jueves, marzo 20, 2008



Suplemento de cultura: SABERES
La Opinión de A Coruña
23 de Febrero de 2008

DESEOS CUMPLIDOS

ANA VEGA

Si vuelves te contaré el secreto
MÓNICA GUTIÉRREZ SANCHO
Caballo de Troya Barcelona, 2008 190 páginas


Un título tan sugerente como éste esconde tras sus páginas una bella
y desgarradora fábula, en la que hemos de enfrentarnos al peligro de los deseos que se cumplen y cómo lograr salir victoriosos, o sanos y salvos, al menos, del ansiado territorio —que todos consideramos virgen excepto en rostros y en vidas ajenas— de la felicidad. La cita inicial de Rainer María Rilke así lo advierte: “Qué tremenda desgracia nos aguarda para que hoy seamos tan felices”.

Un nuevo club abre sus puertas en una ciudad cualquiera, en una calle casi olvidada, pero con una extraña peculiaridad: se permite entrar a la sala tan sólo una vez. El club elige cuidadosamente a sus empleados, todos tienen algo en común: ésta es su última oportunidad de alcanzar su sueño. Una endiablada telaraña se oculta tras tanto misterio.

Mónica Gutiérrez Sancho elabora un relato a modo de pieza musical (cada capítulo viene precedido por una o más canciones e intérpretes determinados) con todo detalle; una melodía late bajo cada palabra desde el primer capítulo. Como confiesa ella misma en la introducción: “Hay gente a la que la persigue la buena suerte, / a otros, la mala; algunos parecen ser perseguidos por un color. / A esta historia desde la primera línea le persiguió la música”. La originalidad y la frescura con la que la autora escribe esta novela provoca la sorpresa constante del lector en cada página, con recursos narrativos del todo impredecibles y que consiguen atrapar su atención desde el principio hasta el final.
La naturalidad que vemos reflejada en sus palabras la delata como mujer amante de las historias, de las buenas historias.

La descripción es realista, neutral, cruda cuando ha de serlo: “Ella no quería ese beso, ni esa mano esquelética entrando por su falda, pero pensó que no había nacido con cara de señora y aceptó la delgada y recta boca de él”. Nos revela los secretos de cada personaje, sus sentimientos más ocultos, llevando a cabo un análisis brillante de los miedos, sueños y anhelos en los que todos podemos sentirnos identificados. Describe la “soledad de las mesas, de esas sillas aterrorizadas con los miembros del revés” y también la sensación que nos provoca la lluvia:
“Esa noche llovía. El agua caía desde algún lugar muy alto, para poder correr y dispersarse por la calle como unos manifestantes perseguidos”.

Utiliza una ironía muy personal y certera: “No lo entiendo. Y me llamaba sirena; ahora me hace sentir como una vulgar raspa de pescado”. Para ello se sirve de un lenguaje coloquial, que provoca una cercanía inmediata: “Hay gente a la que le persiguen los colores, a otros la mala suerte, a mí las historias y a mi marido la ignorancia”.

Mónica Gutiérrez Sancho se muestra lúcida, sus personajes reconocen con rotundidad lo que sienten, aquello en lo que nos reconocemos también nosotros: “La de señales que puedes conocer del otro, de lo más íntimas, y la poca intimidad que otorga entre dos personas una simple noche de sexo”.

A veces, los dioses, dicen, castigan nuestras plegarias al concedernos nuestros deseos. No hallaremos aquí moraleja alguna ni instrucciones de uso, tan sólo recordarnos que “el destino no nos pone las cosas tan fáciles: las señales también hay que ganárselas…”

7 comentarios:

J.P. dijo...

es tu amiga, me imagino.

Mónica dijo...

j.p. No es mi amiga. La imaginación, bendita sea en ocasiones que nos llena de fantasia, en otras como en tu caso te lleva a un craso error. No sé por qué tan mal café en un día tan religioso como hoy. Pero esto es la junga, supongo.

malvisto dijo...

Creo que debí haber sido en alguna vida Ana Vega: fue nada más el ver el nombre que escribe la reseña para que me sintiera con ánimo de leer. Es esta una reseña de las que me gustan, no sólo porque hable muy bien de tú libro, que eso está muy bien, porque es casi como hablar bien de mi: es esta una reseña que me gusta porque tanto habla, como aprende, y a la vez educa. Me parece lo mejor del mundo cuando eso pasa. Así que vale la pena, Mónica: vale la pena la lucha. Y ésta, como la de Antón Castro, sí es una reseña sobre el libro.
Y eso es lo que me gusta de escribir: que si es fuerte, aunque este fuerte no es de fuerza.... si es fuerte la escritura se defendera sola. Creo que vamos bien.

Besos con muchos abrazos:
- que conste que fue lo primero que leí hoy temprano.

andrés,

39escalones dijo...

Marguerite Duras y Paul Auster... No está mal, otra coincidencia (nada que ver con los Follet-ines). Merecidísma reseña, tu libro desprende magia y música.
Un abrazo.

Anónimo dijo...

Mónica, hay que felicitarte, la verdad estoy deseando leer el libro, a ver si cuando vuelva a casa me paso por una librería y lo compro. Luego espero una cíberdedicatoria :) :)

Un beso.

Sara

ElPoeta dijo...

Mónica, querida amiga, te felicito por tanta buena crítica... A ver si leo tu libro y puedo hacerte la mía particular, aunque estoy seguro de que me gustará. Un beso, guapa y felicidades,
V.

Anónimo dijo...

Bueno, bueno...vamos a tener que leer este libro. Pero ¡ya!.
Va a resultar que el "te leo y me gusta" no es solo mío.
Te felicito por hacer tan BIEN algo que a mi me gustaría poder hacer.
Te leo y me gusta.
Duncan.
(P.D.: ¿Qué tal si fundáramos el club de "Los que querríamos haber estado tomando una copa en la barra de Nighthawks"?)