
Perdonad mi ausencia estos días, en cuanto se encendieron las luces horteras por todas partes me marché por la noche hasta la isla desierta lejos de todo. Ni siquiera me llevé maleta. No sabéis lo tranquila que estaba, sola, decidiendo entre meter los pies en la orilla o mirar al horizonte. A los días de tranquilidad extrema y absoluta me di cuenta que no tenía mucho sentido permanecer eternamente sentada mirando a ningún sitio.
Me puse mi traje de niña y volví nadando ayudándome de mis bracitos pequeños y pataleando con grandes dificultades. Siguen las luces, ahora disfruto de ellas, pego las narices a los escaparates y quiero que empiece el 2006, con todo lo que ello puede suponer, con el miedo, la incertidumbre y el gusi gusi en el estómago de estrenar mi bloc lleno de hojas nuevas y pegaditas, quiero que empiece para que todo lo malo se pierda, aunque no se olvide, y sobre todo para que los Reyes me traigan muchos regalos. No he sido tan mala...
Feliz Año Nuevo
Un beso,
Mónica