Baptista, saludos recibidos y ya van de vuelta también los míos. Como siempre es un placer verte por aquí.

Un abrazo

Mónica dijo...

39 escalones, muchas gracias. Es cierto a veces nos dedicamos en exceso a adornar todo tanto, que perdemos la esencia de las cosas, incluso de una simple pared.

Un abrazo

Mónica dijo...

entrenomadas, gracias! Me alegro mucho, de que te guste.

Ruth, pues no lo había pensado, visto así... Habrá que cuidarse las espaldas.
Besos!


El poeta, completamente de acuerdo contigo. Somos capaces de hacer todo tipo de magia con tal de intentar abrazarnos a algo o alguien.
Besos

Mari carmen, me encanta tu visión de la casa como un todo, como un organismo. Es genial.

Un abrazo

JJ - dijo...

Vaya que me ha gustado tu relato.
Cuánta belleza en esos días entre la angustia, el desepero, la cotidianeidad y la dejadez.
Ese saber que sólo nos junta el regreso al mismo lugar donde ya no hay encuentros.

Esa historia es como el sentirse un mueble más de la casa, un ornamento; donde todos comunican sus soledades a sus pares más cercanos, la silla al jarron, las flores a la brisa, las sábanas a las almohadas y nosotros a esos objetos que nos acarician sin palabras.

Esa pared es genial.
Me alegra haberte conocido!
Besos!

Caminarsingluten dijo...

Un relato estupendo, y una demostración de que una casa es mucho más que cuatro paredes.

Saludos,

Ana y Víctor.

Consciencia dijo...

Me encanto su relato ! La casa como un ser al que finalmente se el acepta.

MANDALAS POEMAS dijo...

Hola desde Barranquilla, Colombia, te envío un caluroso saludo y mis felicitaciones por tu blog, sobre todo por su contenido. Te invito muy cordialmente a que visites el mio en donde estan consignados mis poemas. Espero lo recomiendes a tus contactos. Espero también tus valiosos comentarios.

www.mandalaspoemas.blogspot.com

Un abrazo,

Víctor González Solano

Corazón Coraza dijo...

Holaa melancolía...cuanto tiempo sin pasar por tu casa...y que bueno encontrarme con este post....AL casa...es maravillosa...si sabemos darle el valor y que se merece y hacer de ella un lugar maravilloso de "estar"...¡´has estado de renovvación! eso siempre nos viene bien a nuestra casita y a nosotros mismos!!!
Besotes melancolí....cque tengas buen finde!
Cuidate!
LUna.-

Jane Wilkins dijo...

Hermosa narración, que me llena de nostalgia de un mundo que nunca podré pisar. Visite mi soledad en http://www.malasconciencias.blogspot.com/

Mónica dijo...

He estado fuera unos días, alejada de cables, teclas y conexiones con el mundo real o era el onírico, pero más o menos ya estoy de vuelta. Aunque estaré apareciendo y desapareciendo -espero- todo el verano.

JJ, gracias por tus palabras y bienvenida. Me alegra que te guste la pared, a veces pueden llegar a ser más calidas que unos cuantos abrazos.


Ana y Víctor, gracias como siempre. Os mando un besazo enorme.

Víctor, muchas gracias por tus amables palabras, prometo pasarme por tu blog. Bonito título has elegido.
Un saludo


Luna, gracias lo mismo digo a cuidarse mucho!
Un abrazo

Jane, bienvenida, vistaré tu soledad ya sabes eso de que a veces es bueno compartirla.

Besos a todos con saborcito a Mediterráneo, que sería de mí sin él...

JoseMSGamboa dijo...

Hacía tiempo que no te visitaba, Mónica. Encontrar relatos como éste hace que me pregunte por qué he tardado tanto. ¡Me ha encantado! Y sí... de psicoanalista pero precioso.

Un abrazo.

Antonia Romero dijo...

Qué precioso relato, Mónica, me ha encantado. Me lo veía venir, será porque le comprendo.

Besos.

Miguel Sanfeliu dijo...

Genial.
Me ha gustado mucho. Tiene ese sello especial que tienen tus historias, esa mezcla de realidad y fantasía, un lado oculto en lo cotidiano... Muy bueno.
Un abrazo.

Abril Lech dijo...

Maravilloso. Completamente atrapante. Lo leí de un tirón sin detenerme, identificándome alternativamente con uno y otro. Podemos ver el alma de cada ser e incluso de la mujer inhabitada que compone la pared...

Mónica dijo...

Gracias Miguel, Antonia, Abril y Jose, me perdonarán que les agrupe en el agradecimiento, pero la conexión vía móvil es lo que tiene, un límite...

Un abrazo para todos y cada uno, claro