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Eso de las menciones no me termina de convencer. Pero sí tengo que agradecer todo el apoyo que he recibido durante este tiempo. No me refiero a este mes de locura transitoria y alucinaciones varias (por mi parte) ante el nacimiento del bebé, sino a todos los años que le han precedido como si se tratara de un parto interminable o de un acto inalcanzable.
Al final gracias a Constantino Bértolo, ese trabajo salió a la luz, para que ahora los que se presten puedan opinar lo que les plazca sobre las letras que he ido juntando.

Es curioso, a pesar de que alguno reside en la ciudad del cierzo o viento circular, la mayoría están repartidos por todo el planeta. Supongo que como yo, son adictos a eso de no parar quietos en una casa eternamente.


Sin los empujones y tirones de pelos cuando estaba en el suelo de muchos de ellos, no habría llegado a incorporarme tantas veces, de eso estoy segura.

Ayer estuve arropada por tanta gente, tantos de ellos en la “Audición”, que tan apenas pude escuchar las notas que sonaban de fondo. Algunos como Carlos Manzano, Marta, Luisa y Alfredo casi se mimetizaron entre la gente. Digo casi, porque aunque uno no vea, sí siente la presencia y es lo mismo que si hubiera podido charlar con ellos durante horas.
